Londres, Reino Unido – 20/10/07. Luis Claps realizó la siguiente entrevista a Roger Moody, editor principal del sitio web Mines & Communities, investigador y activista, Rooger Moody ha trabajado con comunidades afectadas por la minería en las últimas tres décadas. «Cuando uno mira el poder de la industria, consiste básicamente en que las empresas mineras pueden ir a los inversores con algunos papeles sueltos, algunas indicaciones vagas, y eso les basta para juntar un montón de dinero en el mercado. De algún modo, la lucha más difícil parece ser romper esta credibilidad que les permite conseguir dinero de bancos medianos e incluso grandes, sin mostrar nada concreto al final del día» asegura.
Por Luis Manuel Claps publicado en Oro Sucio

Roger Moody: «El poder de las empresas mineras parece arrollador, pero no lo es»
Por Luis Manuel Claps
Londres, 20 de octubre, 2007

Editor principal del sitio web Mines & Communities, investigador y activista, Rooger Moody ha trabajado con comunidades afectadas por la minería en las últimas tres décadas. Entre otros, publico «Plunder!» (1991), «The Gulliver File. Mines, people and land: a global battle ground» (1992), «The risks we run. Mining, communities and political risk insurance» (2005) y «Rocks & Hard Places. The globalization of Mining» (2007). «Cuando uno mira el poder de la industria, consiste básicamente en que las empresas mineras pueden ir a los inversores con algunos papeles sueltos, algunas indicaciones vagas, y eso les basta para juntar un montón de dinero en el mercado. De algún modo, la lucha más difícil parece ser romper esta credibilidad que les permite conseguir dinero de bancos medianos e incluso grandes, sin mostrar nada concreto al final del día» asegura.

– Tu último libro, «Rocks and Hard Places, The Globalization of Mining», termina con una cita a la Asamblea de Vecinos Autoconvocados por el No a la Mina de Esquel. ¿Por qué elegiste ese cierre para el libro?

