Una gran movilización se llevó a cabo ayer en las calles de Río de Janeiro. En el marco de la «Cumbre de los pueblos» organizada de forma paralela a la conferencia internacional de la ONU Rio+20, la denuncia del modelo de ‘economía verde’ en el centro de la escena.

Fuente: Marcha

21/06/2012. La marea humana que marchaba bajo la lluvia empapada de colores y gritos, dejaba entrever la indignación de las organizaciones y movimientos populares, ambientalistas y activistas sociales frente a las «falsas soluciones» que, a unos cuantos kilómetros de distancia, los presidentes de los países más ricos del mundo vestían de ‘economía verde’.

Pasadas las cuatro de la tarde la cabecera de la movilización comenzaba a caminar la avenida Presidente Vargas. En ese momento, en una especie de cadena nacional, todos los televisores de los bares y restaurantes mostraban en primer plano la cara de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, pronunciando su discurso inaugural en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible Rio+20.

«Ahí los tienes, hablando por nosotros, pero sin oírnos», comentaba un indígena peruano que mostraba una pancarta escrita a mano pidiendo «respeto a nuestra Madre Tierra».

En las negociaciones camino a la Río+20, los organizadores presentaron un documento denominado «El futuro que queremos» que no consiguió consenso ante las encontradas posiciones de los países representados. Luego de este episodio, Brasil, el país anfitrión, tomó las riendas y presentó un texto que será debatido oficialmente en esta conferencia, lo cual la presidenta Dilma Rousseff calificó como una «victoria» teniendo en cuenta que otras negociaciones de conferencias ambientales como Copenhague y Cancún, no habían podido llegar a un consenso.

En diálogo con Marcha, Mariana Duque, integrante del Movimiento Sin Tierra y analista de las negociaciones de los movimientos sociales en la cumbre oficial, comentó que «la correlación de fuerzas internacional no está puesta en la protección de los pueblos. Solo con ver el acuerdo que se llegó en el documento final que le abre la posibilidad a que los capitalistas reclamen que existan mas puntos de compromisos específicos para la implementación del libre comercio y el desarrollo del capital».

Según Miguel Palacín Quispe, Coordinador General de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, «el documento insiste en los tres pilares del desarrollo sostenible (económico, ambiental y social) acordados hace veinte años y que no han hecho sino profundizar la crisis, al enfatizar el pilar económico para definir las políticas ambientales e ignorar el pilar social».

La movilización que culmino ya entrada la noche y contó con la participación de mas de 30 mil personas, mostró la unidad de los movimientos sociales, campesinos, indígenas, sindicatos, organizaciones culturales y de mujeres de todo el mundo que buscaron durante los días de la Cumbre de los Pueblos construir formas de resistencia contra las empresas «que privatizan los bienes que le son comunes a la humanidad, como el agua y la tierra».

Sobre el documento oficial que será debatido por los gobiernos de 193 países, las organizaciones indígenas denuncian que los Estados siguen resistiéndose a reconocer a la Madre Tierra como sujeto de derechos y a adoptar una declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra, como vienen planteando en diversos escenarios internacionales y han reiterado en Río+20.

En el documento los Gobiernos señalan que están «convencidos de que a fin de lograr un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y medio ambiente de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza», pero no muestra en ninguna parte una autocrítica de los países desarrollados para cambiar sus patrones de consumo y su matriz energética basada en los combustibles fósiles. Tampoco sale del texto oficial fijarse metas reales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Los movimientos sociales que participan de las diferentes plenarias que se vienen desarrollando en la «Cumbre de los Pueblos» evidencian que el documento «no hace referencia alguna a todo aquello que obliga al desplazamiento de las comunidades campesinas e indígenas hacia las zonas urbanas debido a la invasión y saqueo de sus territorios por la minería y otras actividades extractivas o megaproyectos como represas hidroeléctricas y grandes carreteras».

Para Mariana Duque «lo que cabe ahora a los pueblos es a seguir luchando no solo en la resistencia, sino también proponiendo un proyecto nuevo de sociedad que pueda contraponerse a este proyecto del capital».

La Cumbre y sus alternativas

Como tres grandes ejes de análisis, la «Cumbre de los Pueblos» denunció las causas estructurales del capitalismo y las falsas soluciones, generó propuestas y alternativas y planificó una agenda con campañas y movilización en común. Sobre este punto Duque observa que «hay en la cumbre algunos espacios que son importantes, como la asamblea de los pueblos, las plenarias de discusiones que tienen el objetivo de construir campañas de agenda común de unidad entre los pueblos en lucha y también las movilizaciones que están también en la calle denunciando como fueron acá en Río la marcha de las mujeres, los indígenas en el Banco de Desarrollo Brasileño, o la gran marcha de hoy».

Algunas de las soluciones que se expusieron en el plenario sobre Soberanía Alimentaria que duró 3 días de debate, destacan la importancia de «luchar por una Reforma Agraria integral, el reconocimiento de la soberanía, libre determinación y autonomía de los pueblos por los gobiernos y foros oficiales, que siguen privilegiando a las corporaciones; la necesaria redistribución de la riqueza para alcanzar una sociedad sustentable; y la importancia de seguir fortaleciendo las alianzas entre las organizaciones del campo y la ciudad».