En esta parte de la entrevista, cuenta cómo se vivían las fumigaciones en el barrio, y cómo para lxs niñxs era casi un juego perseguir la avioneta, antes de tomar conciencia de lo que era.

 

Por Juicioa la Fumigación

1ra. Parte Ir a descargar

«Cuando los chicos veían la avioneta que venía volando y bajaba para aplicar la «agüita», como ellos decían, era un espectáculo para ellos. Salían corriendo atrás de la avioneta y se metían lógicamente en el campo del fondo, querían agarrar el avión, era un juego, una diversión, esperarlo para jugar.»

-¿Cuándo empiezan a sospechar que no era «agüita bendita»?

«Nos damos cuenta cuando nos hacen los análisis en el barrio, que la «agüita bendita» no era tal. Entonces ahí nos encontramos que había agroquímicos, pero tampoco conocíamos qué eran los agroquímicos. Hubo que empezar a estudiar, a ver qué eran.»

-¿Qué le pasó a tu quinta?

«Mis pimientos se quedaron negros, como si les hubieran echado agua caliente. No nos dábamos cuenta de que era el agua bendita que nos estaba quemando todo. Y nosotros éramos plantas de soja en ese momento, porque pasaban y nos echaban arriba de nuestras casas, imaginate, cruzás la calle y llegaba hasta adentro, aun con la puerta cerrada, el olor no se lo aguantaba, y luego, el ardor en la garganta, en los ojos, era horrible. sentías que te estaban echando algo que no tenías por qué tener.»

2da. parte Ir a descargar

En esta parte de la entrevista, se emociona pensando en todo lo que moviliza la situación de haber llegado a juicio.

«Nosotros, cuando íbamo a reclamar, nos han tratado de que éramos locas, de que el detergente nos había alterado las neuronas, o por ejemplo el secretario de agricultura, nos explicaba algo y decía: «Bueno, señora, usted no tiene por qué entender, porque es ama de casa».

Hoy, ¿qué sentís estando aca, que esto haya llegado a los tribunales?

Es una mezcla de alegría, que estén allí, y es mucha tristeza, porque te remueve, volvés a pensar en las personas que perdieron la vida, que perdieron un riñón, las compañeras que perdieron a sus hijos… te mueve muchas cosas.

Te moviliza mucho, seguro, cada vez que vos ves eso ahí y decís que esa puede ser la causa de lo que me pasó, te moviliza para salir.»

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