En primer lugar, no quería escribir una conclusión, que es la manera más frecuente de terminar este tipo de libros, sino dejar al lector como si estuviera en el borde, preguntándose qué hacer o cómo enfrentar la cuestión minera. Y también quería dejar en el final del libro un sentimiento positivo. En estos años de trabajar sobre la minería, he participado en muchas conferencias y eventos donde nos sentíamos por un lado cargados de una gran energía, pero a la vez completamente abrumados con el programa que queríamos llevar adelante. Y muchas decisiones que se tomaron en esas reuniones, no pudieron cumplirse. Pensé que podría ser distinto esta vez…
Pero otra razón es que en los últimos 15 años varias organizaciones ambientales y de derechos humanos se han involucrado en la cuestión minera, y como sabemos por nuestra conferencia de esta semana han sido inducidas a forjar alianzas con las grandes empresas, dando lugar a un consenso muy preocupante: trabajar sobre la industria minera significa básicamente sentarte a discutir con ellos cómo modificar sus prácticas. Se ha perdido, lamentablemente, un análisis sobre la naturaleza del capital y los daños que este provoca a lo largo de todos los sectores económicos que había surgido con fuerza en los años 70. Y no porque la Unión Soviética haya caído, ya que era más bien un buen ejemplo de capitalismo estatal. Pocos hablan hoy de la naturaleza del capitalismo, y la industria minera es uno de los ejemplos más sofisticados de cómo opera el gran capital a través de una larga serie de instituciones multilaterales, bancos, aseguradoras, etcétera. Muchas campañas por el tema minero parten de una aceptación, de algo dentro tu cabeza que te dice: la manera en que la industria minera está estructurada va a mantenerse para siempre… podes tocar o cambiar algunos aspectos, corregir algún detalle, pero la estructura no va a cambiar. Muy pocos se hacen esta pregunta básica: ¿cómo es que uno de los sectores económicos más importantes para la humanidad está en manos del capital privado?
Yo hago esa pregunta en el comienzo del libro, y no vuelvo a ella porque quiero que el lector se siga haciendo esa pregunta. Cómo es que, incluso activistas como nosotros, hemos llegado a pensar que la minería, inevitablemente, debe hacerse por medio de grandes empresas, sean estatales o privadas. Cuando al mismo tiempo, y de manera creciente, mucha gente viene sosteniendo que los bosques y especialmente el agua nunca deberán ser privatizados. Entonces tenemos que volver a aquellos análisis, del otro lado del tablero, y repensar los minerales como bienes comunes que no pueden ser apropiados por el capital privado o los estados. Y me parece que los resultados que se están logrando a partir de las luchas sociales particularmente en América Latina, pero no solamente allí, revelan la presencia de esta idea en el corazón de las comunidades: los bienes comunes nunca serán apropiados por el capital, porque son de todos…
Esto vuelve a aparecer de manera recurrente en otras sociedades y en otros ejemplos de resistencia. Trabajando con pueblos originarios de Australia, a finales de los años 70 y comienzos de los 80, no había una reunión o evento en la que alguien se pusiera de pie y dijera: «la Tierra es nuestra madre». Esto estaba también en cada comunicado de prensa, cada declaración. Básicamente estaban diciendo: «no podemos vender a nuestra madre…»
Y otra idea que quiero cuestionar en el libro, es que existe un modo de poner valor monetario a estos bienes comunes. Es decir, de algún modo es posible, porque muchas luchas han buscado conseguir una compensación de las empresas mineras y para ello hay que poner un precio. Pero los recursos minerales, por el hecho de ser finitos, nunca pueden tener un precio por que no se sabe cuál podría ser su valor en el futuro. Podría ser que en 20 años el valor de mercado del oro sea nada, o podría ser que aumente dramáticamente, cien veces más que su valor actual. Y tampoco es posible ponerle un valor a la pérdida en el largo plazo que genera la actividad minera. Es un ejercicio imposible.
Vos sos una familia, ¿no? Esta es tu tierra, pero te vas a tener que ir… vas a poder volver dentro de unos años, mientras tanto nosotros sacamos los minerales, y tendremos que cortar esos árboles de mango y ese pequeño bosque, y por unos 30 años no vas a poder cruzar a donde tenes tu ganado, sino que vas a tener dar toda esta vuelta. Ah! Y también vamos a tener que desviar ese río… Hubo intentos de poner todo eso en un acuerdo, y por ejemplo en India hay un precio de mercado por la pérdida de un árbol. Lo que es ridículo.
Hay un buen ejemplo de esto. Justamente la semana pasada se llegó a un acuerdo después de décadas de una lucha que comenzó cuando cayó el régimen del Apartheid, y un nuevo gobierno llegó al poder en Sudáfrica. Comunidades de la tribu Mamma que habían sido forzadas a resignar billones de dólares en diamantes que estaban en su territorio, usaron la ley de tierras que había impulsado el nuevo gobierno para reclamar sus títulos de propiedad. Este nuevo gobierno había dicho: nosotros vamos a dejar el Apartheid en el pasado. Y siendo los fundamentos del Apartheid separar a los negros de sus recursos, y que esos recursos sean capturados y explotados por los blancos, o por el capitalismo blanco, en un comienzo había muchas esperanzas. Y se llegó a pensar que el gobierno sería capaz de nacionalizar toda la tierra en Sudáfrica, pero de hecho nunca ocurrió.
Los Mamma van al nuevo gobierno a reclamar por sus tierras, y el gobierno rechazó esos reclamos. Básicamente estaban diciendo: no vengan a nosotros a protestar, esos acuerdos fueron firmados bajo el Apartheid, ¡este es un gobierno nuevo! ¿Podes pensar en una forma más abjecta de traición que esa? Y de hecho la empresa que continuó la explotación de diamantes, Alexcore, era estatal porque había sido nacionalizada… El caso llegó a la Corte en el año 2003. La comunidad reclamaba una suma de dinero que creo que era 500 millones de Rands pero no recuerdo bien la cifra ahora. La Corte falla en su favor, diciendo que la nueva ley de tierras claramente otorga los títulos a esas comunidades que han vivido allí por generaciones. El gobierno apeló ese fallo, y hace solo dos semanas las comunidades han vuelto a la Corte porque la compensación que finalmente recibieron fue solamente una fracción de lo que habían reclamado originalmente. Y el punto es: ¿en base a qué se determina esa compensación? Porque se les compensó por las pérdidas desde que el nuevo gobierno llegó al poder, pero no por las décadas y décadas pasadas. Y no se puede evaluar eso, digamos: podrían haberles dado 10 dólares o podrían haberles dado 1000 dólares por hectárea, y uno podría argumentar que incluso si les dieran ese dinero multiplicado por 10, tampoco allí habría una evaluación adecuada de sus pérdidas.
De manera que… bueno, no me acuerdo por qué llegamos allí… Volviendo a tu pregunta original, por qué terminé el libro citando a la Asamblea de Esquel… fue porque sentí que de nuestras discusiones y de todos los materiales que publicamos en el sitio, muchas de aquellas preguntas básicas que te mencionaba antes parecen estar emergiendo de nuevo en América Latina, más que en ningún otro lugar. Y los análisis sobre el veneno del capitalismo que se hacían hace 25 años y parecían extinguidos, quizá estén emergiendo de nuevo.

