En Río Negro y Neuquén hay tres cumbres con hielos perennes importantes y otras masas de glaciares. Una ley nacional dispone la realización de un inventario de esos recursos hídricos.

 

Foto: glaciar Hielo Azul

Fuente: diario Río Negro
Las provincias de Río Negro y Neuquén poseen tres montañas con glaciares importantes (los volcanes Domuyo, Lanín y Tronador) y otras ocho con restos de glaciares: planchones de hielo y nieve que se mantienen a lo largo del año (Tromen, Copahue, Nevado de Queñi, Bonete, Carrera, Ventisquero, Venzano y Hielo Azul). Otras montañas, que hace 30 años tenían sectores de hielo y nieve durante todo el año (Crespo, Capilla y Cuernos del Diablo, por citar sólo algunas) ya no los tienen, pues se han derretido.

La ley 26418, de “presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial”, sancionada por el Congreso Nacional el 22 de octubre de 2008, promueve preservarlos como “reservas estratégicas de recursos hídricos y proveedores de agua de recarga de cuencas hidrográficas” y también dispone realizar un inventario general en toda la cordillera argentina.

Esta ley fue observada por Cristina Fernández de Kirchner y también algunas empresas mineras, pero la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó sin efecto las medidas, por lo cual la ley entró en vigencia y el inventario deberá realizarse.

La ley define como glaciar “toda masa de hielo perenne estable o que fluye lentamente, con o sin agua intersticial, formado por la recristalización de la nieve, ubicado en diferentes ecosistemas, cualquiera sea su forma, dimensión y estado de conservación”. Agrega que “son parte constituyente de cada glaciar el material detrítico rocoso y los cursos internos y superficiales de agua”.

En el mismo artículo define que “se entiende por ambiente periglacial el área de alta montaña con suelos congelados que actúa como regulador del recurso hídrico”.

Las personas consultadas por este diario coincidieron en que la ley surgió ante la necesidad de realizar un estudio e inventario de los glaciares del norte argentino, en cuya zona hay una incipiente exploración minera. También coincidieron en que la minería sin control, a cielo abierto y con el uso de elementos contaminantes, es perjudicial para el medio ambiente, de la misma manera que otras actividades que realiza el hombre, sin tener cuidados por la naturaleza.

Glaciar en Vn. Lanín

“Cuando Bariloche vuelca sus efluentes al lago sin tratar, contamina. Lo mismo pasa cuando una minera usa cianuro y luego vuelca esa agua sobre la cordillera. No importa quién contamina más, ambas prácticas deben ser rechazadas”, resumió, Carlos Beros, geólogo local. Dijo que hoy en día existen métodos para evitar que la minería sea contaminante y es deber del Estado fiscalizar que se apliquen.

A su criterio en Río Negro se debería elaborar un plan director para la minería y dejar en claro en qué áreas no se realizará esta actividad. Cabe recordar que el gobernador Alberto Weretilneck ya aclaró que Bariloche no será una zona minera.

Beros sostuvo que es importante que en el inventario de glaciares se incluya todos los sitios con restos de glaciares. Recordó que las fotografías aéreas datan de la década del cuarenta y en ellas se puede ver el gran retroceso que la mayoría de ellos experimentó en este tiempo. También dijo que además del inventario, habría que hacer un relevamiento de cada sitio, ya que los glaciares son fuentes y reservas de agua.

Nicolás de la Cruz, geólogo y guía de alta montaña, evaluó que las tres principales montañas con glaciares de Neuquén y Río Negro están lejos del peligro minero, pues se encuentran en áreas protegidas. El Domuyo es una reserva natural neuquina y el Lanín y Tronador están en Parques Nacionales.

De la Cruz, quien presidió durante varios años la Asociación Argentina de Guías de Montaña (AAGM), dijo que desde la institución se analiza con preocupación el creciente avance de hombre y las propiedades privadas hacia la cordillera. “El principal problema que ya tenemos es que hay muchos lugares donde los accesos tradicionales pasan por propiedades privadas, cuyos dueños comenzaron a prohibir el paso o bien cobrar un arancel”, explicó. Dijo que esto ocurre en numerosos lugares de la Patagonia.

También dijo que los glaciares del Tronador, los más grandes de la región, son pequeños si se los compara con los de Santa Cruz. “El Hielo Patagónico Sur tiene una extensión de unos 370 kilómetros de norte a sur y un ancho promedio de 35 kilómetros. Está compuesto de 48 glaciares principales y un centenar de secundarios”, explicó. Dijo que hay estudios que indican que esta masa de hielo cubría una superficie de 13.500 kilómetros cuadrados en 1944 y se redujo a unos 12.500 en el 2009, producto del cambio climático, que aceleró el proceso de desglaciación. Agregó que el Glaciar Perito Moreno (de los más conocidos) tiene 258 km², esto es 14 veces más que el glaciar Río Manso del Tronador, el más importante en el sector argentino.

