Se cumplieron 10 años del plebiscito histórico en la ciudad chubutense que determinó la prohibición de actividades industriales y mineras que provoquen la destrucción irreversible del medio ambiente y el deterioro de las condiciones de vida de sus habitantes. 

 

Por El Caminante. Por ANRed

Luego de la crisis económica y política que sacudió a la Argentina a fines del 2001, surgieron a lo largo y ancho del país múltiples asambleas. Esta pasó a ser la mejor forma de organización para hacer frente a los vacíos del Estado. Esquel es una ciudad ubicada al oeste de la provincia de Chubut sobre la cordillera de los Andes. A mediados del 2002, sus habitantes empezaron a escuchar el nombre de su futuro enemigo, la minera Meridian Gold. Esta empresa multinacional compuesta principalmente por capitales estadounidenses y canadienses, pretendía explotar un yacimiento de oro ubicado a unos 5 Km. de la ciudad (Cordón Esquel).

En paralelo surgieron distintos grupos en oposición a dicho proyecto que finalmente confluyeron en la Asamblea de Vecinos Autoconvocados por el No a la Mina. Gracias a su movilización y concientización, los esquelenses comenzaron a ver los verdaderos alcances de la explotación.

El método utilizado para la extracción del oro consiste en dinamitar miles de toneladas de roca por día, las cuales se muelen hasta reducirlas a polvo. El mineral se extrae utilizando toneladas de cianuro disuelto en agua para lograr separarlo de dicho polvo.

Algunas consecuencias de este método son: el gigantesco consumo de agua, los problemas de la acción residual del cianuro, la producción de drenajes ácidos y la notable alteración del paisaje.

Las autoridades locales y provinciales fundaron su apoyo a la instalación de la minera, basado en la creación de puestos de trabajo (la empresa había prometido 300 aproximadamente) y en el «empuje» que iba a generar en la economía.

Los argumentos de los representantes del pueblo chocaron con la realidad. La legislación establece un 2% de regalías sobre el valor del material en boca de mina y no sobre el producto final. A esto se le suman las exenciones impositivas que goza el sector. Es decir, los habitantes de Esquel tendrían que soportar todas las consecuencias y las riquezas se sacarían del país.

Para hacer frente a esto, a fines del 2002, se presentó un recurso de amparo ambiental contra el municipio de Esquel, la provincia de Chubut y la empresa minera «El Desquite – Meridian Gold». El mismo fue aceptado y se hizo lugar a la medida cautelar plateada. Se prohibió realizar trabajos mineros sin que antes se hayan cumplido todos los recaudos exigidos por la Ley Provincial Nº 4032 de Impacto Ambiental. El fallo fue ratificado por el Superior Tribunal de Chubut y por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Paralelamente la Asamblea promovió la convocatoria a un plebiscito no vinculante, que finalmente fue aceptado por el Municipio, quien fijo fecha de celebración para el 23 de marzo de 2003. Los resultados fueron abrumadores habiendo participado el 75% del padrón, el 81% le dijo NO a la mina.

Ante la contundencia de los resultados el Consejo Deliberante local declaró a Esquel «Municipio no tóxico y ambientalmente sustentable», prohibiendo las actividades industriales y mineras que empleen técnicas de lixiviación con sustancias tóxicas, y declaró «Área de paisaje protegido especial», las zonas de cerros, cumbre y filos situados dentro del municipio (ord. 33/03).

La legislatura provincial no se quedo atrás y sanciono la ley Nº5001 prohibiendo la actividad metalífera en el ámbito de la provincia «en la modalidad a cielo abierto y la utilización de cianuro en los procesos de producción».

Esto es otra demostración del poder que puede ejercer el pueblo. Frente a las poderosas multinacionales y a los representantes entregadores, la acción en conjunto de la población, toda unificada y decidida, vale más.

A diez años del histórico plebiscito, la Asamblea sigue reuniéndose, informando y colaborando con otras comunidades que enfrentan la misma situación. Sirviendo de ejemplo de determinación frente a quienes quieren entregar su futuro y el de las generaciones venideras.