Miles de japoneses han salido a la calle en distintos puntos del país para protestar contra el uso de energía nuclear cuando se cumplen seis meses del terremoto y posterior tsunami que provocó además el desastre de la central nuclear de Fukushima. Según la última encuesta del diario Mainichi, el 85% de los japoneses apoya el desmantelamiento de los 54 reactores existentes en el país.

Fuente: Reuters y diario El País

14/09/2011. Uno de los actos más concurridos ha sido el celebrado ante la sede de la Compañía de Energía Eléctrica de Tokio (TEPCO), que opera la central de Fukushima. Unas 2.500 personas se han concentrado allí y después han marchado hasta el Ministerio de Comercio –responsable de la supervisión del sector nuclear– y han formado una cadena humana alrededor del edificio.

Los manifestantes pidieron el cierre de todas las centrales nucleares de Japón y exigieron al Gobierno una política coherente para fomentar otras fuentes de energía alternativas.

Diez de los activistas antinucleares han anunciado el comienzo de una huelga de hambre de diez días para forzar un cambio en la política nuclear del Gobierno. «Creo que es muy importante que las nuevas generaciones expresen su oposición a la energía nuclear y para difundirlo necesitamos hacernos visibles y es por eso que hacemos esta huelga de hambre de diez días», ha explicado un joven de 20 años, Naoya Okamoto.

Las protestas se han reproducido en otras ciudades japonesas, según recoge la prensa nipona, que da cuenta también de diversas ceremonias religiosas en recuerdo de los 20.000 fallecidos y desaparecidos por el terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo.

 

No es un buen año para la energía nuclear. La oposición a esta se consolida en Japón, donde la inmensa mayoría de la población está a favor de la sustitución de la energía atómica por otras limpias y renovables. Según la última encuesta del diario Mainichi, el 85% de los japoneses apoya el desmantelamiento de los 54 reactores existentes en el país, aunque sólo el 11% pretende que el cierre de las plantas nucleares sea inmediato.

Sólo el 13% de los encuestados no ve ninguna necesidad de que Japón cambie su actual dependencia de la energía atómica.

Greenpeace sostiene que Japón puede sustituir su capacidad atómica de generar electricidad de aquí a 2020 con energía eólica y solar por un coste total de unos 200.000 millones de euros. La ONG internacional basa su análisis en que en la actualidad solo están en funcionamiento 11 de los 54 reactores instalados en Japón, lo que tan solo supone alrededor el 1% de la producción eléctrica total del país.

El Gobierno japonés ordenó una revisión y un reforzamiento de las medidas de seguridad de todas las centrales del país, tras la alarma desatada por el accidente de Fukushima, a raíz del tsunami del pasado 11 de marzo que dañó cuatro de los seis reactores de esta central del noreste japonés.

Para Greenpeace, el mapa energético limpio japonés debe pasar por aumentar la capacidad de las turbinas eólicas hasta los 56 gigavatios (GW), desde la actual de 2,1 GW, y los paneles de energía solar hasta una potencia de 57 GW, desde los actuales 3,6 GW, informa Reuters. Añade para ello cuenta con el aliciente de que proseguirá la reducción de los costes de la electricidad procedente la energía solar, que en Europa cayeron en 2010 un 50% y «se espera que desciendan otro 20% en los próximos 12 meses».

Por otra parte, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), con sede en Viena, ha confirmado hoy que los reactores de Fukushima afectados están «básicamente estables» y ha expresado su confianza en que pronto se consiga la «parada en frío» de éstos. Según Tepco, la empresa propietaria de la central siniestrada, los trabajos de estabilización de la planta van a buen ritmo y se espera que en enero se haya logrado finalmente esa «parada en frío».

El nuevo primer ministro japonés, Yoshihiko Noda, recorrió la semana pasada la prefectura de Fukushima, incluida el área de exclusión de 20 kilómetros en torno a la central, y se comprometió a impulsar la «descontaminación total» de Fukushima y su entorno para facilitar la vuelta de la población desplazada a sus hogares lo antes posible. «La recuperación y la reconstrucción es nuestra prioridad», dijo Noda, que visitó también el denominado Pueblo J, una localidad establecida para hospedar a los miles de japoneses llegados de todo el país para trabajar en las tareas de descontaminación.

Los japoneses son muy sensibles a los problemas que pueden derivarse de una explosión atómica, después de ser el único pueblo que ha sufrido la tragedia dos bombas nucleares, en agosto de 1945. La encuesta muestra también que el 71% de la población está «muy o bastante preocupada» porque los productos alimenticios hayan resultado contaminados por la fugas nucleares de Fukushima, frente a un 23% que se siente ligeramente inquieta al respecto y un 4% que no siente la menor preocupación.