– Pero en un contexto donde las empresas mineras tienen más dinero y poder que nunca antes…

Yo creo que emergen de nuevo justamente por eso, por ese contexto. Esto es una cuestión de ciclos. Hay mucha gente que está dispuesta a creer en las promesas de la industria, y en muchos casos las ONG todavía lo hacen… ¡porque ya han sido corrompidas! Precisamente porque miran a las empresas mineras y dicen: ahora tienen este enorme poder, que traten al menos de hacer algo bueno con él… sin darse cuenta que es el hecho mismo de haber reclutado ese enorme poder lo que las corrompe y les impide usarlo para el bien común. Muchas ONG, realmente no parecen entender. Esto apareció en nuestra reunión de esta semana, cuando un asistente se levantó y dijo: «¿por qué estamos hablando de manera confrontativa? ¿No deberíamos sentarnos a charlar con las empresas?» Es decir, una postura inocente en el mejor de los casos, que ve a las empresas como buenas instituciones. Las empresas nunca van a ser buenas instituciones. Lo más que han hecho es tener una política de relaciones públicas, otorgar becas y otras cosas. Creo que va a tomar un largo tiempo para que las ONG decidan darse vuelta, en un contexto en que las empresas tienen tanto poder de influencia en los gobiernos pero también en la sociedad.
Yo trabajé en un grupo de apoyo para que Namibia logre su independencia de Sudáfrica, que había ocupado ilegalmente el país por unos 20 años. Con el fin del Apartheid, hubo un fuerte efecto dominó en Namibia. Río Tinto tenía la mayor empresa extractiva en el país. Había comenzado a construir la mina Rössing en 1976, desafiando un decreto de las Naciones Unidas relativo a los recursos naturales de Namibia. De hecho, se lo conoció como el Decreto Número 1 de las Naciones Unidas… primero y único, porque nunca hubo otro… ¡Ja, ja! Si… Este decreto prohibía que cualquier individuo, empresa o gobierno explotara ni un gramo de los recursos del país, y no solamente minerales, también madera, bosques, etc. Y Río Tinto violó ese decreto, que había sido promulgado en 1974, al abrir la mina en 1976 con apoyo absoluto del gobierno británico.
Namibia logró la independencia creo que en 1989, antes que Sudáfrica. Durante ese período de 15 años, en el que la mina se convirtió en la mayor explotación de uranio en el mundo, y la más rentable para Río Tinto, la empresa desarrollo una cuidadosa estrategia sabiendo que Namibia en algún momento lograría la independencia. Esta minuciosa estrategia consistió en generar una dependencia a la empresa en aquellos que iban a liderar el futuro gobierno soberano. Entregaron becas para que los jóvenes de Namibia puedan estudiar en Inglaterra. A pesar de que el grupo que lideraba la lucha por la independencia (SWAPO, South West Africa Peoples Organization) había dicho «vamos a usar el decreto de Naciones Unidas, vamos a cerrar la mina, vamos a expulsar a Río Tinto y vamos a recuperar cada centavo que la empresa se llevó de nuestras tierras…» ¿Qué pasó? Luego de una semana del nuevo gobierno en el poder, el presidente Sam Nujoma fue a Río Tinto a rogarle que se quede en el país.
Irónicamente, en ese momento Río Tinto quería cerrar la mina porque el mercado del uranio iba cuesta abajo, después del desastre de Chernobyl. Entonces tenías esta imagen bizarra en la que el presidente, que pertenecía a un partido político que había dicho que llevaría a Río Tinto a la justicia por todo el daño cometido – que es incalculable – le suplicaba que se quede en el país por la dependencia que Río Tinto había creado, al ser el mayor generador de divisas para la balanza comercial. Una colega anduvo por allá en aquel momento y la pobre estaba impresionada porque cuando fue a visitar la sede del gobierno y decía «hola, ¡felicitaciones por la independencia!» vio a toda esa gente que había sido apoyada por la Rössing Foundation, de Río Tinto, que ahora estaba en posiciones de poder, en los cuadros políticos del gobierno… pero de nuevo, creo que me fui de la pregunta inicial…

– Tenemos por un lado estos argumentos de cuestionamiento o resistencia que emergen de nuevo, en un contexto donde las empresas mineras tienen más poder que nunca antes. ¿Qué va a pasar en los próximos 5 o 10 años?

