Judas Iscariote será eternamente conocido como el hombre que entregó a Jesucristo a sus enemigos. Por lo menos en veinte lenguas su nombre es sinónimo de «traidor». Tampoco podemos suponer que cuando fue llamado por Jesús para ser uno de sus propios íntimos, uno de los apóstoles iniciales, Judas ya estuviera preparado para la traición. Hoy, de manera similar, no hay razón para suponer que, quienes están al frente de Estados provinciales de Argentina, se presentaran como precandidatos con buenas intenciones. Judas no puede haber comenzado siendo más mundano, más cobarde, menos iluminado que los demás miembros de ese grupo especial.

Por Abla Carballo
Con la misma consideración, podría decirse que el comentario puede aplicarse a gobernadores e integrantes de los tres poderes de nuestra república, quienes en la etapa de campaña preelectoral no quieren ser disidentes cuando comunican su programa o proyecto o modelo de gobierno al pueblo votante. ¿Es correcto afirmar que propondrían un listado de cómo acabar con lo que hace habitable y vivible nuestro planeta; regiones de nuestro país? ¿Desconocen que las alteraciones desencadenadas por la predación, alteración, transformación altera el ecosistema? Para el caso y del listado señalamos sólo la explotación minera y/o megaminería. Necesariamente hay que agregar, que, en las cuentas municipales, provinciales y nacional la extracción de los minerales por empresas extranjeras, es gratuito. Aunque la riqueza del subsuelo pertenece a cada uno de los habitantes de la Nación Argentina.

La globalización aspira tanto a conquistar países como mercados. Esta conquista viene acompañada de destrucciones impresionantes. Los daños producen en todas las regiones el subsiguiente sufrimiento social en forma de desempleo masivo, subempleo, precariedad laboral, exclusión, sobreexplotación de los hombres, las mujeres y, lo que es aun más escandaloso enfermedad, en primer término, en los niños.

La megaminería o explotación minera con uso de químicos es un pillaje. Las empresas transnacionales se aprovechan de las riquezas de la naturaleza que son un bien común de la humanidad y lo hacen sin freno sin escrúpulos y escapan a cualquier idea de legalidad. Aparecen nuevos peligros: corrupción, extorsión a la población, diseminación de pandemias, graves contaminaciones, alteración climática, desertificación, etc. etc. Alcanzan bienes y ganancias a niveles sin precedentes, pero el número de los que no tienen techo, ni trabajo ni apenas qué comer aumenta.

Su poder es enorme. Es quizás por ello que obliga a redefinir conceptos fundamentales sobre la base de la política y la democracia construida a fines del siglo XVIII, tales como Estado-Nación, Soberanía, Frontera, Independencia, Democracia. Además, como dicen estas empresas rapaces, ni el capital, ni el trabajo, ni las materias primas constituyen por si mismos el factor económico determinante, y por decirlo así se diluyen instituciones internacionales, nacionales, locales de carácter político o jurídico capaces de regular eficazmente su comportamiento.

De manera que, en una forma extrañamente reminiscente del error que cometió Judas se estableció en antipatria la permisibilidad para la explotación minera en nuestro suelo. No es que nuestros gobiernos pretendan borrar a su país, sino adaptarse a los dogmas de Bretton Woods (grandes instituciones económicas y monetarias) y «la santa palabra» reproducida, además, por órganos de información interesados.

El mercado gobierna. El gobierno gestiona.

La enormidad de este error y su similitud repetitiva con el error de Judas –el síndrome de Judas- de los modernos mandatarios es irrebatible, evidente.
Pero es importante, quizás, notar las buenas intenciones en sus declaraciones: «desarrollo-trabajo». Más que héroes, mesías, previo a asumir sus obligaciones de mandatario ante sus mandantes. Convencidos de que pudiera reconciliarse la muerte con la vida.

Finalmente Judas traicionó a Jesús. Y, aunque todo comenzó con buenas intenciones, su camino terminó en el Campo de la Sangre «donde murió sofocado por el dogal alrededor de su cuello y por el cruel desentrañamiento de su vientre».

Abla Carballo
DNI 4159560