Belén y Santa María, Catamarca, Argentina – 21/05/08. Como el Estado provincial catamarqueño y los municipios son «socios» de la empresa y han defeccionado en sus obligaciones de contralor, ningún organismo estatal controla con seriedad e independencia los posibles efectos nocivos sobre la salud y el medio ambiente. La Alumbrera es la que contrata a laboratorios privados para medir cuando contamina, se autorregula. Pero, por la dudas, la mina trazó una política de contratación de personal diversificada. En Belén, Alejandro Zalazar, radiólogo del hospital, le aseguró a La Capital que los casos de cáncer son más de lo normal. Pero «para evitarse problemas, desde 2005 el hospital de la zona dejó de brindar los datos estadísticos de enfermedades, y causales de muerte en la ciudad».
Fuente: La Capital

Las ambulancias son donadas por Bajo la Alumbrera. El cianuro fue, y hay quienes aseguran que continúa siendo —la empresa lo niega— , el clásico elemento químico imprescindible para separar las partículas de oro que obtiene La Alumbrera del resto de los materiales que luego se desechan en un gigantesco reservorio (también a cielo abierto, tipo lago artificial) denominado dique de cola.

El cianuro es el gran fantasma contaminante de la industria minera a cielo abierto. Sólo el tiempo, y el seguimiento pormenorizado en la salud de los trabajadores y pobladores vinculados por cercanía a la mina —a través de las aguas y del aire enrarecido que producen las detonaciones diarias de dinamita—, dirá si produce o no consecuencias en la salud humana.

Once años. Bajo la Alumbrera lleva ya once años funcionando. La empresa jura y perjura que todos sus procedimientos son inocuos, pero decenas de organizaciones de pobladores opinan lo contrario, y en la encantadora Andalgalá, cuando abrió la minera en 1997 había dos farmacias, «hoy son 11, y todas trabajan bien», indicó el vecino ambientalista Urbano Cardozo a La Capital.

Descontrolados. Como el Estado provincial catamarqueño y los municipios son «socios» de la empresa y han defeccionado en sus obligaciones de contralor, ningún organismo estatal controla con seriedad e independencia los posibles efectos nocivos sobre la salud y el medio ambiente.

La Alumbrera es la que contrata a laboratorios privados para medir cuando contamina, se autorregula. Pero, por la dudas, la mina trazó una política de contratación de personal diversificada.

En ninguna de las tres ciudades principales cercanas a la mina (Santa María, Belén y Andalgalá, de 15 mil habitantes promedio cada una) habitan más de 80 a 100 obreros directos de la empresa. El resto de los 1.800 trabajadores directos de La Alumbrera se esparcen en ciudades más lejanas y provincias vecinas como La Rioja, Tucumán, San Juan y Córdoba, e incluso Chile.

Siete por siete. Al sistema lo permite una peculiaridad del empleo minero: los trabajadores viven siete días (con jornadas de 12 horas) en la confortable hotelería que tiene la mina y luego descansan otros siete días en sus hogares. Es el régimen 7 x 7.
Los traslados están a cargo de la empresa, incluso en avión, si amerita.

Bajo la Alumbrera cuenta con aeropuerto privado, propio, con una pista de dos mil metros, junto a la ruta que une a la ciudad de Belén con la de Santa María.
La estrategia parece clara: evitar que en una misma comunidad los obreros    de la mina hagan masa crítica y, por caso, empiecen a modificar las estadísticas de muertes por cáncer en el hospital local.

Las sombra de alumbrera en las enfermedades de la población

En Belén, Alejandro Zalazar, radiólogo del hospital, le aseguró a La Capital que los casos de cáncer son más de lo normal. Pero «para evitarse problemas, desde 2005 el hospital de la zona dejó de brindar los datos estadísticos de enfermedades, y causales de muerte en la ciudad», explicó Zalazar, un hombre que decidió no dejarse arrastrar por la red de complicidades políticas, económicas y sociales que persistentemente construyó Bajo la Alumbrera en Catamarca. «Por mi hijo», asegura.

