Recopìlación de trece (13) obras del poeta Eliseo León Petrell, peruano (Cajamarquino) que siente y sufre como miles de paisanos, el daño que van ocacionando la mega minería en nuestros pueblos. eliseoleonpretell@hotmail.com

¡No! a la mina

Hay quienes nos creen locos, o carentes de sentido
por habernos atrevido, a decirle ¡NO! a la mina
dicen que es gratuita inquina, a los grandes inversores
tildándonos destructores, de mentalidad mezquina .

¿Son locos, en Argentina, en los pueblos de Chubut
los que reclaman salud, en Catamarca y San Juan
en Mendoza los que están, en contra de La Alumbrera
locos los de la frontera, y en Ranchillos – Tucumán?

¿Locos también estarán, en Río Negro y Neuquén
deben estar hasta el cien, en La Rioja y Navidad
reclaman por necedad, en La Fortuna y Desquite
y en Esquel que no permite, pisotear su dignidad?

¿Tiene alguna enfermedad, la gente cajamarquina
que dijeron ¡NO! a la mina, más de veinte mil en coro?
lo cierto es, que el maldito oro, agudizó su pobreza
sin reflejar en su mesa, eso que llaman tesoro.

Ese ¡NO! fue tan sonoro, en nuestra ciudad del queso
de ¡Patriótico suceso!, catalogó el mundo entero
cuando el pueblo ganadero, se volcó entre mil detalles
bloqueando plazas y calles, para frenar al minero.

Nuestro valle limonero, San Lorenzo, en Tambo Grande
con mangales que se expanden, cual verde sabana fina
como una inmensa cortina, o puño de mil colores
Pueblanos y agricultores, le dijeron ¡NO! a la mina.

No hay mentalidad mezquina, ni falsos ecologistas
ni locos ni comunistas, cuando reclamamos vida
agua pura, aire y comida, en vez de cianuro y ruina
gritándole ¡NO! a la mina, y que nadie nos lo impida.

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Las minas de Yanacocha

Que horrible contradicción, ser tan rico, pero pobre
no tener ni un solo cobre, y caminar sobre el oro
ser dueños de un gran tesoro, que allí sus cerros esconden
ya nada les corresponde… les dicen sin más decoro.

La gente cajamarquina, por su situación fatal
maldicen al vil metal, y al rubio invasor que engaña
vuelve al recuerdo la España, el Pizarro y sus ladrones
que cargaron a montones, nuestro oro y plata con maña.

Unos cuantos vende patria, o Judas cajamarquinos
interesados, mezquinos, nos entregaron en vida
por buenos puestos, comida, viajes, y demás regalos
vendieron en tratos malos, a Yanacocha querida.

Sin policía ni ley, se hicieron de la conquista
no apareció un congresista, ni alcalde, de mano dura
no hubo abogado, ni cura, ni teniente, ni prefecto
que evite el crimen perfecto, de asco y tremenda lisura.

Con máquinas infernales, invadieron Yanacocha
valientes abrieron trocha, entre verdes pastizales
matando los animales, con el polvo y el bullicio
condenando así al suplicio, de la gente con sus males.

Ellos no verán jamás, la perdiz y el gavilán
la vizcacha, el alacrán, el zorro y gato montés
no volverán otra vez, el picaflor y el zorzal
ya no queda un animal, en esa tierra al revez.

A cambiado para siempre, todo el paisaje campestre
esas plantitas silvestres, muchas de ellas, medicina
hoy los remplaza la mina, el poder y la ambición
de gente sin corazón, que con dinero domina.

Taladraron sus picachos, arroyos y bebederos
empolvaron sus potreros, el agua, el aire y la mies
el cholo cayó a sus pies, sometido y humillado
como si fuera pecado, ser pobre y rico a la vez.

Esas aguas cristalinas, del río Grande y Porcón
ahora ni siquiera son, confiables para tomar
la Quebrada Honda sin par, va cambiado de color
hasta la luna y el sol, ya no quieren alumbrar.