Soy optimista. El poder de las empresas realmente parece ser arrollador, pero no lo es. Justamente porque los minerales son finitos. Si miramos hacia adelante, en 30 o 40 años es absolutamente claro que algunos metales se van a dejar de extraer, incluso el cobre, por fuerza de los cuestionamientos ambientales y sociales.
Por ejemplo 20 años atrás, el mercado del plomo estaba bien alto. Luego, por los impactos tóxicos del plomo, y porque estos impactos han sido estudiados y probados ampliamente, el mercado del plomo, si bien tuvo un aumento el año pasado… digamos, como se sabe el mayor uso del plomo es en baterías, pero la Unión Europea prohibió este tipo de baterías obligando al uso de otros materiales, y aunque es un proceso lento, combinado con los estudios que prueban los efectos terribles del plomo especialmente en la salud de los niños… hace unos pocos años el mercado estaba tan bajo que algunos comenzaron a decir: no hay futuro para el plomo.
Tampoco hay un futuro para el asbesto, y aunque Canadá continúa exportándolo ya se han cerrado las principales explotaciones en ese país y Rusia ha pasado a ser el principal exportador. Creo que es inevitable: en los próximos 10 años no habrá más extracción de asbesto en el mundo. La misma tendencia enfrenta el mercurio. Y si bien las predicciones hace 15 años eran que los mercados de esos metales se mantendrían, hoy vemos que ni siquiera habrá un mercado para ellos. Y el cobre ha estado bajo una amenaza similar durante los últimos años. El cobre es muy tóxico. El cobre es el metal pesado más tóxico para los salmónidos, por ejemplo. Incluso en cantidades mínimas, el cobre mata más salmónidos que ningún otro metal pesado. Y en la actualidad, como vos probablemente sabes por Bajo La Alumbrera, o por la mina Ok Tedi, o la mina Bougainville, el cobre carga sobre sí una responsabilidad tóxica mayor que todos los otros metales.

– ¿Más que el oro?

Si, más que el oro. Una de las mayores críticas que tengo a los materiales que vienen de América Latina, y también de otros lugares, es esta tendencia a pensar: hay cianuro en la mina, el cianuro se derramó en el agua, es el fin de todos nosotros… Pero yo no he visto evidencia científica que sugiera que el cianuro no se dispersa en el agua en un período de tiempo relativamente corto. Si tenes un derrame masivo de cianuro en un arroyo, todo lo que vive en él se va a morir. Pero al bajar a cauces mayores el cianuro se diluye, especialmente en países tropicales por la acción del sol. Al contrario, los metales pesados permanecen por generaciones y generaciones.
Por ejemplo, luego del desastre de la mina Omai en Guyana, cuando el dique de colas se rompió completamente y unas 4 millones de toneladas de residuos conteniendo cianuro formaron una enorme cascada, todos los peces murieron. Por el enorme peso de los residuos, estos llegaron al río Essequibo, que es la principal fuente de agua de todo el país. Entonces, por tratarse de un derrame de cianuro el incidente generó grandes titulares en la prensa que dieron la vuelta al mundo, literalmente. Me acuerdo que justo el día después del desastre un canal de televisión independiente me hizo una entrevista. Fue probablemente la primera vez que un accidente minero impactó en la prensa a nivel mundial. Claro que fue porque había imágenes que un helicóptero había captado inmediatamente después del derrame. ¡Cianuro! ¡Muerte! Y todo lo demás… Pero lamentablemente, no se puso ninguna atención en que el dique de colas contenía una enorme cantidad de metales pesados y el flujo de todos estos metales hasta el Caribe fue prácticamente ignorado.
Creo que nuestros análisis deben ser un poco más claros y precisos. No hay evidencia científica que pruebe que un derrame de cianuro significa una condena en el largo plazo, mientras que hay muchísima evidencia que prueba que los metales pesados sí lo son.
Perón, creo que me fui un poco de la pregunta…

