Diagnosis de las luchas anti-mineras. Por: Sergio Tapia Tapia (*). Lo que viene sucediendo contra la minería, tiene mayor dimensión que lo percibido aparentemente en las últimas semanas. No se reduce a Conga, ni se limita al Departamento de Cajamarca. Es una praxis ideológica. Una agresión cuya logística y financiación proviene de redes en el exterior. Se ha asomado la punta del iceberg, pero hay que profundizar en las raíces de la anti-minería.

El soporte ideológico de la anti-minería

Los socialismos prohijados por el marxismo (leninismo, trotskismo, stalinismo, maoísmo, fascismo, nazismo, gramcismo, teología de la liberación, socialismo del siglo XXI, etc.), influyen en la emoción y motivan a la acción. El marxismo, ideología fría e inmisericorde, demanda ofrendar la vida (la de los propios comunistas y, también, la de sus víctimas). El endiosamiento de la «Revolución» (así, con «erre» mayúscula) siempre concluye en un holocausto. El socialismo marxista es un sentimiento que cunde por igual en individuos ilustrados como en las masas manipuladas. Es una ideología que embriaga, y que causa activismo febril.

La anti-minería es una excrecencia de los socialismos, incluso de sus corrientes pre-marxistas y hasta de los socialismos no-marxistas. Hay que recordar a Proudhon, quien en 1840 escribió «la propiedad es un robo» (ver: Qué es la propiedad. Investigaciones sobre el principio del derecho y del gobierno; Utopía Libertaria; Buenos Aires; 2005, pág. 17).

Para los socialismos marxistas, la confrontación anti-minera reviste mayor radicalidad, porque conceptúan que la propiedad privada de los medios de producción causa nociva dependencia humana, es alienante y enajenante. La propiedad, para el marxismo, significa un trastorno, una desposesión, una privación (ver: Carlos A. Sacheri; El Orden Natural; Lima, IDEPS, 1978, pág. 47).

No nos debe extrañar que todas las corrientes socialistas (el ONG del suspendido sacerdote Arana, el partido comunista Patria Roja, las insertas en el neo-nacionalismo humalista, los caviares, el resto de las ONG ideologizadas, el MRTA y hasta el PCP-Sendero Luminoso; así como los socialistas suizos y los escandinavos), concurran con sus acciones contra la minería peruana.

Por lo que aspirar a compartir una mesa de diálogo, con tales interlocutores, es una quimera.

Etapas de la evolución de la subversión contra la empresa.

Así como la familia es la célula básica de la sociedad política; la empresa es la célula básica de la economía.
La empresa es un objetivo a destruir por los socialismos marxistas, que suelen propiciar su acciones como actos de guerra (ver: Carl Schmitt: «Teoría del Partisano», 1962).

En los últimos cien años los socialismos han ensayado tres modalidades para promover conflictos revolucionarios, con las que directa e indirectamente se ha confrontado a las empresas, en particular a las mineras: (1) La lucha sindical, (2) la maniobra guerrillera-terrorista y (3) la manipulación revolucionaria de los derechos humanos y la ideología del ecologismo.

(1) La lucha sindical es la subversión al interior de la empresa (ver: Patric Jobbe-Duval; La Empresa Frente a la Subversión; IDEPS, Lima, 1981). No es mi intención comprometer ni confundir a la organización sindical en sí, la que no tiene nada que ver con el marxismo, a la que siempre he defendido y promovido. Me refiero al «sindicato como instrumento revolucionario», con el cual el marxismo produce la confrontación social, la quiebra económica y la toma del poder político de la sociedad. Se inspira en el viejo modelo del soviet. Mediante esta lucha sindical revolucionaria, se han afectado a las empresas en general y a las actividades mineras en particular.

(2) La maniobra guerrillera-terrorista es la guerra revolucionaria, producto de una mutación subversiva. El sindicalismo revolucionario se transforma para dar paso a la violencia armada. Esta modalidad no se da al interior de la empresa, es un factor externo de la empresa, pero que la afecta de manera letal, incluso es de mortal amenaza para la persona del empresario.

El Che Guevara decía que «el guerrillero es el jesuita de la guerra». En el Perú la arremetida guerrillero-terrorista ha sido insistente, constante, sistemática e incansable. Se pueden distinguir dos etapas modélicas: las guerrillas de 1963-1965 y el terrorismo de los años ochenta.

Las guerrillas de 1963-1965, en su mayoría propiciadas por Fidel Castro, salvo una motivada por el trotskismo argentino; terminaron en estridente fracaso. La indiferencia del pueblo, a quien decían representar, los hizo sucumbir. Las actividades mineras no fueron sobreexpuestas, porque la población-objetivo prioritaria de los guerrilleros fue el campesinado. Pero, si estas guerrillas de los sesenta hubieran avanzado a las siguientes fases que tenían previstas, sí habrían afectado severamente a la minería.

