La fruticultura rionegrina se encuentra, nos guste o no, ante una encrucijada entre dos modelos de producción que resultan a toda vista contradictorios. Ambos tienen en común que requieren del usufructo de la tierra y el agua para producir. Uno es la fruticultura, con una tradición de casi cien años en los cuales se concretaron canales de riego, rutas, caminos y que ha podido sostener una producción de frutas con reconocimiento en varios países del mundo. El otro es el modelo de la explotación del petróleo y gas no convencional, que emerge recientemente en el país a contramano de las tendencias en varios países europeos y con una gran resistencia popular local debido a las consecuencias ambientales del fracking o fractura hidráulica, la metodología usada para la extracción de los hidrocarburos.

Por Magdalena Odarda (*) publicado en Rio Negro
La extracción de éstos por «fractura hidráulica» requiere de una perforación vertical en la tierra de más de 3.000 metros hasta llegar a la roca y una perforación horizontal con el objetivo de aprovechar el gas y petróleo atrapado en ella. Algunos países «están de vuelta» en este tipo de tecnología porque ha provocado la contaminación del agua, del aire y la pérdida de producciones, por ejemplo en algunos lugares en Estados Unidos. Las reacciones se han hecho escuchar y varios estudios y denuncias evidencian los perjuicios de esta actividad incompatible con otros usos de la tierra, y por ello se han dictado moratorias y prohibiciones en más de 17 países y ordenanzas en más de 40 municipios de nuestro país que dijeron no al fracking, No a la explotación de los hidrocarburos no convencionales. Sin embargo, éste es el modelo que se ha puesto en práctica entre las chacras de manzanas y peras de la ciudad de Allen, en Río Negro, y los territorios que están en Vaca Muerta, Neuquén.

Puede suponerse que el escaso valor de la fruta y el alto costo para mantener las producciones, junto con otros factores, desencadenaron la crisis frutícola y ello dio lugar a la explotación petrolera entre los frutales; pero en realidad los gobiernos nacional y provincial dejaron sin protección alguna a los productores pequeños y medianos durante años, siendo ahora los promotores de este nuevo negocio extractivista que promete ser una burbuja especulativa de corto plazo con pasivos irremediables.

El gobierno provincial promueve la instalación de las empresas, y junto con éstas prometen controles ambientales y responsabilidad empresaria. Claro, ¿qué otra cosa pueden prometer los representantes de las empresas petroleras más que garantías ambientales y explicaciones bonitas de nuevas tecnologías a usar? Transnacionales o nacionales, nunca reconocerían la afectación ambiental que podría hacer tambalear el sistema de producción frutihortícola.

Los productores rionegrinos deben cumplir con parámetros de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y protocolos alimentarios que están dirigidos a minimizar los riesgos de contaminación de los alimentos garantizando su inocuidad. A dichos protocolos o normas, además, se les introducen especificaciones con el fin de preservar el ambiente y la seguridad sanitaria de los trabajadores rurales.

Las certificaciones de BPA permiten al productor diferenciar su producto de los demás oferentes y ser competitivo ante los mercados exigentes en calidad, ya sean internos o externos.

Existen dos protocolos importantes. El protocolo EurepGAP, desarrollado por un ente privado, cuya importancia radica en los aspectos relativos a los peligros fitosanitarios. El otro, relacionado con la normativa de los Estados Unidos (Usgap), es una guía para reducir al mínimo el riesgo microbiano de los alimentos.

A nivel internacional el protocolo EurepGAP es la certificación de BPA para frutas, vegetales y hortalizas más demandada por parte del mercado europeo (1997). Se trata de una certificación internacional. Los objetivos de este protocolo son acrecentar la confianza del consumidor en la calidad y seguridad de los alimentos, minimizar los impactos ambientales, racionalizar y reducir el uso de agroquímicos, optimizar la utilización de los recursos naturales (principalmente agua y suelo). Otro protocolo exigido por los mercados es el Nature’s Choice, relacionado con el mercado del Reino Unido y con el Supermercado Tesco. Este protocolo da mayor importancia a la protección ambiental: el uso racional de productos fitosanitarios y fertilizantes; la prevención de la contaminación; la protección de la salud humana; el uso eficaz de la energía, el agua y otros recursos naturales; el reciclaje y la reutilización de materiales, y, por último, la conservación y mejora del paisaje, la flora y la fauna.

Ante las exigencias de los mercados que compran la fruta rionegrina, el gobierno deberá definir el futuro de las tierras irrigadas del Alto Valle. La nueva fiebre de la explotación de hidrocarburos no convencionales tarde o temprano mostrará que los dos modelos no pueden convivir en el mismo territorio.

¿Cómo se podrá garantizar a los mercados condiciones ambientales seguras para producir? Las explosiones, venteos e incendios en los pozos ya han sembrado alarma en la población allense en los últimos meses.

Y ante la situación que plantea el fracking en otros países, me pregunto: ¿Río Negro seguirá los pasos equivocados de quienes antes apostaron a esta industria extractiva y ahora plantean ponerle freno?

(*) Senadora nacional por Río Negro