Un ex dirigente de las juventudes del partido gobernante de Sudáfrica llamó este martes a una huelga nacional del sector minero, que se encuentra en conflicto por reclamos salariales desde hace más de un mes, en la peor ola de descontento social desde el fin del apartheid, hace 18 años.

Foto de archivo.

Fuente: Telam
El popular Julius Malema, de 31 años y ex líder de las juventudes del Congreso Nacional Africano (CNA), se dirigió ante unos 7.000 trabajadores de la mina de oro KDC, de la compañía sudafricana Gold Fields, el cuarto productor del mundo de este metal.

«Debe haber una huelga nacional en todas las minas. Deben suspender la producción hasta que los jefes vengan a nosotros», dijo Malema ante la multitud en proximidades de la mina, cerca de Johannesburgo, cuya producción se paralizó el domingo después de que 15.000 trabajadores abandonaron sus puestos.

Gold Field dijo este martes en un comunicado que la huelga es «ilegal» e «ilícita», pero aseguró que acepta reunirse con representantes de los mineros en los próximos días, informó la agencia de noticias DPA.

Malema fue expulsado de la presidencia de las juventudes del gobernante CNA en 2011, luego de ser condenado por la Justicia por incitación al odio y acusado por el partido de sembrar divisiones dentro de la agrupación del presidente Jacob Zuma.

El dirigente dijo que los mineros de toda Sudáfrica deberían negarse a trabajar hasta que les paguen un salario justo de 12.500 rands (1.524 dólares) por mes, el doble de lo que ganan ahora.

El descontento laboral en las minas de Sudáfrica, principal productor de platino del mundo, se extendió por todo el país en las últimas semanas.

El lunes comenzó una nueva huelga en Marikana de la que participaron 10.000 mineros de la mina de platino explotada por la empresa británica Lonmin, escenario hace un mes de la matanza de 34 mineros en una represión policial que sumió al país africano en la peor crisis social desde el fin del apartheid.

«Ningún gobierno debería disparar contra su propio pueblo», dijo Malema en alusión a los hecho ocurridos el 16 de agosto pasado.

En Implats, otra mina de platino, metal del que Sudáfrica es el principal exportador del mundo, más de 15.000 mineros exigen un aumento salarial del 10% aunque siguen trabajando.

Analistas destacan que este clima de tensión social responde a un descontento generalizado entre las clases bajas de Sudáfrica, ya que desde el fin del apartheid vieron cómo el crecimiento económico del país benefició especialmente a la minoría blanca y a la nueva élite negra en el poder, mientras que la mayoría de la población sigue viviendo en la pobreza.