lunes 11 de abril de 2011 CARTA ABIERTA A LA SOCIEDAD COLOMBIANA DE GEOLOGÍA– El conocimiento geológico es una casi infinita fuente de insumos para diferentes sectores económicos, para políticas públicas, para el entendimiento de la vida y para la comprensión de procesos planetarios y del universo.

No obstante lo anterior, el ejercicio de la geología en Colombia ha tenido la impronta de su casi exclusivo servicio al sector de los hidrocarburos y en la última década a la minería; ello no es extraño ni debe sorprendernos cuando buena parte de la economía estatal depende del petróleo y que ahora se le apuesta a la minería como jalonador de desarrollo, discusión actual, candente y que está en el centro del debate público en el país y en el subcontinente.

Lo que no parece adecuado es que en la hora difícil que vive el país, la geología se encuentre casi ausente: no aparecen los representantes de las sociedades gremiales, ni académicas ni geólogos que ayuden a delinear políticas públicas, tampoco aparecen en los medios de comunicación para dar herramientas a los comunicadores ni para establecer nuestra disciplina como básica en el ordenamiento de los territorios colombianos.

No estuvimos presentes cuando en la Norma de Sismo Resistencia, modificada en 2010, los estudios de tectónica y sismogeneración vuelven a echarse de menos en los análisis técnicos de carácter obligatorio. Algunos directivos de las hoy cuestionadas Corporaciones Autónomas Regionales expresan que la oferta de geólogos para el trabajo de control y seguimiento ambiental a los diversos sectores es inexistente. Cosas del mercado dirán algunos, pero me permito sugerir que hay pendiente una profunda reflexión sobre qué tipo de geólogos estamos formando hoy en las escuelas colombianas.

Durante mi paso por la Universidad, se me dijo semestre a semestre que mi destino laboral estaba en los petróleos o la minería. Es cierto que las preocupaciones ambientales apenas despuntaban y que nuestra Constitución de 1991, ya inmersa en una visión biocéntrica del mundo fue establecida apenas dos años antes de mi graduación, pero los problemas de inundaciones, avenidas torrenciales, deslizamientos y sismos, habían sido motivo de movilizaciones estudiantiles en solidaridad con población afectada. Además, apenas tres años antes de comenzar mi carrera habíamos tenido el dramático episodio de Armero.

Todos estos problemas no llevaron a ese replanteamiento profundo de una carrera que debe ser fundamentalmente generadora de conocimiento para la toma de decisiones de ordenamiento territorial en uno de los países con mayor cantidad de deslizamientos por área en el mundo. No han llevado siquiera a que haya un cambio de pensum donde se privilegie la geología como base de la ingeniería geotécnica o la hidráulica fluvial. No han llevado a buscar espacios académicos para que los estudiantes se piensen como aportantes en temas relacionados con el estudio del cambio climático. No sé si esta botella al agua sea únicamente para las Universidades públicas, que se deben a la sociedad en su conjunto, pero que producen geólogos cuya quimera es hacer parte del contingente técnico que entrega su conocimiento para la extracción.

Muchos años después de mi paso por la Universidad como estudiante, durante una sustentación de trabajo de grado donde se presentaba un magnífico modelamiento de un acuífero, su génesis, la maravillosa calidad de sus aguas, todo ello con el fin de ser inyectado y contaminado para recuperación secundaria de petróleo, una joven estudiante preguntó por las implicaciones ambientales de esta investigación, a lo cual un profesor respondió que no era una pregunta pertinente. Ojalá ese profesor esté leyendo esta carta abierta porque yo le vuelvo a preguntar en medio de este desastre y de las apuestas económicas del gobierno actual ¿no le parece que esta es la pregunta más pertinente que usted haya escuchado? ¿no es pertinente preguntarse por la calidad de las aguas que pueden ser dañadas de manera irremediable? ¿no es pertinente preguntarse por quién y para qué se usa el conocimiento de los estudiantes?

