Lo aseguró Marta Sahores, integrante de la Asamblea por el No a la Mina, quien advierte sobre la necesidad de continuar la lucha en defensa del medio ambiente porque “el oro sigue allí y la codicia también” y sobre las falsas promesas de empleo de las empresas mineras. “No existe en el mundo un pueblo próspero que haya sido minero”, aseveró.

Fuente: La Portada

Al llegar a la edad jubilatoria muchos trabajadores desean realizar todas aquellas actividades que las tareas cotidianas los obligaron a relegar algunos años. La jubilación es – para muchos también – la perfecta oportunidad para viajar y descansar.

Quizás en eso pensó alguna vez Marta Sahores, pero cuando en 2002 la Minera El Desquite, subsidiaria por entonces de la empresa canadiense Meridian Gold, intentó instalarse para llevar adelante el Proyecto Cordón Esquel de extracción de oro y plata a cielo abierto los planes cambiaron.

Marta, de profesión Química y docente en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, decidió dar a conocer a los vecinos las verdaderas consecuencias de la utilización del cianuro. Comenzaron las charlas informativas, la movilización de los vecinos y llegó el Plebiscito de Marzo de 2003 ganado por un amplio margen (81 %) pese a las promesas de empleo en un contexto de falta de trabajo acuciante. Los vecinos dijeron NO a la Mina, Esquel se convirtió en ejemplo de la defensa del medio ambiente para otras ciudades del país, y a pesar de contar con una Ley Provincial (N° 5001) y un Amparo que frena la actividad minera metalífera a cielo abierto, la lucha continúa 15 años después.

En esta entrevista con La Portada Marta Sahores repasa estos hechos que cambiaron la historia de la ciudad y su propia vida porque al principio pensó en estar haciendo “una quijotada” que la expuso a tres amenazas de muerte.

La Portada: ¿Cómo surgió el trabajo por el No a la Mina?

Marta Sahores: Fue a fines de Julio de 2002 en el marco de una exposición de la gente de la Minera con la presencia de muchos “especímenes” del Gobierno. El Auditórium estaba llenísimo y de casualidad nos encontramos con una compañera (Silvia González también Química) de la Facultad. La charla era sobre cianuro y un señor que era el Jefe de Ventas dijo barbaridades como por ejemplo que el cianuro era menos veneno que la lavandina, que era precursor de los aminoácidos y por ende de las proteínas y que el cianuro se descomponía naturalmente en productos no tóxicos. Hicimos preguntas hasta que unos señores nos dijeron que si ya sabíamos nos calláramos la boca. Decidimos irnos y al salir nos miramos y pensamos en la responsabilidad. Nos comprometimos y nos pusimos a estudiar. A los 15 días ya estábamos yendo a las escuelas para decir lo que la ciencia dice del cianuro. Difundíamos información veraz y científica. Nos sentíamos solas haciendo una quijotada. Luego de una de las conferencias que estábamos dando la llaman a Silvia y la amenazan de muerte. Hicimos la denuncia. A principios de Noviembre estábamos dando otra conferencia en la Escuela Normal y en el Salón de Actos había una asamblea como de 500 personas que fue la que decidió que se hacia la marcha del 4 de Diciembre. Me entusiasmé y ofrecí dar charlas en otros lugares porque – dije en ese momento – “los mineros mienten”. Al volver a casa me llamaron por teléfono y me dijeron “déjese de joder con el cianuro, sino va a quedar tendida en la plaza”.

L.P: ¿Sintió miedo?

M.S: Yo lo enfrenté al tipo pidiéndole que se identificara y luego le corté. Después, sabiendo lo que había pasado con Silvia, hice la denuncia. Tuve tres amenazas de muerte y se hicieron más de cuarenta denuncias que fueron archivadas. No tuve miedo y a los pocos días tuvo lugar la gran marcha donde con Silvia nos dimos cuenta que no estábamos solas.

L.P: ¿Su familia la apoyó?

M.S: En general se acompañó. Y también estaban los compañeros porque ya no éramos pocos. Eso también ayudó a no tener miedo. Cuando uno se siente solo es más difícil.

L.P: ¿Qué fue lo más difícil de esta lucha?

M.S: Convocar y que la gente responda. Siempre decimos que la montaña sigue en pie gracias a su gente. Hay que saber convocar e informar a la gente. Siempre pensamos en vecinos. No aceptamos banderas políticas ni gremiales. Este es un movimiento de vecinos con distintas ideologías. Ahora se nos quiere meter “la grieta” en el movimiento y no lo podemos permitir. Debemos mantener el objetivo concreto que es el no a la minería porque la población no quiere la minería. Otro momento difícil fue ir a la Legislatura a debatir. Nosotros sabemos mucho más de minería que cualquiera que hoy la defiende. No tienen idea de lo que hablan: me gustaría tomarles examen. Yo lucho por la vida y sabía que esto era por toda mi vida y por la vida de quienes estamos en este mundo al que estamos descuidando muchísimo. Tenemos que cuidar nuestra naturaleza. Me siento bien y con alegría luchando por la vida. Cuando comenzó todo me estaba jubilando y me podía ir, pero tenía que luchar para que ninguno de nosotros se tenga que ir.

L.P: ¿Recuerda que sentimientos tuvo la noche previa al Plebiscito?

M.S: Tenia un poquito de temor porque hasta trajeron al Grupo Ráfaga que llenó el Estadio. Regalaron choripanes, libros y camisetas de futbol. Un grupo de chicos estrenó las camisetas al festejar que ganamos el Plebiscito mostrando que la Minera los había querido comprar y así pasó con muchos. Teníamos, además, muchos vecinos desocupados y temíamos que eso pesara. Temía que no ganáramos por mucho.

L.P: A pesar de los logros obtenidos la lucha continua. 

M.S: Ahora le siguen dando la vuelta porque el Gobierno Nacional promueve la minería en la Patagonia y en todo el país. Y si, la lucha siguió a pesar que en algunos momentos éramos pocos en las marchas. En este momento tan difícil hay intendentes de la Meseta que están pidiendo la minería. Son lugares difíciles porque los pobladores están dispersos y es complejo juntarlos en una asamblea o marcha. Desde Esquel tenemos que ayudar. Tenemos asambleas por toda la provincia y marchamos en simultáneo los 4 de cada mes.

L.P: ¿Ser ejemplo para otras ciudades del país genera mayor responsabilidad?

M.S: Es una responsabilidad para todos nosotros y en este momento muy grande porque no solo debemos ser solidarios con la gente de la Meseta, sino porque empiezan por ahí y siguen por todo. Siempre digo que “el oro sigue allí y la codicia también”. El pueblo tiene que seguir movilizado porque lo único que puede frenar a las mineras son los pueblos organizados.  Cuando hablan de desarrollo habría que mirar a la provincia de Santa Cruz que tiene mineras por todos lados y no tienen para pagar los sueldos. No existe en el mundo un pueblo próspero que haya sido minero.

L.P: ¿Cuál es el balance personal de la exposición pública que ha tenido?  

M.S: Lo buenos es que me encuentro en la calle con gente que me abraza y agradece. Eso es maravilloso. Lo no tan bueno es que no tenés vida privada.

L.P: ¿Cuál es el mensaje para los vecinos de Esquel?

M.S: El mensaje sería que es necesario que nos involucremos y actuemos aunque sea yendo – al menos- a una marcha cada dos. Cada granito de arena hace una montaña. Tenemos que estar en contra enérgicamente porque viene con todo. Hay que asistir a las asambleas donde todos somos vecinos y participamos por igual.