El impacto en el paisaje de la minería a cielo abierto era tan grande que ya hace dos mil años diversos autores romanos la consideraron una «violación de la naturaleza», y el Senado romano llegó a prohibirla en toda Italia (Plinio, H. N. 3,138), aunque no en las provincias subyugadas como Hispania.

Fuente: Blog.pucp.edu.pe

Las Médulas es hoy un lugar turístico en España que hace 2000 años fue una mina de oro explotada durante dos siglos por los romanos. Este pequeño núcleo de montaña se convierte en la entrada natural para visitar Las Médulas, paisaje cultural único que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El perfil dentado de estas montañas de arcilla roja, y cubiertas de castaños, se debe a los romanos, quienes modelaron el entorno natural al establecer aquí una mina de oro a partir del siglo I d. C.

Para ello, idearon un ingenioso sistema denominado ruina montium, que aprovechaba la fuerza hidráulica para desmenuzar la tierra y dejar el oro al descubierto.

Técnica Montiun para derribar montañas:

1) Se construía una red de pozos y galerías sin salida exterior que minaban toda la masa que se quería abatir, introducían en ella todo el caudal de agua almacenada en el depósito y producían un efecto de «golpe de ariete», consiguiendo el derrumbe de todo el conglomerado minado.

2) Se construía una red de pozos y galerías sin salida externa en la base de la masa de materiales que se quería derrumbar, se iba llenando progresivamente de agua hasta que todos los niveles inferiores se saturasen y se consiguiera con ello el derrumbamiento de toda la masa minada.

Ver animación de la Técnica Montiun

Los dos siglos que duró la explotación minera de la zona permitió configurar el peculiar relieve de Las Médulas. Cárcavas de arcilla roja, torres y galerías subterráneas, rodeadas de castaños componen este paisaje cultural. Picos de más de 100 metros de altura conducen al centro del yacimiento aurífero, la Cueva Encantada y la Cuevona.

Pero, ¿qué consecuencias tuvo y qué lecciones podemos sacar? Sobre ello trata el artículo de JOSÉ ÁLVAREZ ALONSO «Oro Maldito» publicado en el dominical de El Comercio el 9-9-12 que reproducimos en adelante.

Roma adoraba el oro, como hoy lo hacen los mercados internacionales y quienes viven de la especulación o de la apariencia. La minería de aquel entonces movilizó gran cantidad recursos para extraer el preciado metal hasta de los confines del imperio. Se afirma que los romanos conquistaron la belicosa península ibérica, impulsados por la ambición de explotar sus yacimientos auríferos. En el año 26 antes de Cristo, el mismo emperador Augusto dirigió diez legiones romanas para conquistar el noroeste de España, muy rico en oro. La zona fue defendida ferozmente por sus habitantes originales: los galaicos, cántabros y astures. Los últimos guerreros se suicidaron en la cima del monte Medulio antes de caer esclavos de los romanos. Las minas más grandes fueron administradas directamente por el emperador o por el Senado.

BRUTAL EXPLOTACION

Las antiguas minas de oro en el valle del río Omaña-las Médulas del Omaña- fueron explotadas por los romanos durante más de cuatro siglos. Aproximadamente 5.000 esclavos movieron millones de toneladas de tierra roja depositada en el terciario, ayudados por el flujo del agua canalizada por la montaña, varios kilómetros río arriba. Arrasaron el paisaje de tal modo que las cicatrices se aprecian perfectamente ahora, más de l.600 años después. Nunca se recuperó el bosque original y se ven apenas líquenes, musgo y algunos raquíticos hierbajos y arbustos. El mercurio fue usado masivamente en tiempos romanos para concentrar las diminutas pepitas de oro, lo que contaminó a las poblaciones río abajo y, por supuesto, a los mineros que lo manipulaban. Según el historiador romano Estrabón, los mineros eran esclavos importados de la lejana Dalmacia, en la costa balcánica del mar Adriático. El trabajo era durísimo y la fórmula para tratar de disminuir la tasa de deserción era, justamente, movilizar hacia las minas a gente de tierras distantes. Plinio el Viejo, administrador de las minas de las Médulas del Bierzo, comento en sus escritos la dureza del trabajo: «Es menos temerario buscar perlas y púrpura en el fondo del mar que sacar oro de estas tierras».

HERIDA ABIERTA

El impacto en el paisaje de la minería a cielo abierto era tan grande que ya hace dos mil años diversos autores romanos, como los citados, la consideraron una «violación de la naturaleza», y el Senado romano llegó a prohibirla en toda Italia (Plinio, H. N. 3,138), aunque no en las provincias subyugadas como Hispania. Es curioso que, hoy día, empresas multinacionales que en sus países de origen tienen prohibida la minería a cielo abierto la practiquen con entusiasmo en países como el Perú.