La empresa Manufacturas Los Andes fabrica en Olacapato el químico para vendérselo a las principales mineras de la zona. «Es una bomba de tiempo», aseguró un especialista. El intendente dice que no tienen autorización para funcionar.

Fuentes: diario Tiempo Argentino y Noticias Iruya

26/09/2011. A 4100 metros sobre el nivel del mar y cerca de una de las últimas estaciones del Tren de las Nubes, se encuentra Olacapato, el pueblo de mayor altura de la Argentina. Allí funciona desde septiembre la primera planta de ácido sulfúrico de la Puna salteña. Los vecinos esperan que se trate de «una minería sana», pero los especialistas se oponen al emprendimiento y alertan sobre la contaminación del agua y los riesgos ambientales.

El responsable de la empresa, Pablo Haddad, minimiza el impacto y señala que se trata de «un paraje muy retirado e inhóspito de la Puna, y la comunidad de Olacapato precisa del desarrollo de su pueblo donde no hay asfalto, no hay ferrocarril, no hay trasporte público». Al mismo tiempo, Haddad sostiene que la firma tiene todo en regla: «la empresa cuenta con todas las autorizaciones necesarias, tanto de la Secretaría de Minería de la provincia de Salta como la habilitación municipal emitida por la Municipalidad de San Antonio de los Cobres» (ver recuadro). Pero el intendente de esa localidad, Guzmán Viveros, lo desmiente y denuncia ante Tiempo Argentino: «No pueden tener la autorización municipal porque nosotros nunca se la hemos dado. O están mintiendo o están produciendo de forma irregular.»

El tema en cuestión es que la fábrica no pudo radicarse en la localidad salteña de Campo Quijano por la oposición de los vecinos, y una industria similar dejó graves secuelas en Chile. Otro dato polémico es que la audiencia pública, en que se intentaba aprobar el proyecto, se realizó cuando la obra ya estaba casi terminada. «Al poner este tipo de industrias, lo que están haciendo es introducir una bomba de tiempo en un lugar como la Puna, donde hay un equilibrio perfecto del ecosistema», denuncia el especialista medioambiental Norberto Ovando.

La planta está dentro de una reserva provincial que protege especies en vías de extinción como la vicuña y el gato andino. Al lado de la industria en cuestión hay otra que produce ácido bórico: ambas pertenecen a la firma Manufacturas Los Andes, una de las principales proveedoras de las mineras de la zona. Cuando este diario le solicitó a la empresa una copia de la habilitación municipal, el gerente de la firma, Pablo Haddad, envió por correo electrónico la autorización municipal de «la Planta de Ácido Bórico e instalaciones complementarias (Campamento)», pero no la que corresponde a la nueva planta de ácido sulfúrico. No obstante, el gobierno salteño avaló a la empresa al «dar curso favorable a la instalación y puesta en funcionamiento del proyecto productivo», según la resolución ministerial 324/10 publicada en el Boletín Oficial el 12 de agosto de 2010.

El paraje, un paso obligado para los camiones mineros que transitan por allí, depende del municipio de San Antonio de los Cobres y está a 221 kilómetros de la capital salteña, sobre la ruta 51. Precisamente el intendente de esa localidad, Guzmán Viveros, fue uno de los que puso reparos a la radicación de la empresa: «Se trató de una forma de meternos presión, pero nosotros no vamos a habilitar nada hasta que nos den todas las garantías de que no va a perjudicar a la población», confirmó a Tiempo el jefe comunal.

En Olacapato viven cerca de 200 personas, la mayoría en precarias casas de adobe. La escuela de frontera N° 4600 Mayor Juan Carlos Leonetti es el símbolo del pueblo. Hasta ahí llegan todos los días 80 niños para estudiar, desayunar y almorzar. El establecimiento funciona desde 1978 en un galpón que el Ejército usó para logística durante el conflicto con Chile por el Canal de Beagle. Hace 32 años que piden por un edificio en condiciones, porque el frío se cuela por todos lados y, sin la conexión al gas natural, el invierno se torna insoportable. Ahora dicen que a finales de año se abrirán los sobres de la licitación de la nueva escuela, pero las promesas fueron tantas que, hasta que no la vean, los vecinos no se ilusionan.