En Belén y en Andalgalá, pleno corazón minero de Catamarca, Bajo la Alumbrera esponsorea (al estilo marca de gaseosa o cerveza) a casi todas las instituciones de la región: la minera ha donado al hospital público ambulancias que lucen el logo en sus puertas; las escuelas tienen cartelería de La Alumbrera; en el señalamiento urbano los nombres de la calles se leen sobre el logo de la explotación y también aparece su nombre en los clubes deportivos y organizaciones civiles de amplio rubro.

Por otra parte, «las directoras de las escuelas —muchas ganadas por el lobby de la mina— directamente enseñan a los chicos a redactar notas pidiéndoles elementos a la empresa. Solicitan ayuda económica para los viajes de estudio, las camisetas del equipo de fútbol, o piden aportes para pagar un ómnibus para hacer un viaje. Lo que se te ocurra, se lo pedís a La Alumbrera y te lo entrega, o al menos pone la mitad», contó a La Capital el maestro y profesor de Belén, Lucas Aibar.

Con los fabulosos precios internacionales del oro y del cobre, y las benéficas leyes argentinas confeccionadas durante la década de la gestión de Menem y Cavallo — a medida de los inversores multinacionales—, aún vigentes y no modificadas por el actual gobierno, la inversión minera extranjera amenaza de manera explosiva en la Argentina.
Decenas de nuevos proyectos hacen cola en la Secretaría de Minería de la Nación para su aprobación, algunos muy avanzados como el emprendimiento Agua Rica, muy cercano a Bajo la Alumbrera, que está a punto de darle el golpe de nocaut a la región.

Acusan a las mineras de evitar los controles con «dinero bajo la mesa»

La mina llegó para generar prosperidad y puestos de trabajo, pero en Santa María lo que más crecieron fueron los planes Jefas y Jefes de Hogar. «Pasaron de 1.200 a 3.000 luego de 2002, y siguen creciendo», explicó a La Capital el ingeniero Roque Chaile, activista ambientalista de Santa María.

Los planes de ayuda, hoy pauperizados al extremo, de 150 pesos, van mayoritariamente a manos de campesinos dueños de minifundios (unas 3 hectáreas), que se quedaron sin agua para producir, y cayeron en la indigencia.

Desde los subsuelos del valle donde se sitúa la gigantesca mina se extraen para la utilización del proceso industrial minero unos 80 millones de litros de agua por día. Se concreta mediante transvasamiento de cuenca, una actividad perimida. La Alumbrera paga un canon por el uso del agua: 0,03 peso por cada mil litros, unos 2.400 pesos por día. «Esto nos provocó la sequía de nuestro río (Santa María), que sostiene una red de productores minifundistas», amplió en Santa María, Roque Chaile, ingeniero que se especializa en el tema aguas subterráneas: su actividad consiste en realizar perforaciones para obtener agua, un bien vital que no está a la vista en la superficie del desierto catamarqueño.

Dinero en negro

Los tan discutidos planes Jefes y Jefas de Hogar, se sabe, son administrados por los municipios. Decenas de testimonios y evidencias relevadas por este diario en las tres comunidades cercanas a La Alumbrera (Santa María, Belén y Andalgalá) confirman el vínculo estatal y con la compañía: «La Alumbrera pasa dinero en negro, financiando la política. A todos los candidatos, al que va a ganar y a los que van a perder, también. Si tuvieran que pagar un precio justo por el agua que usan, les saldría mucho más caro», analizó Chaile.

—¿Tienen acreditado que La Alumbrera financia la política local y provincial, con dinero en negro?

—Absolutamente, con dinero por bajo la mesa, que es mucho menos del que deberían invertir en los controles necesarios para evitar la contaminación. Pero no todos en Catamarca ven a La Alumbrera como un mal a combatir. Los empleados directos del emprendimiento —entre 50 y 100 personas en cada una de las tres ciudades— viven siete días en buenas condiciones dentro de la mina —jornadas de 12 horas de trabajo y 12 de descanso—, y luego vuelven por siete días a sus hogares. Disfrutan salarios básicos desde 3 mil pesos, cifra que ningún operario obtiene en Catamarca, y todas las coberturas sociales y médicas. Eso sí, nadie que trabaje en la mina está autorizado a dialogar con la prensa.