Unos… por dinero fácil, o las promesas bonitas
entregaron sus chacritas, su pan de generaciones
hoy rezan sus oraciones, al patrón San Sebastián
sin chacra, sueños, ni pan, solo odio en sus corazones.

Timaron a los paisanos, empresarios detestables
con cien soles miserables, que acabaron por comerse
hoy se arrepienten al verse, ya sin su tierra ni plata
con la rabia que los mata, sin saber a que atenerse.

Nuestra gente campesina, querendona y confiada
ahora no cree en nada, todo es dolo y más engaños
no han superado los daños, de yanacocha imponente
que desfiguró su ambiente, su campiña y sus rebaños.

Estos pobres campesinos, que criaban en esos cerros
hoy pelean como perros, enfrentados por doquier
esa armonía de ayer, de ayuda y darse la mano
lo han perdido los paisanos, sin llegarse a comprender

Si una comuna reclama, o algún líder atrevido
para ellos es pan comido, comprar honras y reclamos
dicen… hoy le regalamos, dos pizarras y una mota
seis chompas y su pelota, la escuela cuando podamos.

Dicen que regalan becas, plantas y hasta sementales
que dan trabajo a raudales, al paisanito cajacho
les engañan cual muchachos, dándoles algunos reales
los trabajos principales, son para otros con empacho.

Cajamarca ya no es más, aquella verde esmeralda
Hermosa… como guirnalda, de campiña forestal
la mujer angelical, de rostro blanco rozado
de pronto todo a cambiado, por pálido sepulcral.

Mi Cajamarca apacible, de copla y buena comida
ganadera, puro vida, de la leche y miel, la meca
hoy es puro discoteca, hostal y prostitución
delincuencia y perdición, por esa minera chueca.

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¡ Quilish no se vende !

Las viejas rapiñas de oro, Mining y Buenaventura
con vil oprobio y usura, ya nos vuelven a inquietar
se proponen explotar, el cerro Quilish entero
dándonos un golpe artero, por el cochino metal

A pesar del malestar, de nuestros pobres hermanos
que de pie alzaron las manos, aquel dieciséis de Abril
en todo un acto viril, de gargantas empolvadas
gritaron en las faldadas, en un reclamo febril

Con su autoridad edil, en un colorido manto
con gritos, vivas y llanto, cubrieron a sus laderas
con carteles, y banderas, y alma, henchida de emoción
expresaron su opinión, en esa fecha señera.

No fue una tarde cualquiera, allí gritaron ¡presente!
todas las layas de gente, hijos del Inca Señor
ahí exhibieron su honor, pueblanos y agricultores
las mujeres, los pastores, dijeron ¡NO! al agresor.

Repetían con ardor, ¡nuestro Quilish no se vende!
¡nuestro cerro se defiende! con sangre y hasta con vida
porque él, es agua y comida, es aire, luz y paisaje
no queremos más ultraje, ni más tierra sometida .

Cajamarca sigue herida, por el minero atrevido
y un gobierno premunido, con leyes a su favor
que nos quiere dar temor, cuando asumimos defensa
reprimiendo al que más piensa, defendiendo su color.

Defendamos a Quilish, de la obsesión desbordante
de esta minera arrogante, que lo quiere mutilar
no nos pueden engañar, con canon y regalías
que lo comen las arpías, de este gobierno inmoral.

Defendamos cada cual, hasta el último respiro
no permitamos ni un tiro, en esa cuenca sagrada
cuidemos nuestra quebrada, arroyos y pilancones
bebederos, filtraciones, el puquial y la cascada.

Paisanos de La Ramada, de Chilipampa y Vizcachas
con piedras, machete y hachas, lampas, picos y azadón
defendamos a Porcón, a la Paccha y Río Grande
hagamos que el pueblo mande, porque le sobra razón

Formemos un pelotón, de guapos cajamarquinos
con ronderos y vecinos, que en nuestra tierra se dan
todos seamos guardián, de Quilish y su tesoro
no dejemos que nuestro oro, se lleve cualquier rufián

Que nuestro San Sebastián, junto a los Apus sagrados
convoquen de todos lados, a santos de más poder
Santiago podría ser, como también San Ramón
los que dirijan la acción, frente al voraz mercader.

