Así dice mi hermano Christian resumiendo la jornada del miércoles pasado en Arequipa en que volvió a aparecer la «mano dura» que algunos creen que era lo que faltaba para asegurar los intereses de la Southern.

 

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Por Raúl Wiener publicado en Diario Uno
Cateriano, aún sin voto de confianza, ha regresado al punto en que Valdés tuvo que abandonar el premierato dejándolo en manos de una conducción amorfa como la de Jiménez, que lo primero que hizo fue dejar en el aire el proyecto Conga.

Podría decirse que Cateriano imagina que lo único que tiene a mano para detener el enfriamiento creciente de la economía, es abrir paso, aunque sea por la fuerza bruta, a Tía María y de ahí vendrán otras inversiones. Lo que prueba que es neoliberal pero de economía no sabe nada.

Humala es el único gobierno que tropieza con una piedra y después se busca otra parecida para volver a caerse, como si no entendiera que sus discursos sobre la inclusión solo podrían tener sentido con la participación social y el respeto a las opiniones de la gente.

Hay una evidencia maciza que indica que la población de El Tambo jamás va a estar contenta con que un valle rico y hermoso como el que habitan desde hace muchas generaciones, tenga que coexistir con el ambiente de tajo abierto, maquinarias, camiones, que crea la gran minería.

Por supuesto que en los barrios acomodados de Lima y otras ciudades no aceptarían una impertinencia de este tipo, como que se arman protestas por grifos, edificios demasiado altos y hasta guarderías, que afectan las condiciones residenciales.

La cerrazón de los habitantes de Islay ha sido evidentemente acicateada por la ostensible alianza del Estado con la Southern, que ha querido injertar en paquete y verticalmente un proyectote sobre un mundo que siempre fue de pequeños agricultores.

Como la mina no es de ellos y sus «beneficios» ni se sienten, ¿por qué tendrían que ceder por un poco de dinero que irá a la administración regional?, ¿por qué sacrificar su forma de vida, si ellos nunca fueron sino pacíficos trabajadores que no se metían con nadie?, ¿por qué ahora son antimineros y hasta «terroristas» porque no siguen la ley de la Southern?

La muerte de un agricultor es el inicio de una cuenta sangrienta que ha empezado demasiado rápido para el nuevo primer ministro. Y el hombre sigue con su cara dura y seca, como si hubiera asimilado modales militares en el Ministerio de Defensa.

El hecho es que no le van a ganar a Arequipa. El 2002, Rospigliosi recomendaba meter bala para parar la huelga de los arequipeños y lo que consiguió fue muertos y heridos, junto al recuerdo eterno de un pueblo al que no se atreve a volver. Nadie podría creer que ahora va a ser diferente.