No sé si todas las universidades con carrera de Geología o Ingeniería Geológica tienen al final del proceso curricular una asignatura que consiste en un largo trabajo de campo, donde el grupo de último semestre adelanta procesos de reconocimiento y cartografía geológica; la Universidad Nacional lo tiene, pero el conocimiento generado, que yo sepa, nunca ha sido en función de las necesidades de un municipio o un departamento con zonas de amenaza socio-natural en donde el conocimiento geológico es fundamental.

Creen los colegas que acercar la academia a la industria es más importante que acercar la academia a las necesidades de la Nación. Ello cobra una máxima relevancia en el momento de reflexión que vive el país: dos millones de damnificados por la ola invernal y la urgente necesidad de replantear el ordenamiento territorial con una base científica que casi nadie más que los geólogos puede determinar; geólogos que suministren los indispensables insumos para los modelamientos geotécnicos ahora que es necesario reconstruir la malla vial nacional; geólogos que definan zonas de recarga de acuíferos con el fin de proteger estas zonas como nuestra ley lo determina; geólogos que aporten con sus conocimientos de palinología y micropaleontología en la determinación de la variabilidad climática con el fin de mejorar los modelos de cambio climático a futuro; geólogos que entiendan las fracturas y los procesos esfuerzo-deformación tectónica para alimentar las microzonificaciones sísmicas de las ciudades colombianas; geólogos que contribuyan a definir zonas contaminadas por procesos industriales, con lo cual vuelvo a insumos para el ordenamiento territorial y las políticas públicas.

Y si bien es cierto que tenemos las bases conceptuales para abordar temas diferentes a los extractivos (en particular petróleos y minería), también es evidente que la geología ambiental, la geología para ingeniería, la hidrogeología, la palinología y paleontología del cuaternario, la geomorfología se encuentran muy débiles. Son tomadas como accesorios y basta ver cuántas asignaturas se ofrecen en la línea de profundización de los petróleos o la minería y compararlas con cualquier otra línea de profundización para que salga a flote la marcada tendencia extractivista de nuestras escuelas. Es muy triste que el 21 de diciembre, en plena tragedia por deslizamientos en Santander, el Ingeominas esté solicitando geólogos, pero no para responder al desastre, sino para «trabajar en exploración de recursos minerales en el Departamento de Santander durante 2011″… ¿son estas las priorizaciones?

No quiero regresar al debate ya planteado de si son imposiciones de un modelo global, pero si reafirmar la falta de una mirada estratégica e integral de quienes plantean los pensum, que no direccionan la formación de profesionales que puedan devolver conocimiento a una sociedad, sino que les formamos excelentes técnicos a las empresas, en general de capital extranjero.

Propongo la obligatoriedad de que el último campo se convierta en geología para la definición de amenazas (remoción en masa, inundaciones, sismicidad) con base en cartografía geológica detallada en vez de seguir generando conocimiento para la toma de decisiones de las empresas privadas.
Propongo la creación de líneas de profundización en ambiental, geomorfología (tectónica, glaciar, fluvial, de ladera), sismogeneración, vulcanismo, geoquímica (no solamente para minería y petróleo) y en geotecnia (urgente en el país). Las escuelas de geología deben sentirse responsables de la falta de incidencia en las políticas públicas y en la falta de conocimiento que llevan a escuchar y a leer, día a día, que una carretera se hunde porque hay fallas geológicas. Las políticas públicas en ambiental, ordenamiento territorial, minería y petróleos necesitan geólogos que sustenten técnicamente cuál es la mejor opción para la sociedad en su conjunto.

Hay dos millones de colombianos que nunca han oído hablar de geología y hay cerca de 3000 geólogos que no oyen, ni ven ni sienten a esos dos millones de colombianos, o que jamás se han preguntado si esos colombianos pudieron haberlos necesitado, no solamente para dar alguna donación, sino para devolver en algo más importante que el dinero, lo que cada colombiano aportó en su formación profesional: su conocimiento.

Con preocupación, Julio Fierro Morales, Geólogo U.N.