Aguas residuales de color mostaza mezcladas con metales pesados siguen vertiéndose en un río desde una mina abandonada en el suroeste de Colorado a un ritmo de unos 2.000 litros (550 galones) por minuto, según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), que causó el derrame.

Fuente: El Nuevo Herald
Aproximadamente 3.785.300 litros (un millón de galones) de aguas residuales de la Mina Gold King de Colorado empezaron a filtrarse al Río Animas el miércoles, cuando una cuadrilla de limpieza supervisada por la EPA accidentalmente rompió un dique de escombros que se había formado en el interior de la mina.

El ritmo de la descarga bajó el sábado en comparación con los 2.800 litros (740 galones) por minuto del viernes. Sin embargo, tres días después del enorme derrame, la agencia dijo desconocer cuáles serán las posibles consecuencias para la salud y el medio ambiente.

La agencia expresó confianza en que para el sábado en la noche o el domingo en la mañana a más tardar tenga listo mediante análisis la lista de contaminantes, entre los cuales se encuentran plomo y arsénico.

“Hacemos todo lo posible por conseguir esa información”, afirmó. “Sabemos la importancia que tiene difundirla entre la gente”.

Por su parte, la EPA terminó la construcción de dos estanques de contención para tratar las aguas residuales amarillentas. Sin embargo, los estanques tienen como propósito atender de inmediato el derrame en tanto que podrían tardar bastante las acciones de limpieza. McGrath no precisó si serían días o semanas.

“Se trata de consecuencias de largo plazo. El sedimento, los metales contenidos en el sedimento se precipitarán en el fondo del arroyo”, dijo. “Cuando tengamos crecidas por tormentas, cuando tengamos inundaciones, ese sedimento puede y posiblemente regresaría arriba en el agua. Tendremos que hacer vigilancia permanente”.

La mina ha estado inactiva desde 1923.

El derrame llegó a las ciudades Aztec el viernes por la noche, y Farmington el sábado por la mañana, ambas en el norte de Nuevo México. Funcionarios de gobiernos locales en Nuevo México y Colorado han arremetido contra la EPA, criticando que no hayan alertado a sus comunidades justo después del derrame y que la agencia se ha tardado en dar respuesta a sus dudas.