– Si, estábamos pensando qué va a pasar con la industria en los próximos 5 o 10 años…

Claro, decía que soy optimista, que el poder no pude ser sostenido a estos niveles. Cuando uno mira el poder de la industria, este poder consiste básicamente en el boom de los precios internacionales de los últimos tres años, en principio por el aumento de la demanda en China (aunque no solamente). Las empresas mineras pueden ir a los inversores con algunos papeles sueltos, algunas indicaciones vagas: hay un depósito de oro en… digamos, Mendoza. Y claro, se necesita un estudio de prefactibilidad, pero ellos consiguen fondos para hacerlo. De ese estudio pasan a otro de factibilidad. Y aunque el gobierno local les diga que el estudio no sirve y tienen que hacerlo de nuevo, eso sólo les basta para juntar un montón de dinero en el mercado. De algún modo, la lucha más difícil parece ser romper esta credibilidad que tienen las empresas mineras que les permite conseguir dinero de bancos medianos e incluso grandes, sin mostrar nada concreto al final del día. Muchas empresas saben que nunca van a explotar la mina, simplemente dan vueltas con un proyecto en el mercado. Esto pasaba mucho en los años 90.

– Barrick Gold, por ejemplo, hace ventas anticipadas de oro…

Exacto. Barrick era conocida por ser la mayor «hedger» de oro. Hacían las ventas, firmaban los contratos, antes de tener el oro. Y lo ha hecho sin muchos problemas durante los años 90 cuando el precio del oro estaba bajo. Pero ahora, el oro llegó a 700 dólares la onza. Entonces finalmente han tenido que extraer el oro para cumplir con los contratos. Cuando el precio sube, aquellos que habían comprado de forma anticipada vienen y dicen: ¡hey, queremos el oro! Y muchas empresas no lo tienen. Anglo American casi se va a la quiebra por esto. Perdió unos 600 millones de dólares porque no pudo cumplir con los contratos de venta anticipada.

– Y Barrick Gold declaró pérdidas este año justamente por eso…

– Si, claro.

– Pero la lucha de las comunidades está en el terreno, y este mundo financiero global parece muy lejano…

