Con las solitarias reservas de Bolivia, Ecuador y Venezuela, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible aprobó el documento El futuro que deseamos. Decepcionante para algunos, esperanzadora para otros, Río+20 finalmente no ofreció grandes sorpresas y sus acuerdos siguen más la línea de la Conferencia de Johannesburgo del 2002 que la de la primera Cumbre de la Tierra Río’92.

Fuente: Comunicaciones CAOI

23/06/2012. El Estado Plurinacional de Bolivia expresó sus reservas respecto a la economía verde como mecanismo de la privatización de la naturaleza y reivindicó el derecho soberano de los Estados a elegir sus propios modelos de desarrollo sostenible. En ese marco, rechazó los «mecanismos innovadores de financiamiento» como los mercados de carbono y de agua, los servicios ambientales y en general la mercantilización de la naturaleza.

El documento presentado por el Estado Plurinacional de Bolivia señala además que la seguridad alimentaria debe entenderse como soberanía alimentaria. E interpreta que el fortalecimiento de las capacidades en ciencia y tecnología comprende los saberes y conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas.

El movimiento indígena presente en Río+20 llevó una serie de propuestas a la Conferencia, algunas de las cuales aparecen, aunque muy diluidas, en el documento aprobado. Miguel Palacín Quispe, Coordinador General de la CAOI, anunció que los pueblos indígenas y sus organizaciones realizarán un análisis más profundo no solo del texto de El futuro que deseamos sino de las estrategias de desarrollo sostenible propuestas por los diversos bloques estatales en la Conferencia.

Resultados decepcionantes en Río+20

Los pueblos indígenas lo advertimos desde el principio: sin romper los marcos del capitalismo y adoptar un nuevo paradigma civilizatorio es imposible lograr soluciones reales a la crisis climática. La decepción y el escepticismo que hoy marcan el final de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible nos dan la razón. El propio Secretario General de la ONU Ban Ki-moon ha admitido que esperaba de Río+20 un documento más ambicioso que el que ha sido aprobado por los negociadores.

Entre los mandatarios que han manifestado su descontento el más claro ha sido el presidente de Uruguay, José Mujica, quien afirmó que el mundo necesita urgentemente reformar el modelo económico, dominado por las fuerzas del mercado y el consumismo, para salvar el planeta. Y señaló que las medidas acordadas por los negociadores no atacan la verdadera causa de la crisis, que es ese modelo económico.

Los pobres resultados de Río+20 fueron atribuidos por el presidente cubano Raúl Castro a la falta de voluntad política e incapacidad de los países desarrollados para actuar conforme a las obligaciones que se derivan de su responsabilidad política y posición actual. Su colega ecuatoriano Rafael Correa agregó que mientras no exista un cambio en las relaciones de poder no habrá acuerdos para la reducción de las emisiones de gases contaminantes ni para adoptar una declaración universal de los derechos de la naturaleza. Y el presidente boliviano Evo Morales propuso que todos los países nacionalicen sus recursos naturales para evitar su mercantilización y garantizar su acceso a toda la población.

Desde la otra orilla, el grupo europeo emitió un comunicado en el que señaló que el documento aprobado por los negociadores avanza en las metas del desarrollo sostenible y en el reconocimiento del papel de la economía verde como un instrumento para alcanzarlas. Es decir, más de lo mismo: soluciones basadas en los mecanismos del mercado, la mercantilización de la Madre Tierra, que no resuelven la crisis sino que la profundizan, vulnerando además los derechos humanos y colectivos.

Brasil, el país anfitrión, considera que la cumbre no ha sido un fracaso. También el presidente colombiano Juan Manuel Santos y el ministro del Ambiente peruano Manuel Pulgar Vidal expresaron optimismo frente a los acuerdos. Sabido es que estos gobiernos sustentan las economías de sus países en la minería, establecida oficialmente por Santos como una de las «cinco locomotoras del desarrollo», mientras que el Perú está en estos momentos sacudido por conflictos sociales producidos por la imposición de esta actividad en territorios indígenas.

Sociedad civil

Las organizaciones no gubernamentales presentes en Río+20 coincidieron en expresar su decepción por los resultados de Río+20 y en pedir que se retire la referencia a la sociedad civil en el texto de los acuerdos, no solo porque sus representantes no tuvieron una real oportunidad de alcanzar e incluir sus observaciones sino porque no aprueban dichos acuerdos.

«No hubo un adecuado proceso para involucrar a la sociedad civil, el diálogo recién empezó en vísperas de la sección de alto nivel y no hubo medios para poder incidir porque el texto ya estaba cerrado», señaló Bárbara Stocking, directora ejecutiva de Oxfam.

Ecologistas en Acción criticó la apuesta por una economía verde porque «incorpora a la lógica del mercado los bienes naturales que son de todo el planeta». Para Daniel Mittler de Greenpeace el resultado de Río+20 es un desastre. «Los países ricos han creado una nueva definición de hipocresía», agregó, criticando especialmente a la Unión Europea por su falta de compromisos.

Para Kumi Naidoo, director ejecutivo de Geanpeace, el documento El futuro que queremos es «un fracaso épico». Agregó que «cuando hay intereses económicos, los países olvidan las diferencias ideológicas y saltan juntos a la cama».

La sensación general de fracaso fue expresada por José Luis Blasco de KPMG con la frase «las tendencias más pesimistas que se apuntalaban en 1992 se han hecho realidad». Y Rémi Parmentier de The Varda Group dio la estocada final: «Creía que los líderes venían a salvar el planeta; ahora veo que vinieron a salvar la cara».