Recordó que el Ventisquero Negro (también en Tronador) tiene una tasa de retroceso asombrosa, que en los últimos 25 años formó un lago, y en mayo del 2009, durante una fuerte lluvia, se originó un inédito alud que llegó a Pampa Linda.

El actual secretario de la AAGM, Mario González, residente en Mendoza, confirmó que siguen de cerca la evolución de la expansión minera en la región de Cuyo y el Noroeste Argentino, “un lugar habitual de trabajo para los guías de montaña”, aclaró. Reconoció que si un área se destina a la minería puede cerrarse para el turismo. Y dijo que “si la minería se realiza mal, es contaminante, y el problema inmediato se presenta en las aguas”.

La legisladora rionegrina Magdalena Odarda reclamó que el inventario de los glaciares rionegrinos se realice en forma rápida. “El agua que contienen los glaciares y ambientes periglaciales es un bien común estratégico que debe ser protegido con el fin de garantizar su aporte a la regulación hídrica en beneficio de los pueblos de hoy y los del futuro. Se hace indispensable la elaboración urgente de un inventario de glaciares que se encuentren en Río Negro, que deberá hacer el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianiglia), para la protección de los mismos y evitar la creciente privatización de estos espacios”, afirmó.

Áreas protegidas cobijan el Domuyo, Lanín y Tronador

Glaciar en Vn. Domuyo

El volcán más alto de la Patagonia “geopolítica” está en el Parque Provincial Domuyo, un área protegida creada el 23 de febrero de 1989, mediante decreto del Poder Ejecutivo Nº 587. La mayoría de las tierras son fiscales de propiedad neuquina y abarca los departamentos Minas y Chos Malal. El Domuyo (de 4.709 metros) forma parte de la Cordillera del Viento, que mide unos 75 kilómetros de longitud, y es la más austral de los Andes Centrales. Su geografía es propia de la cordillera mendocina y por ello, en el ambiente de montaña, muchos sostienen que en realidad la cumbre de la Patagonia geográfica, es el San Valentín, de 4.102 metros, al sur de Chile.

El Domuyo tiene varios glaciares y también fuentes termales, géiseres, fumarolas e intermitentes arroyos y vertientes de aguas calientes. Una montaña majestuosa, relativamente fácil de subir, “el pequeño Aconcagua de la Patagonia”, que recibe decenas de visitas durante el verano. Sólo demanda un poco más de infraestructura y una adecuada reglamentación para los ascensos. Tiene dos glaciares principales y otros tres menores, en franco retroceso.

El volcán Lanín, con 3776 metros, es la cumbre más alta del Parque Nacional que lleva su nombre y tiene un campo importante de hielo en su cara sur, que finaliza con dos lenguas (Mazzoldi y Dickinson) y otros menores en sus laderas norte y este. El norte, denominado Turbio, tiene algunas grietas donde inclusive hubo accidentes fatales, ya que está contiguo a la antigua ruta de ascenso a la cumbre. Los glaciares del sur vierten sus aguas al lago Paimún y los restantes hacia el Huechulafquen. Cada verano recibe centenares de visitantes, que caminan hacia su cima.

El monte Tronador es un antiguo cono volcánico, que se eleva unos 1300 metros sobre la línea media de cumbres de los Andes Patagónicos Septentrionales. En su zona alta tiene un importante casquete de hielo, del cual se desprenden siete lenguas glaciares principales, cuatro de ellas en territorio argentino. De norte a sur se ubican el glaciar Frías, el glaciar Alerce, glaciar Castaño Overo y glaciar Río Manso. Los tres últimos pertenecen a la cuenca del Río Manso Superior, el cual desagua en el lago Mascardi, y por el río Manso Inferior, al Océano Pacífico. De los tres glaciares, el Río Manso es el más importante en extensión y volumen de hielo.

El glaciar Frías desagua hacia el brazo Blest del lago Nahuel Huapi, que es de pendiente atlántica. Otros pequeños glaciares, como el Del Camping y el situado al oeste del Paso de las Nubes, detallados en informes de 1940, se han derretido.

Sí se puede consignar que aún permanece un planchón de hielo y nieve en la parte alta del cerro Bonete, que por estar en una ladera sur, muy protegida del sol, perdura hasta la actualidad, pese a que en algunos veranos de mucho calor mermó en gran medida su volumen.

