Viernes, 24 de Febrero de 2012, Apreciada Lucía: Tú sabes de mi trayectoria en el pensamiento nacional y el peronismo. Alguna vez me has distinguido pidiendo mi opinión sobre temas como el proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario. Invocando ese camino compartido, quiero pedirte que me escuches como compañero. Hoy, que me toca disentir cuando parece haber una sola voz, en nuestro espacio político, a favor de los emprendimientos de la megaminería. Sin embargo, aunque los argumentos pro mineros se reiteran cada día en los ámbitos institucionales de Catamarca, muchos peronistas son ambientalistas. Tampoco los tinogasteños que cortaron las rutas de su terruño son adversarios del Proyecto Nacional. La mayoría de ellos te votó, Lucía, en las pasadas elecciones.

Establecer que Catamarca es unánimemente pro minera, identificando a los ambientalistas con la sinrazón o con los medios periodísticos de derecha que siempre boicotearon al proyecto nacional segrega a los ambientalistas, no sólo del kirchnerismo, sino del espacio público. Los empuja a la vereda de en frente, como ignorantes o antisociales. Pero no lo son. Equivocados o no, son idealistas que no luchan por intereses personales sino por altruismo. Y hacen falta personas así, siempre hacen falta en un país, aun cuando sus voces no sean decisivas.

El kirchnerismo se caracterizó por ampliar derechos de los sectores populares que estaban marginados u olvidados: el periodismo independiente, los jubilados, la audiencia popular del futbol, las minorías sexuales, las madres…Es coherente que también se abran puertas y se legitime a los ambientalistas, tradicionalmente ninguneados en este país en que los economistas, a veces para desgracia de la nación, son los interlocutores más escuchados por los gobiernos.

Este proyecto nacional y popular que tú conduces en Catamarca, en cuanto audazmente rompe con las inequidades internas y con las ataduras internacionales, atrae naturalmente a humanistas, folcloristas, intelectuales, estudiantes… a toda esa gente rara que suele dar a sus ideales sociales más valor que a cambiar el auto o mejorar su puesto de trabajo.

Entre ellos están los ambientalistas. A veces equivocan sus métodos de lucha, a veces son manipulados o traicionados en su idealismo. Pero gracias a gente como ellos la historia no es sólo la lucha de intereses mezquinos que se contraponen, sino también una interminable búsqueda de la libertad y el bien
No es sólo una cuestión de ampliación de derechos, de prestar oídos al prójimo. Hay otra cuestión que es también profundamente peronista: la de apoyar las tradiciones del pensamiento popular. Quiero evocar un hecho simbólico, ahora que la campaña pro minera fue apoyada por la senadora Colombo, del Frente Cívico.

No es casual que la última celebración pública de la Autonomía de Catamarca organizada por su gobierno fuera abierta con el Himno a Sarmiento… Este acto simboliza una opción por la Catamarca integrada a la marcha de la civilización europea y sus patrones de crecimiento económico que a sangre y fuego impuso Sarmiento en el NOA. Una opción que no puede sino tener un costado forzado, pues Catamarca tiene tradición de relación sagrada con la tierra, de caudillos que levantaron las banderas de la solidaridad popular, de indigenismo irredento…

Aquí seguirá habiendo gente para quienes son más importantes las tradiciones y cuidado de la tierra, la integridad de la comunidad, que el brillo de las transnacionales. Campesinos y pueblerinos que intuyen, con prejuicios ancestrales, que las transnacionales se irán mañana dejando decadencia en el pueblo y llagas en la tierra.

Te entiendo, a vos y a tu equipo de gobierno, cuando ven en los emprendimientos mineros la posibilidad de generar trabajo y conseguir recursos para la salud y la educación. Para resolver la terrible pobreza que nos interpela. Sé también que esa opción tuya es difícil, quizás angustiosa, porque los peronistas estamos habituados a mirar con desconfianza a los grandes señores de los dólares. Sé que para vos, que asumes el legado de Evita, en el fondo es más importante sentarte a escuchar a una madre que no tiene vivienda o a una madre cuyos hijos fueron detenidos por ser pobres, o a una maestra ecologista de Andalgalá, que escuchar a quienes vienen a hablar de sus negocios.

El indio Guaman Poma, en su larga carta dirigida al Rey en el siglo XVII, le propone, frente al Mundo al revés que ha generado la colonia, volver al Buen Gobierno que implica una relación ordenada con el cosmos, las montañas, los ciclos naturales del trabajo y la vida. Por eso, él y todos nuestros padres indígenas daban tanta importancia al calendario, en que el orden social era coherente con los latidos de la tierra y los cielos.
Por eso también ubica en la «primera calle» de la jerarquía espiritual, a la Awacoc Warmi (mujer tejedora) que en su telar reproduce la trama del mundo.

Vivimos un tiempo en que los movimientos populares a lo largo de América están retomando esa sabiduría, junto a las herramientas técnicas que la modernidad provee. Vos, mujer y médica, sabes de estas cosas.
Es por esto que confío en un serio diálogo de tu gobierno con los ambientalistas catamarqueños. Y en la posibilidad de incluir sus razones en la Política de Estado, así como se ha incluido a la minería en ella. La lógica del crecimiento económico es muy importante, pero no debe tener un predominio excluyente. La historia muestra que esa lógica excluyente suele terminar en el callejón sin salida de la represión.

Muchos de quienes pensamos esto somos entusiastas del Proyecto Nacional, lo hemos defendido y pondremos el cuerpo mañana para que no se reviertan sus avances. Y confiamos en vos, compañera.

Luis Alberto Reyes
Doctor en Filosofía.
Facultad de Humanidades UNCa