Si campanas por doquier, llaman con repiqueteo
hasta el patrón San Mateo, oirá en Contumazá
en un segundo estará, con Santiago y San Benito
arrojándolo al maldito, que nunca más volverá.

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Cajamarca ¡Dignidad!

Septiembre, ocho quedará, como un recuerdo imborrable
como un día memorable, de valor y ¡dignidad!
cuando toda la ciudad, con su rabia contenida
estalló en una estampida, de coraje y voluntad.

Salió la universidad, con su juventud resuelta
a sumarse a la revuelta, rompiendo su actitud parca
se levantó Cajamarca, como en aquel tres de Enero
que entre lluvia y aguacero, se rajó por su comarca.

Todos los pueblos que abarca, la ciudad cajamarquina
bloquearon calles y esquinas, gritando hasta el estertor
otra mina ¡¡NO SEÑOR!!… gemían mirando al cielo
como adelantando el duelo, de Quilish y su verdor.

¡¡No más un explotador!! en nuestro cerro querido
casi como un alarido, gritaban los campesinos
miles de cajamarquinos, en un ejemplo sin par
se unieron para extirpar, a mineros asesinos.

La parada Santa Rosa, se unió al Mercado Central
se unieron al vendaval, San Sebastián y Modelo
defendieron nuestro suelo, hasta los niños de escuela
jugándose su parcela, en sensacional revuelo.

De Quilish, ni un solo pelo, se juraban los paisanos
estrechándose las manos, en la plaza centenaria
con su simple indumentaria, de llanque, poncho y sombrero
le dijeron ¡¡ NO!! al minero, y a su sucia maquinaria.

La otra gente monetaria, limosnera y entreguista
no soportan la conquista, de un pueblo lleno de honor
hoy les duele hasta el ardor, al perder otra batalla
Cajamarca ya no calla, salimos de perdedor.

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¿Que nos creen?

Si decimos “no a las minas” es señal de negativo
que el reclamo, es sin motivo, y rabiamos de la nada
nos quieren boca cerrada, y humillado al ciudadano
que presto estire la mano, por la miga envenenada.

Ellos llevan la tajada, muy jugosa y suculenta
mientras la comuna hambrienta, solo olfatea el festín
se engullen todo el motín, como rapaces arpías
dándonos por regalías, unos mendrugos al fin.

Los hombres de maletín, de los gobiernos de paso
se arañan por un pedazo, del riquísimo bocado
otros vecinos de al lado, rumian su extrema pobreza
no se refleja en su mesa, ese “canon” tan mentado

Dicen que somos cerrados, y nos falta mente abierta
que nos gusta la reyerta, y espantamos la inversión
nos ven faltos de visión, de desarrollo y futuro
que nos da miedo el cianuro, por falta de información.

Nos llaman de oposición, rojos, verdes, comunistas
que hemos perdido la pista, por carecer de ideal
afirman que el mineral, trae trabajo y progreso
da divisas, es ingreso, y no hay nada de fatal.

Aquí no hay nada inmoral, dice el congresista inepto
sin ley, reglas ni precepto, cae el alcalde y el juez
dando leyes al revez, a favor del vil extraño
que exige al pueblo aledaño, a colocarse a sus pies.

Van y vuelven otra vez, como fieras al asecho
compran conciencias, dan techo y hasta escuelita fiscal
huelen con ansia el metal, en los cerros escondido
que unidos ante el bandido, no se lo debemos dar.

Que bien lo supo evitar, San Lorenzo en Tambo grande
en la base de los andes, Chubut con su gran Esquel
Quilish lucha sin curtel, con las Bambas y Chicama
Jujuy – Catamarca, claman, defendiendo su vergel.

Van como el oso a la miel, no pagan ningún impuesto
son ellos no importa el resto, sin control, menos patente
eso… que pague la gente, sin compadre ni padrino
cualquier hijo de vecino…….. Son otro tipo de gente.

