El negocio en torno a la mina de la empresa Berkeley Minera España está lleno de claroscuros, más allá de la destrucción de las encinas, que la propia empresa evalúa entre 9.500 y 14.200 ejemplares en 236 hectáreas de terreno. Para Berkeley, cuya matriz es australiana, es sólo el primer paso: ya ha solicitado la apertura de dos nuevas minas de uranio en los municipios cercanos Villavieja de Yeltes y en La Alameda de Gardón. “Nosotros tenemos todos los permisos para seguir adelante en Retortillo, hasta 90 permisos; y no tenemos ninguna intención de abandonar. Es un gran proyecto.” asegura el director general de Berkeley en España, Francisco Bellón.
Fuente: HuffPost
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A Victorino García Calderón se le saltan las lágrimas mientras una encina centenaria cae a escasos 50 metros de distancia; al fondo, el ruido de las sierras se impone sobre el trino de los pájaros en la dehesa de Retortillo, un pequeño municipio de Salamanca donde se prepara la mina de uranio más grande de Europa. Victorino correteaba de niño entre esos troncos que nunca pensó ver caer a cientos en apenas unas semanas. “Esto es una barbaridad”, repite una y otra vez. “La empresa Berkeley está cometiendo una atrocidad ambiental”, asegura.

El negocio en torno a la mina de la empresa Berkeley Minera España está lleno de claroscuros, más allá de la destrucción de las encinas, que la propia empresa evalúa entre 9.500 y 14.200 ejemplares en 236 hectáreas de terreno. Para Berkeley, cuya matriz es australiana, es sólo el primer paso: ya ha solicitado la apertura de dos nuevas minas de uranio en los municipios cercanos Villavieja de Yeltes y en La Alameda de Gardón. “Nosotros tenemos todos los permisos para seguir adelante en Retortillo, hasta 90 permisos; y no tenemos ninguna intención de abandonar. Es un gran proyecto. Además, luego reforestaremos con 30.000 encinas en 400 hectáreas, muchas más de las que estamos quitando que, según los expertos, están enfermas”, asegura el director general de Berkeley en España, Francisco Bellón.

Pero sobre el terreno, en Retortillo y alrededores, el conflicto es evidente y también la movilización tanto de los afectados como de organizaciones ambientales (Grefa, Ecologistas en Acción, WWF, Equo, etc) que se agrupan en torno a la plataforma Stop Uranio. “Sí, tienen permiso de explotación, pero no de obras y las están haciendo. Cuando les paren el proyecto, que se hará, la desaparición de las encinas ya no tendrá solución. Por ello se intentó parar con una denuncia judicial, pero sólo se logró ocho días”, apunta la coportavoz de Equo en Salamanca, Marta Santos.
Tenemos todos los permisos para seguir adelante en Retortillo, hasta 90 permisos; y no tenemos ninguna intención de abandonar”Francisco Bellón, director general de Berkeley en España
Las diferentes organizaciones recuerdan que no sólo es una zona de la Red Natura 2000, sino que tiene en vigor tres proyectos europeos Life (uno para proteger una especie de pez endémica, la sarda; otro para proteger los ríos como el Yeltes y un tercero dedicado al alimoche y el águila perdicera) y es también zona de cigüeña negra y de galápago europeo.

Para entender la historia hay que retrotraerse al pasado, cuando la empresa pública ENUSA renunció en 2012 a explotar la mina de Retortillo porque el precio del uranio era tan bajo (llegó a estar a menos de 10 dólares la libra) que no compensaba. Cuando repuntó el precio, Iberdrola hizo un informe económico favorable y entonces la empresa Berkeley, especializada en comprar y vender derechos mineros más que en explotarlos, decidió reactivar el proyecto, que asegura que explorará durante siete años. De hecho, en el proyecto participa también Iberdrola (su presidente, José Ignacio Sánchez Galán, es del municipio cercano y afectado de Villavieja de Yeltes), OHL y Foster Wheeler.

“Lo que vemos es que no sólo quieren abrir la mina a cielo abierto, a poco más de dos kilómetros del pueblo, sino también hacer una gran balsa y un cementerio nuclear camuflado. Además, que sepamos, obtuvieron permiso para extraer uranio pero no para una planta de tratamiento. Tampoco para esta balsa de 25.000 metros cuadrados, que dijeron que era para sacar áridos para las obras de una nueva carretera; pero resulta que esa obra está parada porque precisa de terrenos que los vecinos que no quieren vender a Berkeley”, asegura Jesús Cruz, un activo jubilado de Retortillo que forma parte de Stop Uranio.