En Olacapato, hay sólo un teléfono fijo que funciona en el comedor del pueblo. Los que se quieren comunicar con algún vecino, llaman ahí, y la encargada del parador lo va a buscar. Tiempo dialogó con Salomón Ordoñez, quien desde hace 13 años es director de la escuela de frontera. Él fue el anfitrión de la única audiencia pública que se realizó en el lugar. «La empresa se comprometió a no contaminar y el gobierno a controlar. Ojalá porque se necesita el trabajo, pero con una producción sustentable.»

En la audiencia pública, la empresa no contaba con la aprobación del estudio de impacto ambiental y ya tenía casi el 80% de la planta terminada. Esto ocurrió en febrero de 2010, y fue entonces cuando el emprendimiento recibió fuertes críticas de especialistas.

A pesar de ello, la empresa nunca abandonó el emprendimiento y logró que el proyecto pase directamente al Ministerio de Desarrollo Económico provincial, evitando el posible filtro del Ministerio de Ambiente salteño. Esto fue lo que llamó la atención de los especialistas: «Debe haber una orden de arriba», sospecha la bióloga del CONICET María Eugenia Farías.

Norberto Ovando es miembro de la Red Latinoamericana de Áreas Protegidas (RELAP) y uno de los primeros especialistas que habló sobre el tema: «Están introduciendo una bomba de tiempo en un lugar como la Puna, donde hay un equilibrio perfecto del ecosistema. Si ellos dicen que no es peligroso, ¿por qué no lo instalan en otro lugar? Las mineras están dispuestas a poner cualquier guita. Primero te dan el regalo, después, el mazazo.»

La minera Santa Rita, cuyos dueños son los mismos de Manufacturas Los Andes, quiso instalar su planta sin éxito en la localidad salteña de Campo Quijano, pero la reacción popular lo imposibilitó. El emprendimiento minero fue rechazado por numerosas razones: los impactos sobre el suelo, el agua, la flora, la fauna, la salud de los pobladores andinos y las consecuencias negativas sobre el turismo.

«¿Qué pasa si la planta tiene un escape… va a seguir parando el Tren de las Nubes en un pueblo contaminado?», se pregunta Norberto Ovando, de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas.

«No es casual que quieran construir la planta en Olacapato –agregó–. Es uno de los pueblos con menos habitantes del país. Para la cartografía, casi es un punto inerte. Pero si vas al lugar te das cuenta que ahí hay vida».

–¿Qué peligros puede tener para la población que vive allí?

–Está todo bien hasta que se escapa algo. Entonces se produce una acción corrosiva y el ácido sulfúrico genera nitrógeno molecular, que es un gas altamente inflamable y explosivo.

–¿Y cuánto influye que esté en una zona volcánica?

–Si pasara algo, sería incontrolable. La dispersión de las emisiones llegaráría a grandes distancias a causa de los fuertes vientos.

Todo lo que rodea a Olacapato es belleza natural. Se trata de un área privilegiada en materia arqueológica y científica. Cerca de allí, en las lagunas de Socompa y Tolar Grande, la doctora en Biología Farías, lideró un hallazgo histórico y de trascendencia mundial al detectar la presencia de estromatolitos vivos: se trata de los organismos con los que comenzó la carrera evolutiva sobre la Tierra hace unos 3500 millones de años. En diálogo con este diario, la científica manifestó su preocupación por el emprendimiento en Olacapato: «Me preocupa la poca seriedad de los estudios de impacto ambiental. En la Puna hay gran desarrollo de la minería, pero no se refleja en el nivel de vida de la gente. No hay ambulancia, ni médicos, ni transporte público y es muy difícil que un adulto sonría con todos los dientes.»

Este retrato crítico de la realidad local que describe la doctora Farías y que coincide con las fuentes consultadas, contrasta con la opinión del legislador provincial, Leopoldo Salva, quién se mostró más prudente: «Es un proyecto que hay que controlar muy de cerca, pero la realidad es que aquí el clima es muy árido, muy hostil, no hay otra actividad posible que la minería.»

