Por: Margarita Warnholtz. Realmente las industrias mineras se han vuelto una amenaza para los pueblos indígenas en todo el mundo. Parece ser que muchos de éstos están asentados sobre oro, plata, cobre y no sé cuántos valiosos minerales más, y ahora que hay nuevas tecnologías de extracción, la industria va sobre esas tierras.

Y no es que los indígenas estén totalmente en contra de la minería, pero sí de que los despojen de sus territorios y de que las grandes empresas trasnacionales se lleven todas las ganancias.

Hoy termina el 12 periodo de sesiones del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU (UNIPFII por sus siglas en inglés). Tuve la oportunidad de estar esta semana en las sesiones así que les comparto un poco de mi experiencia.

Como comentaba la semana pasada, el foro está formado por 16 expertos de distintas partes del mundo y es un organismo asesor del Consejo Económico y Social de la ONU que se reúne una vez al año en su sede de Nueva York. Además de los integrantes del foro, asisten a las sesiones representantes de organizaciones indígenas de todo el mundo, un montón de «observadores» (como yo, por ejemplo) y se supone que deben asistir delegados de los Estados miembros de Naciones Unidas, pero sus curules (cual las del congreso mexicano) suelen estar vacías, salvo cuando les toca intervenir o saben que alguien va a hablar de ellos.

Los expertos presentan sus informes y discuten sobre distintos temas, los representantes indígenas exponen sus problemas y los gobiernos casi siempre intervienen para decir lo mucho que han avanzado en la cuestión de los derechos indígenas, o para defenderse cuando son mencionados en algún informe o en una intervención. Eso sí, todos hablan siempre con un lenguaje muy diplomático que, según yo, de tan diplomático termina siendo bastante vago, pero bueno, ellos se entienden.

Este año uno de los expertos del foro, Saúl Vicente Vázquez, zapoteco de Juchitán, Oaxaca, presentó un informe sobre la situación de las comunidades que están siendo afectadas por las empresas mineras en México (del que ya dio cuenta Animal Político aquí) y presentó además uno sobre el mismo tema a nivel mundial, titulado «Informe consolidado sobre las industrias extractivas y sus efectos sobre los pueblos indígenas».

Ambos los hizo por encargo del UNIPFII y son documentos oficiales de la ONU. Me sorprendió darme cuenta (por los informes, algunas intervenciones y conversaciones en los pasillos) de que realmente las industrias mineras se han vuelto una amenaza para los pueblos indígenas en todo el mundo. Parece ser que muchos de éstos están asentados sobre oro, plata, cobre y no sé cuántos valiosos minerales más, y ahora que hay nuevas tecnologías de extracción, la industria va sobre esas tierras. Y no es que los indígenas estén totalmente en contra de la minería, pero sí de que los despojen de sus territorios y de que las grandes empresas trasnacionales se lleven todas las ganancias. Y esto está sucediendo en el Ártico, en África, Australia (se presentó también un informe sobre este país), Asia, América, literalmente en todo el planeta.

Este año se trataron en el foro particularmente los temas de salud, educación y cultura. Entre todo lo que se comentó, me llamó la atención el hecho de que entre la población indígena de todos lados están aumentando muchísimo los índices de diabetes debido al «cambio de alimentación», término diplomático para referirse a la entrada de comida chatarra a las comunidades.

También escuché muchos comentarios respecto a que en todas partes están criminalizando a los movimientos indígenas, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo y por lo tanto reprimiéndolos y encarcelando dirigentes. Esto no se mencionó directamente en las sesiones, pero me lo comentaron varias personas de distintos países.

Por ejemplo, está el caso de Chile, que mientras su gobierno hablaba en la sesión de ayer sobre lo bien que están tratando a los pueblos indígenas y lo mucho que los están consultando respecto a lo que se hace en su territorio, me enseñaron una noticia de que en estos días se está tratando en la Corte Interamericana de Derechos Humanos un caso sobre represión a los mapuches (aquí está la nota). Y otro punto mencionado fue que en todas partes están reprimiendo y asesinando a comunicadores y periodistas indígenas, particularmente a los que trabajan en emisoras de radio comunitarias.

Y finalmente, otro tema importante de la agenda fue el de la preparación de la Conferencia Mundial de los Pueblos Indígenas (CMPI), que es en septiembre del próximo año. El foro está recomendando a todos los Estados que tomen la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas como marco de la Conferencia y que tomen en cuenta las opiniones de los representantes indígenas. Por su parte las organizaciones indígenas tienen programada una reunión para junio en Alta, Noruega, (por allá en el Polo Norte) a la que asistirán representantes de todo el mundo para discutir sus ideas y problemas y van a exigir a los Estados que los resultados de esa asamblea se tomen como base del documento final de la CMPI.

Además de todo lo del foro, descubrí cosas interesantes de Naciones Unidas. Por ejemplo, que la burocracia mundial es más o menos como la nacional: tardé más de tres horas en poder obtener mi gafete para entrar al foro (y eso que solamente había seis personas antes que yo cuando llegué) y tuve que hacer varias filas en dos edificios distintos, así de «ahora tome este papel y entréguelo en el edificio de enfrente y luego regresa… (después de pasar otra vez por los filtros de seguridad). También me di cuenta de que la Pepsi tiene la exclusiva dentro de la ONU, solamente se venden sus refrescos (y sólo en vasos desechables, por cierto). Y para llegar a la sala donde son las sesiones tienes que entrar por una puerta, salir por la de junto, caminar por un pasillo lleno de goteras (estaba lloviendo) para volver a entrar al mismo edificio al que entraste al principio pero por el otro lado… no me pregunten por qué.