Actualmente el territorio concesionado para proyectos mineros en Nicaragua corresponde a alrededor del 11% del territorio nacional. Uno de los territorios donde se está librando una de las mayores resistencias es el municipio de Rancho Grande, en el departamento de Matagalpa.

Por Alexander Panez Pinto para El Ciudadano
Nicaragua, mítica para la izquierda por la lucha de Sandino contra la ocupación estadounidense en la década de los treinta y por la Revolución Popular Sandinista de finales de los años setenta, que lograría el derrocamiento de la dictadura de la familia Somoza que gobernó el país por más de 45 años.

El gobierno Sandinista, teniendo que enfrentar una dura oposición militar y económica de Estados Unidos y la oligarquía nacional, desplegó programa basado en el pluripartidismo, la economía mixta y el no alineamiento internacional, buscando consolidar un Estado nacional democrático con fuerte contenido social que nunca había existido en el país.

Sin embargo, la derrota electoral de los Sandinistas en 1990, implicó que el pueblo nicaragüense tuviera que soportar tres gobiernos de derecha (algunos con descarados componentes de corrupción como el periodo de Arnoldo Alemán) que comenzaron a implementar las políticas neoliberales en boga por esos días en la región, buscando además desterrar los logros alcanzados por la revolución.

Luego de esto, un «renovado» partido Sandinista ha vuelto al poder desde el año 2006 encabezado por uno de sus líderes históricos Daniel Ortega, el que llegó con la promesa de fortalecer la unidad nacional y corregir el rumbo de miseria y desigualdad que azota al país. No obstante, el país no ha estado exento del despojo vivido en la actualidad en la mayoría de los países de América Latina. Uno de los ámbitos donde se puede apreciar la práctica de desposesión es en la actividad minera.

OLEADA DE MINERAS

La minería es un tema antiguo en Nicaragua, donde en muchas comunidades trabajadores históricamente se dedicaron a la minería artesanal. Sin embargo, al igual que en otros países, se experimenta una nueva oleada de explotación minera a gran escala debido al alza de los metales dentro de la especulación de los mercados internacionales y el crecimiento depredador de las principales potencias.

Actualmente el territorio concesionado para proyectos mineros en Nicaragua corresponde a alrededor del 11% del territorio nacional, donde los ingresos por las exportaciones de oro en bruto en el año 2012 alcanzaron los US$431.9 millones, cantidad superior en 18.6% a los obtenidos en el 2011, cuando aportaron US$364.1 millones.

Este avance minero inicialmente no tuvo una oposición organizada por las comunidades afectadas por el proyecto. No obstante, a partir de las experiencias padecidas por territorios afectados por proyectos mineros, donde se evidencia el deterioro en la salud de la población local, la escasez y contaminación del agua (debido a las gigantescas cantidades de agua utilizadas en el proceso de lixiviación con cianuro que permite separar el metales del resto de la composición mineral), la destrucción generalizada del territorio y donde las condiciones económicas de las familias no han mejorado sustancialmente. Frente a esto, los nuevos proyectos mineros han encontrado mayor resistencia de la población local. Uno de los territorios donde se está librando una de las mayores resistencias es el municipio de Rancho Grande, en el departamento de Matagalpa.

EL PAVÓN Y RANCHO GRANDE

Rancho Grande es un pequeño municipio donde viven aproximadamente 35.000 habitantes, cuya principal fuente de sustento es la agricultura (cacao, café y granos básicos como el frijol) y donde se pretende instalar el proyecto El Pavón para la extracción de oro por parte de la empresa canadiense B2Gold (una empresa canadiense explotando oro en América Latina).

La empresa B2Gold ya cuenta con otros proyectos en Nicaragua en las localidades de Santo Domingo Chontales y la Comunidad Santa Pancha en Larreynaga León, en donde en el año 2012 lograron batir records de producción generando aproximadamente 157.885 onzas de oro.

El pueblo de Rancho Grande, con una fuerte tradición de organización, al alertarse por la iniciativa minera comenzó una fuerte resistencia. Han sido numerosas las marchas y asambleas desde el año 2010 cuando la B2GOLD adquirió la concesión de exploración de oro. Desde esa fecha, la oposición al proyecto ha contado con el respaldo de población campesina, organizaciones de la sociedad civil, iglesia católica y evangélica.

La empresa minera por su parte, como ya es habitual en este tipo de proyectos, ha desplegado estrategias a nivel local para lograr apoyo dentro de la comunidad. B2GOLD en Rancho Grande ha construido un vivero de plantas maderables, contratado personas de la comunidad para las labores marginales y peor pagadas en la faena, realizado atenciones médicos, establecido un banco de semillas para las familias y además, ha hecho denigrantes «arreglos» a escuelas primarias. Este reparto de migajas tan típico de las transnacionales extractivas, ha ido ganando un lento y aún minoritario apoyo de las familias aledañas al proyecto. Ello ha provocado profundas divisiones en la comunidad, que se manifiestan en discusiones cotidianas, e incluso se expresan en peleas entre familias y riñas que nunca antes se habían apreciado en la comunidad como la lluvia de piedras ocurrida en julio de este año, cuando vecinos se enfrentaron en una asamblea donde participaban miembros del gobierno y representantes de la empresa.

