En los últimos años la industria de las represas se ha debilitado. En este mismo lapso algunos de los nombres más populares en el ámbito de la construcción de represas desaparecieron, se vendieron o se fusionaron con otros grupos. ABB, que solía ser uno de los más grandes proveedores de generadores hidroeléctricos, anunció en 2000 que detendría la producción de grandes turbinas y generadores convencionales y se dedicaría a la producción de sistemas de energía descentralizados renovables y de pequeña escala.

Por Patrick McCully *
En los últimos años se han registrado importantes avances en la energía solar, eólica y en las células de combustible, con precios mucho más bajos y con mayor confiabilidad y eficiencia. Estas energías renovables y otras tecnologías de energía eficientes de pequeña escala –tales como las microturbinas a gas- se combinan con los avances en la transmisión y suministro de electricidad para vencer a las viejas economías de escala, que sólo favorecían a las grandes represas y a otras grandes plantas de energía.

El sector hídrico no ha sido ajeno a estos cambios. El pésimo rendimiento técnico y económico de los canales de riego y de las grandes represas es cada vez más obvia. Las nuevas inversiones públicas en regadío –casi no existen fondos privados para los grandes proyectos en este tema- se concentran cada vez más en tratar de hacer que los sistemas existentes trabajen mejor en lugar de construir nuevos y costosos proyectos. Existe también un creciente reconocimiento por parte del sector agrícola mundial sobre la importancia de desviar inversiones de los grandes proyectos de riego, que anteriormente absorbían el mayor volumen de gastos agrícolas en todo el mundo, hacia un área mucho más amplia de tierras de cultivo que dependa de las precipitaciones y de la irrigación a pequeña escala.

Esta situación se ve acompañada por un creciente reconocimiento de las técnicas relativamente simples, accesibles y de enorme potencial del cultivo por precipitación, que recolectan agua de lluvia en pequeñas represas y terraplenes. La gran virtud de estas técnicas radica en que los niveles de agua subterránea, que disminuyen rápidamente en muchas partes del mundo, pueden recargarse. Asegurar la sustentabilidad y la calidad del suministro de agua subterránea a largo plazo, tal vez represente el mayor desafío que el sector agrícola deba enfrentar en las próximas décadas.

Las posturas en cuanto al suministro de agua para las áreas urbanas también están cambiando gradualmente: ahora se busca reducir las pérdidas y perfeccionar los suministros existentes antes de construir nuevas represas, tuberías y estaciones de bombeo. Tal como ocurre con la agricultura, los métodos a pequeña escala para captar agua de lluvia se vuelven a adoptar y promover para el suministro doméstico. Todavía existe una inmensa demanda insatisfecha de agua potable; frecuentemente se menciona una cifra que sobrepasa los 1.000 millones de personas, es decir, 1 de cada 6 en todo el mundo no tiene acceso a este recurso básico. Pero no se trata de construir nuevas represas para suministrar agua a esta gente, las cantidades necesarias representan sólo una pequeña porción del agua utilizada por la agricultura y la industria, se trata más bien de voluntad política, de distribución equitativa y del desarrollo de estrategias institucionales, económicas y de administración adecuadas.

* Tìtulo original: «Ríos Silenciados: Ecología y política de las grandes represas»