Los principales glaciares de Río Negro, situados en el monte Tronador, han sido estudiados durante muchos años. Por ejemplo, puede leerse sobre ello un detallado informe, redactado en 1976 por Sifrido Rubulis, Jorge Rabassa y Jorge Suárez, que fue publicado en los Anales de Parques Nacionales, Tomo XIV de 1978. Allí hay mapas de cada uno de ellos y también numerosos datos. Por ejemplo se consigna que el glaciar Río Manso tenía una longitud de 8 kilómetros y una superficie de 19 km²; el Frías 7.4 y 14.39; el Castaño Overo 5.3 y 8.01 y el Alerce, el más pequeño de los cuatro, 5.2 kilómetros de largo y una superficie de 7.29.

El informe es por demás completo y hace referencia a una amplia cantidad de estudios previos, iniciados por Bailley Willis en 1914 y Heriberto Reichert en 1927.

Otras montañas con masas y restos glaciarios

Glaciar Tronador

De las ocho montañas relevadas, las que tienen restos de glaciar más importantes son el Venzano y el Ventisquero, situados al sur del río Manso Inferior. El primero tiene un glaciar en retroceso de aproximadamente medio kilómetro cuadrado, con una laguna en su frente, que se formó en los últimos diez años. El Ventisquero tiene los restos de glaciar más importantes en su ladera norte, por donde sube su ruta normal a la cumbre. También tiene restos glaciarios en su vertiente sur, más pequeños.

Ambas montañas están en jurisdicción del área natural protegida Río Azul-Lago Escondido, creada por ley provincial 2833/94, con una superficie de 80.000 hectáreas. En esta área también se encuentra el cerro Hielo Azul y el Perito Moreno. Además, los cerros Venzano y Perito Moreno están incluidos en el Parque Azul, área protegida por la ley provincial 3.795, sancionada el 27 de noviembre de 2003.

Los cerros Venzano (2.294 metros) y Ventisquero (2.298 metros) son muy poco visitados por los amantes del montañismo y no tienen accesos marcados con un sendero o una picada. Son montañas bajas, de una altura que no llega a los 2.300 metros, con vegetación autóctona hasta la cota 1.600.

El Ventisquero (su nombre se debe justamente al campo de nieve y hielo sobre su ladera sur-este) se ubica entre el lago Escondido y el río Manso Inferior y el Venzano (que recuerda al médico naturalista Rodolfo Venzano, de El Bolsón) está al sur del lago Escondido.

Si es fácil llegar al Hielo Azul, donde hay un confortable refugio de montaña que ofrece servicios de gastronomía y pernocte. Hay que caminar unas 6 horas por un sendero andino, que sube por el bosque. Desde el refugio (a 1.300 metros) se caminan otras 3 horas y se llega a una pequeña laguna, donde en enero hay pequeños témpanos, que se desprenden del glaciar. El espectáculo es magnífico. También se puede subir a la cumbre del cerro Hielo Azul (2.250 metros) y al Barda Negra (2.238 metros). Desde este último se tiene una panorámica vista de la laguna, el glaciar y la cumbre del Hielo Azul. El retroceso (derretimiento) del glaciar Hielo Azul fue muy importante en los últimos años, ya que hace dos décadas la laguna prácticamente no existía.

El cerro Carreras (2.328 metros) se ubica al este de la Mesada de Los Baguales, a la altura del Cañadón de La Mosca, en la ruta a que une Bariloche con El Bolsón. Ambas montañas tienen propiedades privadas y durante los inviernos son ideales para el esquí fuera de pista. El Carrera tiene restos de glaciar y en verano mantiene un campo de hielo y nieve. El área constituye la naciente de los ríos Chubut y Foyel.

Al norte, el cerro Bonete (2.388 metros), también está en jurisdicción del Parque Nacional Nahuel Huapi. Tiene restos de glaciar en su cara sur, muy protegida por la cumbre, lo que permite que se conserve a lo largo del verano. La montaña tiene un sendero de acceso pero es muy poco visitada, ya que requiere conocimientos de montaña. En la AAGM estimaron que en veranos calurosos el campo de hielo y nieve tendría una superficie de 300 por 200 metros y algunos manchones menores.

El Tromen, Copahue y Nevado de Queñi se ubican en Neuquén. La primera montaña tiene 3.978 metros de altura y está ubicada en el Parque Provincial Tromen. Al pie del volcán se encuentra Buta Ranquil y también está la laguna Tromen, en la ladera noroeste del volcán, a una altura de 2.100 metros y con una superficie aproximada de cuatro kilómetros cuadrados. En la zona alta, en su ladera sur, hay un campo de hielo y nieve.

El Copahue tiene hielo en su parte superior y es visitado cada verano por centenares de excursionistas. Por su parte, el Nevado de Queñí, próximo a San Martín de los Andes, tiene pequeños manchones de hielo y nieve, que se mantienen durante el verano.