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El agua… vale más que el oro

Pueblos en el mundo entero, se alzan en grito sonoro
pregonándonos que el oro, no es más, lo que se creía
ellos quieren la ambrosía, del río y el manantial
agua limpia del caudal, auque parezca ironía.

Miles claman a porfía, diciéndonos con su lloro
¡Vale el agua más que el oro! suena el eco en las quebradas
en las fértiles hoyadas, de Tambo Grande y Esquel
se oye el grito del tropel, de su gente en asonada.

En Quilish “no pasa nada” ni en Catamarca podrán
porque se unirán San Juan, Pascua Lama y Valedero
que nos escuche el minero, cuando gritemos en coro
¡Vale el agua más que el oro! la simiente y el potrero.

No es reclamo majadero, ni de gente pendenciera
decirle ¡NO! a la minera, con el acento más duro
no queremos más cianuro, ni sulfúrico mortal
ni extracción irracional que dañe nuestro aire puro.

Hagamos un solo muro, reclamando por decoro
¡Vale el agua más que el oro! sea desde hoy nuestro lema
que nadie en la estancia tema, al minero y su osadía
que su engaño y grosería, encienda más nuestra flema.

Resolvamos el problema, todos juntos a la vez
que sepa nuestra niñez, y registre en su memoria
la voz de convocatoria, y el esfuerzo que merezca
brindar con el agua fresca, festejando la victoria.

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Los topos del oro

Antes era, un cierto orgullo, decir esta tierra es mía
hasta que ha llegado el día, que no eres dueño de nada
por la idea trastocada, de los que imparten la ley
donde está en juego el mamey, y su sabrosa tajada.

Nos vienen con la jugada, que son dueños del subsuelo
títeres de medio pelo, que gobiernan a su antojo
apenas ponen el ojo, donde se encuentra el metal
les aflora el animal, para emprender el recojo.

Pueden estar en remojo, estos topos en crecida
con leyes a su medida, que siempre los beneficia
cuando choque su avaricia, con los pueblos afrentados
dispuestos y organizados, a luchar contra su ambicia.

¿Dónde estará la justicia? Para el dueño del potrero
para el pobre ganadero, y el exiguo agricultor
es que el topo engañador, pinta con mil beneficios
que al final son artificios, propios del estafador.

Es un lamentable error, la mina, jamás ha sido
alimento sostenido, de un pueblo trabajador
lo que a traído es dolor, agua sucia y más pobreza
eso que llaman riqueza, se lo lleva otro “señor”

Que salga el explotador, y el corrupto gobernante
fue suficiente el aguante, de nuestra gente dolida
está en juego la comida, y el agua de nuestros hijos
topos, a sus escondrijos, nosotros queremos vida.

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La maldición del oro

Desde que apareció el oro, en tiempos inmemoriales
mató los lazos cordiales, que unían la población
llegó como maldición, exacerbó las pasiones
alteró los corazones, como en un armagedón

se acrecentó la ambición, del rey todopoderoso
al ver al metal hermoso, entrar al palacio real
la lascivia y bacanal, el lucimiento y el goce
los celos y cuanta pose, fueron hallando sitial.

Se fue incrustando el metal, engalanando las cosas
a las mujeres hermosas, les cubrió el venusto cuello
adornó manos, cabello, lució en vistosos pendientes
en brazaletes y dientes, con fulgurante destello.

Para este indumento bello, fue escaseando el metal
el hombre saltó el bardal, del decoro y la decencia
se trastocó la conciencia, se confundió la razón
haciendo una explotación, sin medir la consecuencia.

No encontraron resistencia, en los pueblos oprimidos
llantos, penas y gemidos, jamás fueron escuchados
indios y esclavos vejados, por los “busca oro” mezquinos
rascaron los intestinos de nuestros Apus sagrados.

Hoy, desde arriba endiosados, compran leyes a su modo
cubren los ríos de lodo, los pastos y limpias fuentes
reducen gastos ingentes, explotando a tajo abierto
dejando al fin un desierto, con olores pestilentes.