El terrorismo de los años ochenta, fue el intento comunista para la conquista brutal y salvaje del país. El Perú fue desangrado, todos los sectores del país (sociales, culturales, económicos y políticos) lloraron deudos. Fue muy alta la mortandad que produjeron los comunistas. Entre los sectores enlutados, estuvo el empresariado peruano. Entre sus víctimas fue conmovedor el secuestro y asesinato del empresario minero David Ballón Vera. El MRTA lo secuestró el 11 de setiembre de 1992 y cobró el cupo de rescate, pero lo maltrató y torturó durante cinco largos meses; sus restos los arrojaron en una calle de San Miguel, abaleado y reducido a 40 kilos de peso; lo asesinaron el 23 de febrero de 1993. El líder secuestrador y asesino, un chileno, mereció años después una sentencia de reparaciones morales y económicas a cargo del Estado peruano, impuesta por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, gracias al lobby de nuestros ONG.

Las operaciones mineras fueron agudamente afectadas durante los quince años de terrorismo comunista, por el colapso del sistema eléctrico nacional y la inseguridad del sistema vial debido al constante acecho de las bandas armadas comunistas.

(3) La manipulación revolucionaria de los derechos humanos y la ideología del ecologismo. Esta es la actual encrucijada que atraviesa la minería. Se realiza desde fuera de la empresa e incluso desde el Estado, y también se potencian sus fortalezas y oportunidades desde el interior de la empresa, cuando ésta incurre en ciertos errores y en deserciones.

Los derechos humanos contra la minería tienen por objeto culpar a los empresarios mineros como autores de crímenes de lesa humanidad. Con tal fin ya está en marcha la campaña mundial de modificación del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, para incluir el daño ambiental como crimen de lesa humanidad, con la intención de juzgarlos ante cualquier juez del mundo y perseguirlos de manera imprescriptible.

El ecologismo, es el reduccionismo ideológico marxista de la ecología, que la deforma. El objetivo del ecologismo es desprestigiar a las mineras. Porque la reputación empresarial es vital para la práctica de los negocios y para la permanencia de la empresa en una vecindad (ver: Donald G. Krause; El arte de la guerra para ejecutivos. El texto clásico de Sun Tzu adaptado al mundo de hoy; Madrid, EDAF, 1997, págs. 101 a 104).

La modalidad actual del marxismo es estratégicamente gramsciana. Para los marxistas ya no es indispensable conquistar el poder político para después realizar la estatización de los medios de producción y la desaparición de la propiedad privada. Esto lo pueden obtener, también, sin conquistar el poder, desde la revolución de la cultura (interpretación revolucionaria del Evangelio, trastrocamiento de la justicia y del derecho, ideologización de la educación, manipulación de la prensa, etc.).

Para crear conciencia anti-minera sirve la novela indigenista, influenciada por la corriente del «realismo socialista». Son instrumentos que permiten sembrar el mensaje idealista del cuento o novela, en sustitución de la percepción veraz de la realidad. Se puede promover con novelas como «Aves sin nido» (1889) de Clorinda Matto de Turner, «Tungsteno» (1931) de César Vallejo, «El mundo es ancho y ajeno» (1941) de Ciro Alegría y «Todas las sangres» (1964) de José María Arguedas.

Desde la cultura los marxistas nos confrontan en dos frentes que manejan con suma profesionalidad manipuladora: los Derechos Humanos y el Ecologismo.
Esta es la etapa de los ONG y el caviar, sustitutos publicitarios del sindicato y el líder sindical, como de la guerrilla y la pose (fusil al hombro) del «Che» Guevara.
La combinación de todas las formas de lucha.

Sin embargo, no hay que creer que la acción revolucionaria sindical es cosa del pasado, ó que ya no habrá más guerrilla ni terrorismo. No. No sólo estaremos rodeados de caviares. Porque el Socialismo del Siglo XXI, desde el Foro de Sao Paulo, promueve «La combinación de todas las formas de lucha».

Para enfrentar esta compleja y múltiple agresión, no sólo hay un papel a desempeñar por la empresa minera. Por su propio interés y sobrevivencia, es indispensable que haga esfuerzos para adecuar y transformar sus planes e inversiones en la denominada responsabilidad social empresarial.

Pero, no es suficiente ese papel por parte de la empresa minera; hay también un rol insustituible del Estado. La autoridad no puede abdicar en su obligación de protector del bien común, que es paz y seguridad para el correcto ejercicio de nuestros derechos y deberes.

(*) Director Jurídico de UnoAmérica  E-mail: tapiatapiasergio@gmail.com Blog: http://sergiotapiatapia.blogspot.com/