Según un reportaje del New York Times, Yanacocha celebró el 2005 su barra de oro número diecinueve millones. Cada barra pesa doce kilos y vale unos ciento ochenta mil dólares. Si para entonces Yanacocha ya tenía operando doce años seguidos, tenemos que en ese periodo la mina de la Newmont sacó por año, un millón y medio de barras de oro del suelo de Cajamarca. Si la producción de Yanacocha se ha mantenido desde entonces, para este año ya se han extraído veintiocho millones de barras de oro.

 

 

El Perú tiene unos veintiocho millones de habitantes y también una empresa minera que ha sacado hasta el día de hoy veintiocho millones de barras de oro. Podríamos decir que cada peruano nace con un lingote de oro bajo el brazo. Y eso si consideramos solo lo que extrae Yanacocha.

Cuando un grupo de indignados campesinos bloquean una carretera porque los señores de la mina los tratan mal, las autoridades no les hacen caso, ven como sus paisajes se deterioran sin tener una respuesta ante esa tragedia y, por fin, se hartan de ser siempre abusados e ignorados; la reacción de la prensa de Lima es que no se puede ceder al chantaje de los indignados «radicales antimineros». La reacción de las autoridades es igual a la de la prensa, y si alguna autoridad siente aunque sea un poco de empatía con los «radicales antimineros» es prácticamente demolida por la prensa. Y así se maneja el «sentido común» de que todos los que se oponen a la minería son «radicales», «comunistas», «egoístas que persiguen intereses particulares», «malos elementos que están contra el desarrollo del país», «terroristas» o simplemente «radicales antimineros» que es un término que engloba todos. Y claro con esa gente no se puede hablar, porque desde la «lógica» de statu quo eso es ceder a quienes quieren destruirnos.

Entonces los señores de la mina son los buenos y los que se oponen a ellos son los malos. Por eso los señores de la mina pueden amenazar con denunciar al Estado Peruano ante el CIADI y a nadie en su sano juicio se le ocurre decir que no hay que ceder al chantaje de los señores de la mina. Es obvio que eso no es chantaje, porque los buenos son los de la mina y los malos son los que no quieren la mina.

La gente siente que eligió a alguien que no los representa, porque siempre que la gente necesite ser defendida del poder de alguna transnacional, pasarán a ser los villanos de la historia y perderán inmediatamente cualquier derecho de representación. ¿Quién elige al gobierno? ¿Los señores de la mina o los peruanos? Parece que eso del Estado democrático es tan falso como que el subsuelo es de todos los peruanos.

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