La ignorancia de las gentes, como sus expectativas
los usan en sus diatribas, cuando quieren explicar
su sistema de explotar, y lo que pierde la gente
tildando de escasa mente, al que los quiere enfrentar.

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Dios, el diablo y el Oro

Dios, con su sabia bondad, puso en la naturaleza
agua, luz, aire, belleza, plantas, flores y aguacero
lo hizo al hombre jardinero, celoso y fiel guardador
de un mundo multicolor, sin asomos de taimero,

El diablo, gran trapacero, hurgó con astuto empeño
desfigurando el diseño, con “oro sucio” y dinero
convertido en vil minero, contamina abriendo tajo
con el mayor desparpajo, se lleva el botín entero

Oye bien, diablo embustero, el clamor del pueblo alzado
hasta hoy, mal visto, ignorado, privado de su riqueza
rumiando su hambre y pobreza, expropiado sin razón
sin participo en la acción, siendo el dueño de la mesa.

No ganará tu viveza, ni menos la componenda
que lo sepa bien y entienda, el minero embaucador
ya se incrementó el valor, del pobre con dignidad
se acabo la impunidad, con valentía y honor.

Defendamos el color, de nuestro cerros y valles
gritando en plazas y calles, caminos y carreteras
que retumben las laderas, que se oiga en todo lugar
el eco del despertar, de un pueblo con sus banderas

Nuestros ríos y praderas, condenados al infierno
a ser escombros y averno, de apariencia sepulcral
mantendrán su manantial, sus cultivos y verdor
no más el diablo traidor, con su maldito metal.

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“El agua sí, el oro no”

Se levantó Cajamarca, repitiendo en letanía
una frase que decía: “el agua si, el oro no”
esto tan fuerte sonó, que lo escuchó el mundo entero
hasta que el sordo minero, rabiando retrocedió.

Seguro hasta Dios llegó, la voz de la gente ahíta
desesperada, proscrita, con su sed de agua y justicia
se comunicó la albricia, por radio y televisión
saliendo la población, a festejar la noticia.

Frenamos a la avaricia, de Yanacocha indolente
con el grito de la gente: “el agua sí, el oro no”
el pueblo entero salió, las Iglesias se colmaron
hasta las aves cantaron, y el cielo se despejó.

Quilsh, por hoy se salvó, del saqueo y el pillaje
sus cuencas, y sus parajes, pronto reverdecerán
las gentes recordarán, el lema que repitió
“El agua sí, el oro no” y a Dios agradecerán.

Así que grite San Juán, Jujuy y Chubut entero
para extirpar al minero, que solo quiere el metal
con su actitud criminal, con sus engaños y usura
ensucian el agua pura, las represas y el canal.

Que se repita en Jáchal, “El agua sí, el oro no”
tan fuerte como se oyó, en Tambo Grande orgulloso
que nadie haga más destrozo, en el río y la quebrada
no más agua envenenada, por el minero ambicioso.

Que Mapuches sin embozo, con su fuerza milenaria
griten fuerte esta plegaria, “El agua sí, el oro no”
ese grito que salvó, a Quilish y Esquel anciado
resuene en el Corcovado, como jamás se escuchó

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Divina Naturaleza

Dios concibió nuestra tierra, de incomparable belleza
soberbia naturaleza, de inmensurable esplendor
como si el gran Creador, pusiera un bello mantel
o un cuadro de su pincel, de inmejorable color.

Eligió el verde de amor, que es vida, fe y esperanza
azul gris… en lontananza, donde el cielo besa el mar
a la luz crepuscular, le dio el reflejo de hoguera
se adornó con la pradera, y el agua en su acrisolar.

Como queriendo mostrar, su designio inescrutable
puso la mar insondable, cuencas, lagos por doquier
dispuso para beber, ríos, fuentes, manantiales
con agua limpia a raudales, que el hombre a de proteger.