– Bueno… antes que nada, y estoy seguro que vos ya sabes esto, las comunidades no son ignorantes. El que no hayan tenido minería antes no las convierte en ignorantes… como la industria pretende hacernos creer. Ellos llegan a una comunidad y dicen: «olvídense de todo este verso que han escuchado, que su tierra quedará arruinada para siempre, queremos llevarlos a visitar esta otra mina que operamos, así podremos mostrarles, y también podrán hablar con toda la gente feliz que vive cerca de la mina…» ¡Lo han hecho muchísimas veces! ¿Lo hicieron también en Argentina?
Me acuerdo de un proyecto en Australia a comienzos de los años 80, que creo fue uno de los primeros casos de colaboración entre comunidades afectadas por la minería en el mundo. Río Tinto estaba tratando de convencer a una comunidad aborigen en el oeste del país, para que los dejen avanzar con una mina de uranio. Entonces los llevaron a una mina de diamantes que ellos ya estaban operando, también en territorio indígena. En aquel momento, muchos indígenas estaban trabajando en la mina y cobraban buenos salarios… Entonces llevaron a estos indígenas a la mina, les mostraron las instalaciones, el centro comunitario, la pileta de natación… Pero ellos dijeron: «no nos han mostrado la mina».
Esa mina era un enorme cráter en la montaña que uno no puede ver sino desde arriba ¿no? «Ah! No, no, es un poco peligroso ir hasta allá arriba, y en este momento no tenemos vehículos para llevarlos…» fueron algunas de las excusas que usaron para no mostrarles la mina. El resultado de esto fue que los dirigentes volvieron a su comunidad, que era de unas 300 o 400 personas, y dijeron: «Río Tinto quiso hacernos creer que son abiertos y transparentes, pero fuimos allá y ni siquiera pudimos ver la mina». Y eso unió a la comunidad… y fue claro para ellos que no podían confiar en esa compañía.
Nunca se puede anticipar cuál será el paso en falso de la empresa. Lo que sí se puede saber, porque la industria minera esta basada en niveles tan altos de explotación y engaño, es que en algún momento, antes o después, si una comunidad es mantiene vigilante lo van a encontrar. Y esto le ha costado mucho a la industria minera. Vos conoces el proceso MMSD (Mining, Minerals and Sustainable Development Project). Fue una iniciativa global de la industria minera, impulsada por Río Tinto. Una de las encuestas para ese informe la realizó PricewaterhouseCoopers, una de las firmas de consultoría más grandes del mundo. Ellos mandaron un cuestionario a 40 empresas mineras y entre otras cosas les preguntaban: «¿alguna vez han suspendido un proyecto por la percepción de que la resistencia a ese proyecto era muy grande?» Y 28 de esas 40 empresas marcaron «SI». Y la mayoría de esas 28 empresas indicaron que habían parado proyectos por la resistencia-oposición-crítica (no me acuerdo la formulación exacta) en particular de comunidades indígenas. Eso fue en el año 2002, y creo que si hicieran la misma encuesta ahora una mayor proporción de empresas, si respondieran honestamente, tendrían que marcar ese casillero.
Pero ustedes en Argentina saben esto de primera mano ¿no? Lo que nos lleva a la primera pregunta y a la cita de la Asamblea de Esquel en el cierre del libro…
Aunque es difícil anticipar que comunidades en otras partes del mundo piensen: «bueno, esto pasa en América Latina y en condiciones muy particulares… ¿cómo vamos a replicar esto en África, o en el Congo por ejemplo?» Estuve en varias reuniones en África, y nunca vas a encontrar allá comunidades que resistan a la minería per se. Van a ser muy claros al decir, por ejemplo: «Newmont no puede abrir una mina en un bosque protegido». Hay un total acuerdo en eso. Pero la mayoría de los países africanos tienen una larga tradición minera. Y es muy distinto en Argentina, donde las comunidades tuvieron que enfrentar algo que resulta obviamente alienígena, una imposición. Mientras que en África muchas comunidades dependen de la minería y nunca van a decir: «no queremos esta actividad». Este proceso de dependencia, que traté de ejemplificar con el caso de Namibia, se extiende por unos 150 años. Se puede hablar en África de Estados minero-dependientes, porque literalmente es lo único que tienen. El caso de Sudáfrica es diferente, porque ha alcanzado un nivel de desarrollo que le permite explotar el turismo, por ejemplo. Y está claro que en el término de una generación, probablemente no habrá minas de oro en el país. Y además las minas de oro actuales están trabajando a una profundidad tal que no será rentable en el futuro seguir explotándolas. Y la competencia de otros países será cada vez mayor, por ejemplo de China, que se está convirtiendo en el mayor productor mundial de oro en este momento…

– Un último punto… ¿Ves alguna posibilidad de que los precios en el mercado bajen en el mediano plazo?

Quisiera saberlo, pero nadie realmente lo puede predecir. Trato de seguir lo que dicen los expertos en la materia, y lo cierto es que están totalmente divididos. Y no creo que sea una estrategia para confundirnos… es que realmente no tienen idea de lo que va a pasar. Si en las últimas crisis financieras que estamos viendo, no hubieran intervenido los bancos federales para minimizar sus impactos, la industria minera hubiera quedado expuesta y le hubiera resultado muy difícil atraer capitales especulativos para sus proyectos. Y los bancos federales saltaron cuando vieron la posibilidad de un colapso en toda la estructura financiera. Es uno de los puntos curiosos en la historia donde uno piensa… un pequeño empujoncito, un pequeño empujoncito…

– Pero muchos dicen que si aumenta la incertidumbre, aumenta también el precio del oro…

Si…

– ¡Pero entonces el oro no está!

Exacto, y por la crisis del «hedging» ahora vemos a la industria abandonar esa práctica. Pero no siempre la gente compra oro frente a una crisis. Esto lo vimos en la guerra de Irak. El Banco Mundial es uno de los principales tenedores de oro. Y por supuesto los bancos de Estados Unidos, Inglaterra y Japón. Si todo ese oro fuera liberado hacia el mercado, tendríamos que decirle adiós a la industria de la minería del oro. Por su naturaleza, el oro es el más reciclable de todos los metales. Hace 100 años atrás se hubiera podido cerrar esa industria porque ya hay suficiente oro en el mundo…