Vitorino, a su lado, no puede quitar los ojos de la balsa en cuestión: “Están dividiendo familias. Entre los que venden y los que nos oponemos porque nos duele ver caer los árboles. Que me cuenten cómo van a solucionar ese destrozo humano”, comenta. Otro vecino lo tiene claro: “Quieren mi finca para seguir con la carretera, pero no vendo pese a las tremendas presiones que recibo”, denuncia. Y abunda en el tema un tercero: “El exalcalde de Retortillo sí que hizo negocio con los terrenos de su madre porque los vendió a Berkeley por un precio muy alto y a cambio nos dejó la mina”. En todo caso, todo indica que las obras requieren una recalificación de terrenos en el Ayuntamiento de Retortillo contra la que se han plantado más de mil alegaciones. Pero mientras, de fondo se sigue escuchando la sierra cada día. “Creemos que se llevan la madera a venderla a Portugal, cuyo gobierno, por cierto, ha exigido explicaciones sobre el proyecto en Europa porque considera que puede verse afectado”, apunta Carolina Martín, de Ecologistas en Acción.

No sólo quieren abrir la mina a cielo abierto, a poco más de dos kilómetros del pueblo, sino también hacer una gran balsa y un cementerio nuclear camuflado”Jesús Cruz, de Stop Uranio.

La cuestión es que Berkeley España consiguió del ministerio de Industria, a cuyo frente estuvieron Miguel Sebastián y luego José Manuel Soria, el permiso de explotación y también el visto bueno del comisario europeo de Energía y Medio Ambiente, Arias Cañete. Además, a finales de 2016, lograron que la Declaración de Impacto Ambiental (DEA) fuera aprobada por la Junta de Castilla y León, pese a que es una zona con especies protegidas, y el permiso de la Confederación Hidrográfica del Duero para coger agua del río Yeltes y realizar vertidos de minerales tóxicos. “La Junta está cambiando algunas normativas para favorecer a la mina, aunque no entendemos qué intereses tienen en que salga adelante”, se pregunta el alcalde de Villavieja de Yeltes, Jorge Rodríguez, un municipio que al principio estaba con Berkeley pero que ahora no. Rodríguez ha conseguido ya la firma de al menos 13 alcaldes de la comarca contra la minera.

Pese a que la empresa asegura tener todo en orden, esta misma semana, en respuesta a una pregunta de la diputada de IU Marina Albiol, la Comisión Europea respondía que no había recibido “ninguna notificación sobre el proyecto de extracción de uranio de Retortillo” y que aún está evaluando el informe científico que recibió en diciembre para ver si se ajusta a la normativa ambiental europea. “¿Y si finalmente no se ajusta? ¿Qué pasa con las encinas de 500 años que están talando?”, se pregunta Jesús Cruz.

Por otro lado, las sospechas de que no sólo pretendan tratar el uranio de Retortillo, sino de otros lugares, como los otros dos yacimientos que quiere explotar Berkeley en Salamanca, no es desmentida por la empresa. “Aún no lo sabemos. Se están haciendo estudios”, reconoce el director general a este medio.

Los mismos temores hay en torno al tratamiento de los residuos radiactivos de baja intensidad que se generen en la mina. “Se encapsularán como relleno en las zonas explotadas según marca la normativa internacional y encima plantaremos nuevas encinas”, explica Bellón. “Eso es un cementerio radiactivo del que no se nos ha informado”, responden en la plataforma.

También hay dudas de “los beneficios en empleo” que la mina de uranio puede llevar a la zona. De momento, la empresa asegura que ya han empleado a 50 personas, que podrán llegar a 200 en esta mina y 450 si se abren las otras dos en una segunda fase. En el otro lado de la balanza, el temor de los cien empleados del Balneario de Retortillo, situado junto al río Yeltes al que irán a parar los vertidos. “¿Quién va a venir aquí, junto a una mina de uranio? Nuestros empleos caerán como las encinas”, asegura una de las empleadas, que prefiere mantener el anonimato.

A pocos metros, en mitad el cañón del Yeltes, a los pies de los edificios, unos galápagos haraganean al sol ajenos a que su tranquilidad puede verse truncada. “Si este es un lugar fantástico para crear empleo con el desarrollo de turismo rural, recuperando una antigua vía férrea que hemos cuidado los vecinos”, apunta Vitorino.

Berkeley no considera ese riesgo: “El Consejo de Seguridad Nuclear ha determinado que no supone impacto por encima de los límites establecidos y es el organismo competente para ello. Así que no va a haber peligro para el río. Y no vamos a desistir. De hecho, ya hemos vendido concentrado de uranio a 43 euros la libra, más del doble del coste de la operación; la viabilidad está garantizada y en 18 meses, comenzamos a producir. Ya nos hemos gastado 73 millones de euros en la fase previa y otros 88 en el año y medio que queda”, indica Bellón. “Y que conste que somos un equipo directivo con 10 años de experiencia en minas”, añade en respuesta a las críticas de que Berkeley nunca ha explotado una mina.

Tampoco Stop Uranio va a desistir de parar la mina. Los carteles y pintadas “Berkeley asesina. Fuera de aquí”, “No a la mina. Sí a la vida”… jalonan la carretera que atraviesa el Campo Charro. En las dehesas, a las orillas, se acumulan las encinas muertas, con las copas hacia la carretera, ocultando a la vista los poderosos troncos, algunos de 500 años de vida, troceados, rotos, muertos.