Para todo menester, cubrió de hierba los prados
con plantas por todos lados, y los más ricos frutales
colocó los animales, de la especie más diversa
legó al hombre, paz y fuerza, poder y bases morales.

El oro y más minerales, los puso con precaución
distantes de la visión, en las entrañas del suelo
para evitar el desvelo, y alejar la tentación
cubrió de vegetación, como un verde terciopelo.

El hombre desvió su anhelo, hacia el metal escondido
como el fruto prohibido, lo rebuscó hasta encontrar
no reparó en ensuciar, la obra Divina y perfecta
con la actitud más abyecta, empezó a desenterrar.

Ya no interesa el lugar, ni el agua, ni medio ambiente
no entienden a tanta gente, que queremos conservar
los frutos, el pan llevar, los pastos y limpios ríos
nuestro aire puro y sembríos, nos quieren arrebatar.

El oro… ¿que puede dar? al humilde labrador
al mediano agricultor, o al pastor con su rebaño
nada… solamente daño, tristeza y desolación
el oro es de la ambición, del gobierno y el extraño.

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Oro Sucio

Porque siendo tan hermoso
Dios te guardó tan profundo
en las entrañas del mundo
oculto… en calmo reposo
te llaman metal precioso
todos te quieren tener
es que das lujo y poder
al que te posee ufano
convives con el profano
que atropella por tener.

Cuantos te quisieran ver
entre todas sus riquezas
reluciendo entre las piezas
de su falso embellecer
otros querrán merecer
esa presea dorada
en el pecho colocada
señal de ser el “primero”
o en anillo verdadero
Distingo de la casada.

Para otros, no vales nada
ni siquiera pueden verte
porque representas muerte
sed, oprobio y dentellada
a un gramo por tonelada
vas destruyendo la vida
ensuciando la comida
el agua y todo el ambiente
empobreciendo la gente
cada vez más oprimida.

Solo te dan bienvenida
los políticos mañosos
jueces todopoderosos
urgidos por la mordida
“oro sucio”… sangre, herida
autor de la corrupción
muerte, contaminación
enfermedad y pobreza
soberbia, engaño, bajeza
del minero y su ambición.

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Lamento Mapuche

Con todo mi sentir para mis hermanos Mapuches del «Río Corcovado»

Desde mi vieja pobreza,
con el alma herida y rota
entre lágrimas ignotas,
sin casi nada en mi mesa
atragantado en vileza,
mascullo entre rabia y pena
esta arbitraria condena,
a más hambre, sed y frío
cuando me dejen sin río,
este Gobierno y «La Elena»

Ellos con barriga llena,
no escucharán mi lamento
que saben del sentimiento,
hacia mi río y mi arena
si son ellos gente «ajena»
que llegó del extranjero
hoy me tildan zizañero,
cuando reclamo el absurdo
me motejan de palurdo,
ignorante y vocinglero.

Es que no entiendo el esmero,
de conseguir energía
quitándome a la porfía,
el río de mis ancestros
será que mis padrenuestros,
desde mi humilde bohío
se van gimiendo en el río,
como postrer despedida
cuando no hallo otra salida,
para defender lo mío.

Si… soy Mapuche sombrío,
laborioso y pertinaz
hombre de trabajo y paz,
amante de lo que es mío
de impotencia desvarío,
junto a mis hijos que adoro
abrazo a mi esposa y lloro,
viendo mi entrañable valle
hasta el último detalle,
como mi único tesoro.

Mi Dios, escucha mi imploro,
¡no maten mi corcovado!
este río Dios me a dado,
para vivir con decoro
aquí a transpirado el poro,
de mi progenie sagrada
no quiero que me den nada,
a mi pobreza me avengo
río… es lo único que tengo,
en esta tierra olvidada.

Esa represa mentada,
cubrirá nuestra comida
sepultará lo que es vida,
sobre nuestra tierra amada
acudan a la llamada,
hermanos del mundo entero
echemos al forastero,
que nos pinta otro futuro
preferimos el oscuro,
con agua… aunque sin dinero.