En los últimos meses, la Foz del Amazonas, una de las regiones más sensibles y estratégicas de Brasil, se convirtió en el centro de un intenso debate que también resuena en países vecinos como Argentina. Allí se cruzan dos visiones irreconciliables: la de un Estado y un sector empresarial que promueven la exploración petrolera como vía de desarrollo económico, y la de comunidades tradicionales y organizaciones sociales que denuncian el enorme riesgo ambiental y cultural que implican estos proyectos en un ecosistema tan frágil como la Amazonía.

Por: noalamina.org

La Justicia Federal de Pará tomó recientemente una decisión clave: mantuvo en pie la licitación de bloques de petróleo en la cuenca de la Foz del Amazonas, rechazando el pedido del Ministerio Público Fiscal (MPF) de suspender el proceso. Según los fiscales, la subasta violaba normativas ambientales y derechos básicos de pueblos indígenas y comunidades quilombolas, ya que no se habían realizado consultas previas ni estudios completos de impacto ambiental. Sin embargo, el juez José Airton de Aguiar Portela determinó que esas instancias podrán desarrollarse en fases posteriores, permitiendo que la licitación avance de todos modos.

El alcance del proyecto es de gran magnitud: se trata de 172 bloques en total, de los cuales 34 ya fueron adjudicados, con una inversión estimada de 1.400 millones de reales (equivalentes a 266 millones de U$S). En particular, 19 bloques se encuentran directamente en la Foz del Amazonas, un área que concentra una biodiversidad única en el planeta y que resulta fundamental para las dinámicas climáticas globales. Desde una perspectiva argentina, es inevitable recordar debates similares en Vaca Muerta o en los proyectos offshore de Mar del Plata, donde el discurso del desarrollo energético suele ocultar los riesgos de largo plazo para el ambiente.

Foto: Foz del río Amazonas. Victor Moriyama / Greenpeace .

Mientras tanto, en la Isla del Marajó, pescadores artesanales salieron a protestar contra la iniciativa, organizando una manifestación con 16 embarcaciones que desplegaron una pancarta con el lema: “COP30: Amazônia de pé, petróleo no chão” (“COP30: Amazonia de pie, petróleo en el suelo”). Con este gesto, los trabajadores del río hicieron visible su rechazo a una política que, según denuncian, amenaza directamente su modo de vida y la supervivencia de sus familias. El contraste es claro: mientras se promueve un discurso de riqueza futura, quienes habitan la región temen quedarse sin agua limpia, sin peces y sin sustento económico.

Los pescadores advierten que la llegada de plataformas petroleras y el tránsito de buques de gran porte modificarán profundamente el ecosistema acuático. A ello se suma el riesgo de contaminación por derrames de crudo y el vertido de desechos, que pondría en peligro la salud del agua y reduciría drásticamente la disponibilidad de peces, base de la economía local. Más allá de lo económico, la pesca artesanal es un elemento cultural e identitario que atraviesa generaciones, por lo que cualquier amenaza contra esta práctica es también un ataque a la memoria y la identidad colectiva.

Foto: “COP30: Amazonia de pie, petróleo en el suelo” sostenido por organización de pescadores artesanales.

El argumento judicial que permite avanzar con la licitación se sostiene en que, por ahora, no hay una superposición comprobada entre los bloques ofertados y territorios reconocidos de comunidades indígenas o quilombolas. Sin embargo, especialistas y organizaciones sociales denuncian que esta interpretación desconoce el principio de precaución y el derecho a la consulta previa, libre e informada consagrado en la Convención 169 de la OIT, de la que Brasil es signatario. Esta lectura flexible de la ley abre la puerta a que se prioricen los intereses de las petroleras sobre los derechos de las comunidades.

Para el gobierno brasileño y las compañías del sector, la Foz del Amazonas representa una oportunidad de oro para diversificar la matriz energética, generar divisas y crear empleos. Pero quienes se oponen recuerdan que los beneficios económicos suelen concentrarse en pocas manos, mientras que los costos ambientales y sociales recaen sobre las comunidades más vulnerables. En un contexto de crisis climática, cada nuevo proyecto petrolero no convencional en la Amazonía no solo pone en riesgo a la región, sino que agrava los impactos del calentamiento global, con consecuencias que no conocen fronteras.

Lo que ocurre en la Foz del Amazonas debería servir de alerta para toda América Latina. La resistencia de los pescadores del Marajó refleja la defensa de un modelo de vida que prioriza el agua, la biodiversidad y la cultura sobre la explotación a corto plazo. Desde Argentina, donde también se discuten proyectos extractivos de alto impacto, la experiencia brasileña muestra la importancia de exigir transparencia, estudios serios y participación real de las comunidades. Porque lo que está en juego no es solo la riqueza de un territorio, sino la posibilidad de garantizar un futuro común sustentable en la región.

Fuentes:

  • Pará web news

Pescadores de Marajo protestan contra la exploracion petrolera en la desembocadura del Amazonas

  • Pará web news

Justicia mantiene el remate de petroleo en la desembocadura del Amazonas y rechaza un pedido del Ministerio Publico Fiscal