Es el antagonista del optimismo financiero. El barómetro de la incertidumbre o el medidor del miedo económico. El oro, con su papel de contravalor de las monedas, es en definitiva el activo refugio por excelencia y una vía de escape para los inversores que desean poner su ahorro a buen recaudo en momentos complicados, cuando las expectativas de inflación o deflación pueden erosionar el valor del dinero.

Fuente: Cotizalia
Madrid, España – 30/01/2010. Pero el metal dorado ha caído también objeto de la fiebre especulativa de los inversores y algunas voces apuntan a que será la última burbuja financiera en estallar.

Su cotización en los mercados está a punto de lograr una plusmarca historica: diez años consecutivos de subidas. La onza de oro troy (31,1 gramos), su medida de referencia industrial y en los mercados, se ha encarecido en los últimos diez años un 300%, de 273 a casi 1.100 dólares.

Pero su escalada no ha estado cimentada en la industria de la joyería, sino en las necesidades de inversión de hedge funds e inversores institucionales, así como en los intermediarios financieros que tienen que respaldar la emisión de ETFs, certificados y otros derivados financieros con oro físico.

Según datos de la consultora GMFS, alrededor del 80% de la demanda en el mercado del oro son financieras, no industriales, de ahí el aura especulativa que persigue a este vil metal. Y no es para menos. Tradicionalmente, su cotización se ha asociado a la incertidumbre, las crisis económicas o políticas como golpes de estado o guerras.

De hecho, su última arrancada alcista comienza tras los atentados del 11-S en EEUU de 2001. Aquel shock encendió la mecha de un factor con el que han tenido que convivir los mercados en los últimos años: el miedo. La sucesión de guerras (Afganistan 2002, Irak 2003), junto a grandes atentados como los de Madrid 2004 y Londres 2006 ha terminado por multiplicar -junto a otros factores como la inflación o el riesgo financiero- la inversión en oro.

En una entrevista con María Bartiromo (CNBC) desde Davos, el mítico inversor George Soros ha etiquetado al oro como la última burbuja activa. «Cuando las tasas de interés son bajas, se crean las condiciones para que se desarrolle burbujas de activos, y se están desarrollando en este momento. La última burbuja de activos es la del oro», dijo el gestor. Su opinión es sólo una más en el mercado, pero tiene gran influencia.

De hecho, tras la reciente escalada del dólar -en correlación con el oro desde que existe el libre cambio- desde el pasado mes de noviembre, el metal dorado ha comenzado a desinflarse y acumula una caída superior al 10% desde los más de 1.200 dólares en que llegó a cotizar. La proliferación de instrumentos financieros y derivados sobre el oro -muchos sin garantía total de poder ejercitar la compra física- al protector del riesgo financiero, paradójicamente, como uno de los activos que se asemejan a otras burbujas pasadas.
¿Estallará el oro en su propio riesgo?