Quienes se oponen al proyecto Pavón, responsabilizan directamente a la empresa B2GOLD por este daño a la vida comunitaria. Cuando conversamos con el párroco del municipio Pablo Espinoza, que también se opone a la extracción de oro en Rancho Grande, nos dijo con claridad que «la minería no sólo enferma la tierra sino que también nos está enfermando el alma». A pesar de las provocaciones de la empresa, continúa siendo mayoritaria la población del municipio que está en contra de la actividad minera. Saben que es una lucha de largo aliento pero se mantienen con una energía que parece inagotable, dispuestos a llevar una férrea defensa de su territorio.

SANDINISTAS Y MINERAS

En lo que se refiere a la postura del gobierno Sandinista frente a esta arremetida extractiva, si bien en la Nicaragua actual, no se ha experimentado la brutalidad y el horror de la acción del aparato represivo del Estado y las fuerzas de choque de las empresas mineras como en otros países de Centroamérica (como Guatemala y Honduras), es necesario entender los mecanismos por los cuales este tipo de proyectos han avanzado en el país.

Pero primero, ¿Cuáles han sido las características de estos nuevos gobiernos del Frente Sandinista? Si bien el retorno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) al poder ha estado acompañada por una fuerte política social de transferencia monetaria para la población más pobre de Nicaragua, los dos nuevos periodos del FSLN se han caracterizado por la excesiva concentración del poder en la figura de Daniel Ortega y su familia, la continuación de la corrupción de gobiernos anteriores y la cooptación de movimientos que surjan fuera de las directrices del Frente Sandinista. Todo esto utilizando un discurso radical, nacionalista y antiimperialista que no se condice con la mayoría de sus políticas económicas y sociales. En este escenario, cabe la pregunta ¿En qué medida los nuevos gobiernos de Ortega y el Sandinismo sirven como velo ideológico para ocultar las estrategias de acumulación capitalista que se están llevando a cabo en Nicaragua?

En lo referido a la lucha socioambiental, estamos ante un gobierno que realza como consigna «Vivir Limpio, Vivir Sano, Vivir Bonito, Vivir Bien!», que además en su discurso incorpora el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra (Daniel Ortega se vanagloria de ser uno de los primeros presidentes en firmar la «Carta de Derechos de la Madre Tierra»). Pero que, por otro lado, ha impulsado un plan de expansión minera basado en la explotación de oro y plata, destinada en su mayoría para la exportación, todo esto flexibilizando el marco jurídico con el fin de beneficiar a inversionistas nacionales y extranjeros de este rubro. Muestra de esto es el I Congreso Internacional de Minería celebrado este año en Managua, en el que el gobierno invitó a empresas mineras internacionales y nacionales para promover las oportunidades de negocios en el sector dentro del país. Además, en el caso de los conflictos locales ocurridos a propósito de la minería, los funcionarios Sandinistas de gobierno han aparecido como el brazo negociador con la comunidad, convenciendo a dirigentes de los beneficios de los proyectos y acusando a aquellos que se oponen de antisandinistas, en algunos casos aplicando un extraño chantaje emocional bajo el argumento de «estar dañando a la revolución en curso».

En medio de estas profundas contradicciones del gobierno Sandinista, un buen lugar para encontrar respuestas y alternativas es adentrarnos en los territorios que están imaginando y construyendo día a día hombres y mujeres comunes de Nicaragua y el continente. Uno de estos lugares es Rancho Grande, donde algunos de sus líderes territoriales se reúnen para su articulación contra la empresa minera, en una de las muchas reuniones de este tipo que se están llevando a cabo en América Latina en estos momentos. Entre ellos, escuchando esa lucidez que te emociona, aparece la voz de don Juan Ruiz, uno de los miembros del movimiento, que a propósito del desafío que tienen por delante nos dijo; «Sandino y muchos otros lucharon para esto, para que fuésemos libres y pudiéramos luchar por nuestra tierra, no para que nos calláramos…

Sabemos que no va a ser fácil y que la lucha va a ser larga, pero estamos dispuestos». Voces como ésta, aumentan con fuerza en nuestro continente, exigiendo ser oídas en medio del capitalismo delincuencial y los imaginarios sobre el desarrollo que nos están llevando hacia una profunda crisis civilizatoria que algunos insisten en contemplar de manera resignada o hipócrita, y que otros buscan disfrazar bajo promesas progresistas que mantienen la opresión sobre los seres humanos y la naturaleza.

Alexander Panez Pinto