Si se dice que la minería a gran escala no depreda las áreas periglaciares ni interviene glaciares, que no consume grandes cantidades de agua necesarias para el consumo humano y la producción de alimentos, ni contamina irremediablemente el sistema hídrico con sustancias altamente tóxicas y tampoco genera drenajes ácidos a perpetuidad hasta extinguir el ciclo natural del agua, entonces…. ¿por qué oponerse y resistirse por más de dos años a la Ley de Protección de Glaciares? ¿Pretende acaso esta actividad no tener límites ambientales?

 

 

Por Consejo Directivo Federacion de Viñateros y Productores agropecuarios de San Juan

¿AGUA Y GLACIARES O MEGAMINERIA METALIFERA?

Es conveniente recordar que el planeta que habitamos esta conformado mayoritariamente por el elemento agua, tanto es así que debiéramos llamarlo de esa manera. No obstante esa condición más de cuatro millones de niños por año mueren por carencia de la misma.

Los océanos y mares son ecosistemas colmados de vida marítima y que a la vez actúan como fuente de depuración y provisión de la cual el ciclo natural del agua extrae convirtiendo purificando y distribuyendo gratuita y sustentablemente el agua salada en agua dulce generando así las condiciones para la vida terrena.

El agua dulce disponible en el planeta es sólo el 2,8%, el 85% de ella se preserva en glaciares y periglaciares que actúan como reserva y recarga de los sistemas de agua dulce el resto, o sea el 15%, se preserva y mantiene en acuíferos, ríos y precipitaciones.

Esta es la disponibilidad limitada y finita del recurso agua capaz de generar cíclicamente nuestro planeta en equilibrio y que obviamente condiciona nuestras vidas.

Las precipitaciones generadas por los vientos húmedos provenientes del anticiclón sud atlántico alimentan la diversidad de ríos y lagos a la vez que favorecen las condiciones climáticas de las distintas regiones a lo largo y a lo ancho de nuestra Argentina.

En las zonas desérticas donde las precipitaciones no superan los 90 milímetros promedio por año, como es el caso de la provincia de San Juan entre otras, las posibilidades de agua y de vida están dadas precisamente en las altas montañas de la Cordillera de los Andes, columna vertebral de nuestra Argentina, donde las tormentas, nubes y vientos húmedos que provienen del anticiclón sud pacífico precipitan y alimentan glaciares y periglaciares, siendo estos últimos los ecosistemas que conforman la principal fuente de acumulación, conservación y escurrimiento de aguas y por ende generan nuestras vegas, vertientes y ríos cordilleranos, los que aguas abajo recargan acuíferos y humedales para finalmente desembocar como aguas superficiales y/o subterráneas en el Océano Atlántico. En consecuencia este ciclo resulta el más valioso porque es vital, sustentable, gratuito y sin él no hay actividad humana y económica posible de ser realizada.

Si graves son las consecuencias por el cambio climático y calentamiento global que están afectando esos ecosistemas generando una regresión lenta y progresiva de glaciares, peri glaciares y consecuentemente del recurso agua, más grave aún sería desarrollar actividades insustentables de intervención que implican una destrucción directa de los ecosistemas donde opera el ciclo natural cordillerano del agua.

Cada ciudadano debería preguntarse si está dispuesto a permitir que en San Juan como en cualquier otra provincia empresas megamineras metalíferas se instalen en la cordillera dispersando las tormentas en la alta montaña depredando las áreas periglaciares e interviniendo glaciares tanto en su etapa de exploración como explotación, consumiendo grandes cantidades de agua necesarias para el consumo humano y para el desarrollo de la producción de alimentos, contaminando irremediablemente el sistema hídrico mediante el uso directo de sustancias altamente tóxicas no totalmente biodegradables, generando drenajes ácidos a perpetuidad hasta extinguir el ciclo natural del agua.

Si bien se dice que nada de esto ocurre ni se hace en nuestra cordillera entonces…. ¿por qué oponerse y resistirse por más de dos años a la Ley de Protección de Glaciares?

Sin duda alguna la actividad megaminera en la Argentina y más en San Juan se está desarrollando en un marco de confidencialidad sin licencia social, sin constituir seguro o garantías para las comunidades que van a ser afectadas, sin participarlas de un verdadero sostén económico, sin evaluar la suma de los impactos ambientales declarados individualmente bajo una ley ambiental minera de su exclusividad y sin afrontar costo alguno del pasivo ambiental que genera.

Finalmente también sin que podamos proteger nuestros glaciares, peri glaciares y recursos hídricos en razón de la medida cautelar de no innovar dictada por el juez federal Miguel Gálvez con el propósito de frenar la aplicación de la ley de protección de glaciares recientemente sancionada por el gobierno nacional hasta tanto se resuelva sobre el pedido de inconstitucionalidad que elevaron los sectores empresarios y gremiales mineros de la provincia de San Juan.

¿Pretende acaso esta actividad no tener límites ambientales?…

Les tomó más de veinte años a los gobiernos y a las empresas mineras desarrollar una legislación a espaldas de la población que con el pretexto de atraer capitales y otorgarles seguridad jurídica los colmaron con la suma de privilegios.

Ante los reclamos de la sociedad por su inseguridad frente al accionar de esta actividad la respuesta del gobierno fue taxativa «dentro de la ley todo, fuera de la ley nada» ahora que una normativa no les juega a su favor queda claro que el orden jurídico ni la Constitución se respetan.

La Ley Nacional de Presupuestos Mínimos para Protección de Glaciares sancionada por el Congreso de la Nación Argentina en un marco de plena constitucionalidad tiene por objeto no sólo inventariar y cubicar esos ecosistemas sino salvaguardarlos de las actividades humanas que pudieren afectarlos o destruirlos. Esta normativa no tiene por finalidad prohibir o atentar al desarrollo de la actividad minera mucho menos al de las provincias mineras como lo expresan quienes representan dichos intereses ya que a surgido de la participación de muchas personas que desde lo científico, lo social, lo ambiental y lo político asumieron una actitud de representación y defensa de los verdaderos intereses para un desarrollo sustentable de sus pueblos, en salvaguarda del patrimonio vital más importante en beneficio de la dignidad y calidad de vida para las presentes y futuras generaciones.

La sociedad Argentina y en especial la de San Juan tienen que asegurarse que la reglamentación de la ley sancionada responda a su espíritu y que no prospere ningún pedido de inconstitucionalidad.

Tomó miles de años y costo cientos de millones de vida reconocer que el acceso al agua potable es un derecho humano. La vida está en juego, más del 70 % de la población del mundo consume agua de glaciares.

Sin duda alguna en San Juan no hay desconocimiento por parte de la sociedad, solo que algunos pretenden seguir desarrollando esta actividad a cualquier precio.

¿Será que hay intereses espurios detrás de todo esto?

Consejo Directivo Federacion de Viñateros y Productores Agropecuarios de San Juan