La minería ya consume más energía eléctrica que todos los hogares de Perú. Demanda 11 veces más electricidad por hora trabajada que todos los sectores de la industria y la construcción sumados. También deja en evidencia que existe un enorme subsidio energético hacia los extractivismos en Perú. El futuro inmediato es de conflictos con otros sectores productivos y los hogares en el acceso a la energía eléctrica.

Por Eduardo Gudynas publicado en La Mula

Se acaba de difundir un detallado estudio sobre el consumo de energía eléctrica de la minería peruana con resultados alarmantes. Desde el punto de vista absoluto, la minería es el segundo sector en consumir electricidad en el país. Pero cuando se lo analiza en proporción a las horas de trabajo, salta al primer lugar. Es más, la minería consume 11 veces más energía por hora trabajada que la suma de los sectores industriales y construcción. Por lo tanto, el país no sólo está exportando minerales sino que en ellos también hay un enorme gasto energético.

Si continúan las mismas políticas de promoción minera, se estima que hacia el año 2020 toda la nueva energía eléctrica que se sumará terminará en la extracción minera. Está en marcha un claro conflicto con el acceso a la energía con otros rubros productivos y los sectores populares.

El metabolismo energético peruano

El estudio sobre los flujos de energía y la minería peruana fue realizado por José Carlos Silva Macher, y acaba de editarse, en inglés, en el Journal of Industrial Ecology (1). El reporte fue difundido por el grupo de economía ecológica de la Universidad de Barcelona, donde enseña el respetado Joan Martínez Alier.

El análisis parte de preguntarse cuál sería las implicaciones que la promoción gubernamental de la minería impondría sobre el acceso a la energía eléctrica. Con ese fin se recopilaron datos tanto de la producción como el consumo de energía en distintos sectores productivos (como agricultura, minería, construcción e industria, hogares, etc.). Se describe la situación entre los años 2000 a 2010, y luego se generaron predicciones hasta el año 2020.

Este ejercicio apela a modelos de análisis sobre el metabolismo de las sociedades (su herramienta es el Multi-scale Integrated Analysis of Societal and Ecosystems Metabolism). No estamos frente a un fantasioso ejercicio académico, sino que este análisis es parte de los nuevos modos de evaluar el uso de la energía y recursos naturales de forma mucho más objetiva y certera a como los viene haciendo la economía clásica. Recordemos que la economía convencional prestará atención a los flujos de dinero, mientras que estos nuevos análisis sobre metabolismo entre la sociedad y la naturaleza son mucho más abarcadores. Consideran, por ejemplo, la energía medida en unidades propias de la energía y no en dinero, y cuál es la intensidad en su uso en distintos sectores de las economías nacionales, apelando a indicadores como la energía utilizada en cada hora de trabajo.

Tengamos presente que Perú ha ampliado sus fuentes de energía y su consumo, y que los recientes gobiernos han llevado adelante varias inversiones. De todos modos, a escala internacional, el país tiene un “metabolismo energético” bajo. El promedio es que se consumen 3,10 Mega Joules por hora a nivel de todos los habitantes del país, en 2010. El estudio indica que, España consume 12,30 MJ/hora, mientras que Estados Unidos está en el nivel de 38,8 MJ/hora. Tengamos presente que el Joule es la unidad de energía; un Joule es la energía eléctrica requerida para mantener encendida una lámpara LED de 1 watt por un segundo.

El gran consumo energético de la minería

Si bien el consumo energético peruano es bajo desde una perspectiva global, al observarlo su composición interna queda en claro que está distorsionado. El gas natural se ha convertido en el insumo privilegiado para la generación eléctrica, pero el segundo principal destino de la electricidad generada está en la minería. Por un lado se observa un enorme consumo desde los extractivismos, y por otro lado persisten los problemas de acceso a la energía para los sectores populares.

Para los interesados en los detalles, las fuentes energéticas de Perú en 2010 fueron un total de 260,9 Peta Joules (Peta Joules corresponde a la unidad seguida por quince ceros). De ese total, 124,3 PJ fueron aportados por el gas natural (o sea, casi la mitad).

En el uso final, el principal consumo ocurre en los sectores de la industria y construcción (31,6 PJ), pero le siguen de cerca la minería (28.9 PJ), la que aumentó un 86% entre 2000 a 2010. La minería ya consume más energía eléctrica que todos los hogares del Perú.

Este consumo de electricidad desde la minería es fenomenal, y su escala queda en evidencia cuando se usan indicadores proporcionales y se lo compara contra otros sectores. La minera utiliza 61,55 MegaJoules por hora de trabajo. En cambio, la industria y la construcción requieren de 5,40 MJ por hora de trabajo. La diferencia es impactante: la minería consume 11 veces más energía que el sector manufacturero. Y recordemos que la industria y la construcción tienen una demanda de empleo mucho más grande que los extractivismos.

Entonces, cuando Perú exporta sus minerales se puede afirmar que también está vendiendo energía; cada tonelada de mineral lleva embebida en ella un gasto energético fenomenal.

Como Perú tiene un stock limitado de gas natural, las necesidades de electricidad para las mineras plantea restricciones o competencia con otros sectores. Dicho de otra manera, como el gobierno prioriza la minería, eso llevaría a que se recortara o atrasara el acceso a electricidad para otras actividades productivas, por ejemplo industriales, y otros usos, como en los hogares.

José C. Silva Macher, el autor del análisis, también extrapola las tendencias de consumo del 2000 al 2010 hasta el año 2020, se encuentran con la grave situación que casi toda la energía eléctrica que pueda generarse terminará siendo consumida por las mineras. Es más, esa aspiradora energética minera puede poner en jaque el acceso a la electricidad de la población.

Las consecuencias entre el uso de energía entre sectores mineros y no mineros son obvias: Podría acentuarse la necesidad de importar energía, y seguramente se reforzaría la búsqueda de otras fuentes, como es la exploración petrolera en la Amazonia o reactivar proyectos hidroeléctricos de gran escala. Todos sabemos los impactos sociales, territoriales, ambientales y económicos de ese tipo de iniciativas.

La cara energética del postextractivismo

A la multiplicidad de argumentos para comenzar una estrategia que no dependa obsesivamente de los extractivismos, se suman ahora estas advertencias energéticas. Recordando conocidos slogans como “el agua o el oro”, se podría hablar ahora de “la electricidad o el oro”.

El postextractivismo apela a estos estudios para dejar en evidencia este problema, y abre las puertas a un análisis cuidadoso. Esto no es un planteo contra el acceso a la energía eléctrica, sino la necesidad de sopesar detenidamente donde se pondrán las prioridades en generarla y en consumirla: ¿en la minería o en la industria? ¿en la minería o en los hogares? También deja en evidencia que existe un enorme subsidio energético hacia los extractivismos en Perú.

Para poner en evidencia estos problemas y poder analizarlos adecuadamente hacen faltan estudios de nuevo tipo, como el que aquí se comenta, que muestren cómo fluyen los recursos naturales, la energía y el agua en nuestras sociedades. O sea, una mirada ecológica.

Notas

1. A Metabolic Profile of Peru: An Application of Multi-Scale Integrated Analysis of Societal and Ecosystem Metabolism (MuSIASEM) to the Mining Sector’s Exosomatic Energy Flows, por José Carlos Silva Macher, Industrial Ecology Vol 20, número 5, 2016 – (en inglés) http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/jiec.12337/full