El intendente de San Antonio de los Cobres, Guzmán Viveros, tiene una posición más dura y promete ser implacable: «Nosotros nos opusimos en la audiencia pública, porque los técnicos nos decían que esto suponía un riesgo ambiental para los pobladores. El impacto no se verá al principio, pero en tres o cuatro años el agua de Olacapato estará afectada por la toxicidad del ácido sulfúrico.»

Por qué condenan a los niños de Olacapato en Salta

Los niños, los adultos, los turistas, la biodiversidad y el medio ambiente estarán amenazados si se instala la planta de ácido sulfúrico en la localidad de Olacapato, Departamento Los Andes, de la Provincia de Salta.

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Sucede en Chile

Desde el año 2005 que las autoridades locales, tanto la CONAMA como el Servicio de Salud de Iquique, sabían que la Empresa Minera Collahuasi, venía contaminando nuestro aire con ácido sulfhídrico

La situación se hizo ya insostenible en noviembre del 2008. El aire no se podía respirar sin que nos doliera la cabeza y tuviéramos vómitos por el mal olor del ácido sulfhídrico. Era insoportable la situación, tanto para nosotros, como para los turistas que venían a nuestra caleta. Nuestros niños y las personas mayores , acudían cada día a la Posta Comunitaria por problemas respiratorios complicados y dolores de cabeza frecuentes . Sólo nos daban paracetamol y la recomendación de no enviar a nuestros pequeños al colegio, en caso de que los olores aumentaran.

Este relato fue producido por la Agrupación Ecológica de Habitantes de Caleta Chanavayita / Iquique

Características del ácido sulfhídrico

El ácido sulfhídrico (H2S) es el más venenoso de los gases naturales; se produce durante los procesos biológicos e industriales; es 6 veces más letal que el monóxido de carbono y la mitad de veces tan letal como el cianuro de hidrógeno.

Es extremadamente tóxico. Incoloro. De olor repulsivo, muchas veces descrito como el olor a huevos podridos. Es más pesado que el aire y se acumula en puntos bajos. Es soluble tanto en agua y en hidrocarburos líquidos.

En concentraciones altas puede causar pérdida del conocimiento y posiblemente la muerte.

Produce irritación en los ojos, garganta y el sistema respiratorio.

El peligro principal es el de muerte por inhalación. Cuando la cantidad de gas absorbido por la corriente sanguínea excede a la fácil oxidación, se provoca el envenenamiento con una acción general sobre el sistema nervioso.

En niveles bajos de exposición, puede ocasionar los siguientes síntomas de manera individual o en combinaciones tales como: dolor de cabeza, mareo, agitación, náusea o problemas gastrointestinales, sequedad y sensación de dolor en la nariz, garganta y pecho, tos y somnolencia.

Cuando entra al medio ambiente

El ácido sulfhídrico se libera principalmente como un gas y se dispersa en el aire. Permanece en la atmósfera por aproximadamente 18 horas y cuando se libera en forma de gas se convierte en anhídrido sulfuroso y ácido sulfúrico.

Olacapato

Es una pequeña localidad formada por un caserío de adobe, y la escuela, en la provincia de Salta, dentro del Departamento Los Andes, Argentina.

Se encuentra sobre las vías del Ferrocarril General Manuel Belgrano del ramal del Tren a las nubes.

Tiene una población aproximada de 186 habitantes, según el censo del 2001 realizado por el INDEC, representando el 0,0172 % de la población total de Salta.

A nivel nacional, Olacapato ocupa el puesto 2.632 de los 3.441 municipios que hay en la República Argentina y representa un 0,0006 % de la población total del país.

Ya existe una empresa con minera que produce ácido bórico y que comenta «Nuestra compañía posee suficiente abastecimiento de agua debido a que a 50 metros del predio industrial, se encuentra un cauce que se origina por el deshielo del nevado de Quevar».

Será que como son pocos habitantes les programaron además una Planta para fabricar ácido sulfhídrico y los condenan a padecer los mismos problemas de los habitantes de Iquique en Chile.

La planta ha sido rechazada en Palpalá y Quijano y lo más llamativo es que lo está manejando la Ministerio de Desarrollo Económico y no el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, sabiendo que se producirán impactos sobre la flora y fauna, acidificación de suelo. Puede producirse una disminución del pastoreo y contaminación de los cursos de agua.