Comodoro Rivadavia, una ciudad marcada casi desde su origen por el extractivismo, había naturalizado la escasez y a veces la contaminación del agua, pero estas nuevas generaciones portadoras de otros conocimientos, otra escala de valores y enraizadas al lugar, deciden avanzar en la defensa del agua. Por ello, se movilizan cada vez más y piden un posicionamiento de oposición a la megaminería a los miembros del Concejo Deliberante de la ciudad, obteniendo reacciones esquivas de la mayoría de los ediles.

Por: noalamina.org

La ciudad de Comodoro Rivadavia nace por su condición de espacio costero, cuando allá por 1901 se buscaba una salida al mar para fomentar el comercio de los productos de la Colonia Ideal (hoy conocida como Sarmiento). A partir de 1907, el descubrimiento del “oro negro” impulsó su crecimiento y enriquecimiento, convirtiéndola hoy en la ciudad más poblada del Chubut con 173.000 habitantes (Censo 2010).

El atractivo del trabajo bien remunerado del petróleo, congregó a cientos de miles de personas que en calidad de trabajadores golondrina permanecían variados períodos de tiempo en el lugar, y finalmente con el dinero obtenido decidían radicarse en otras regiones del país menos exigentes. No obstante, también hubo muchos otros que eligieron la zona como el sitio donde construir un hogar. Y así, con el transcurso de los años, poco a poco los pobladores comenzaron a echar raíces, logrando también que las nuevas generaciones decidan quedarse a habitar este suelo patagónico.

El amor al territorio, empuja la voluntad de buscar una mejor calidad de vida, entendida no solo como contar con dinero, sino también contar con un sitio digno en el cual vivir, para que los hijos de sus hijos tengan la posibilidad de seguir eligiendo Comodoro.

En esta modificación de los lenguajes de valoración, existe un bien común, imprescindible para la vida, que recobra un lugar prioritario: el agua. Si bien en Comodoro Rivadavia se había naturalizado que la actividad petrolera no podía ser cuestionada, estas nuevas generaciones portadoras de otros conocimientos revelaron a los ojos de sus madres, padres y abuelxs que el verdadero bien esencial, antes que el oro negro, es el agua y que es necesario luchar en su defensa.

En este contexto, en la provincia de Chubut aparece una nueva amenaza en el año 2002 más devastadora y contaminante que el petróleo como es la megaminería. La sanción de la Ley 5001 en el año 2003 parecía protegernos de la actividad, pero constantemente se intenta habilitarla en ciertas “zonas de sacrificio” del territorio provincial.

Desde el año 2003, poco a poco a través de distintas organizaciones ambientalistas y de docentes universitarios, los vecinos han ido concientizándose de la gravedad de su implementación, pero es en la actual embestida del “lobby minero” cuando crece el rechazo masivo y la gente lo manifiesta en la calle.

En todos estos años han sido variadas las actividades de difusión sobre la megaminería que se han realizado en la ciudad, entre otras: charlas informativas en ámbitos comunitarios o universitarios, intervenciones en instituciones, mesas informativas en plazas públicas, marchas cada vez más numerosas, el Encuentro Regional por el Agua (organizado por el Foro Ambiental y Social de la Patagonia CR).

Las acciones se multiplican en distintos ámbitos y tal como se publica en el Diario Crónica (29/12/19), vecinas de un grupo autodenominado “En Defensa del Agua y por el No a la Megaminería” se presentaron en el Concejo Deliberante de Comodoro Rivadavia para entregar un petitorio y dialogar con los concejales. El objetivo fue solicitar un posicionamiento por parte de los ediles, pedir que “los integrantes del Concejo Deliberante se manifiesten en contra del posible avance de la minería en la provincia”.

Sin embargo, varios representantes del poder legislativo local se desentendieron de la situación alegando las justificaciones más irresponsables y ridículas. Viviana Navarro quien fuera diputada provincial y actual concejal del Frente de Todos, dijo desconocer la existencia de algún proyecto en estado parlamentario sobre megaminería. Dijo además que tomará posición en función de lo que plantee un posible proyecto y afirmó hace unos días que “poco podemos hacer los concejales de Comodoro de tomar posición porque no tenemos conocimiento”. Esta expresión no es más que una evasión de alguien que durante 4 años ocupó un cargo legislativo, durante la existencia del proyecto de zonificación minera y que, en varias oportunidades, incluso durante una sesión legislativa se expresó abiertamente a favor de la megaminería.

El concejal Daniel Vleminnchx no hizo algo diferente, ya que argumentó que “desde el Bloque del Frente de Todos tenemos el criterio de escuchar a todos los vecinos” modificando y eludiendo también el pedido concreto de los vecinos.

Por otro lado, la concejal y presidente del bloque Juntos por el Cambio, Ana Clara Romero, aseguró no tener definida dicha cuestión debido a que “no tenemos información de algún proyecto minero presentado ni en desarrollo en la provincia”.

Solamente un concejal radical que conforma el nuevo Bloque R.R.Alfonsín, Omar Lattanzio, manifestó su “apoyo a la decisión que tomó el Concejo Deliberante de Cholila” mostrándose abiertamente “en contra de la megaminería”.

Además, los vecinos solicitaron información sobre la calidad del agua potable de la zona (sobre todo en referencia a la presencia o ausencia de metales pesados), exigiendo que los resultados sean públicos, conocer la cantidad del agua potabilizada del acueducto que consume la industria petrolera y lo que la misma paga por el agua.

Este avance en la organización de los movimientos socioambientales en el sudeste de la provincia es el reflejo de un reclamo que sigue tan vivo como siempre. Las problemáticas locales como los negociados inmobiliarios que afectan los espacios públicos, la salud de las playas, la presencia de pasivos ambientales de la industria petrolera, los constantes cortes de agua a lo largo de todo el año, la dificultad en el acceso al suelo urbano, el transporte de cargas peligrosas por el centro de la ciudad, motivan a diversos sectores de la población no solo a denunciar, sino también a involucrarse para buscar soluciones. Pero lo que lleva a que las personas quieran participar, es el cada vez más evidente entramado de intereses empresariales que, de la mano de funcionarios funcionales, deciden sobre los bienes comunes de una ciudad cada vez más despierta. Dentro de todos estos temas, aparece de manera constante el fantasma de la megaminería. La ciudad extractiva por excelencia, sabe de ausencias y si algo tiene para decir, es que el agua vale mucho más que el oro sin importar si este es dorado o negro. Mientras tanto, el Concejo Deliberante de Comodoro Rivadavia tartamudea y se queda sin tiempo para ponerse a la altura de las circunstancias: el pueblo ya decidió.